Uno de los sellos visuales característicos de «Better Call Saul» son las secuencias en las que se sigue de forma meticulosa los procesos de un trabajo manual. Montar, trasladar, cargar, atornillar, aspirar, envolver o empaquetar son acciones que tienen una presencia mucho mayor que en otras series. Muchas veces son secuencias largas en las que la serie nos muestra el trabajo cuidadoso que hay detrás de operaciones que llevan a cabo los personajes. La serie encuentra el placer en observar trabajadores cargando neveras o llevándose alfombras, y es un placer que también experimentan los espectadores. Precisamente porque apreciar la meticulosidad es algo que define «Better Call Saul», ya no sólo en el aspecto visual, sino también narrativo, tal y como también definía «Breaking Bad«, donde también eran habituales este tipo de secuencias. Ambas series tienen detrás a un equipo de guionistas que, como los operarios que protagonizan estas secuencias, se encargan de que todo, absolutamente todo, quede perfecto. Me gusta imaginar a Vince Gilligan como un Mike de mirada afilada que no permite que no se le pase por alto ningún error. O como un Gus Fring que incluso en su peor momento se preocupa de que en Los Pollos Hermanos se coma bien. Todo debe ser impoluto como las corbatas de Saul Goodman.

‘Better Call Saul’.

Esta pasión por la perfección garantiza un final apoteósico para “Better Call Saul”. Porque a diferencia de muchas otras series que tienen finales que transmiten sensación de improvisación o de intentar ejecutar una sorpresa final (a menudo fallida) aquí es evidente que los creadores de la serie hace tiempo que están poniendo las piezas de un plan maestro que nos llevará a un gran final. Es el mismo cuidado que han puesto en este spin-off desde que empezó. En vez de concebirlo como una manera de seguir sacando jugo de una serie de éxito, como suele pasar con la mayoría de spin-offs y precuelas, lo que hicieron fue buscar la manera para que “Better Call Saul” hiciera “Breaking Bad” más grande: le añadiera matices, la hiciera más compleja, la ahondara por todos los costados. La idea de hacer el spin-off con un secundario cómico como Saul Goodman podría haber salido muy mal si no se hubiera decidido hacer con la serie un trabajo de orfebrería: reinventar el personaje como un protagonista trágico y al mismo tiempo narrar un pasado del mundo de «Breaking Bad» que se comunica constantemente con la serie que los espectadores tienen en mente y la expande de manera que spin-off y serie original quedan fundidas en un todo, difuminando la frontera entre ambas. Esto es lo que hace de «Better Call Saul» un spin-off ejemplar y también lo que nos maravilla de la serie, especialmente en este tramo final: ver cómo las últimas piezas se ponen en el rompecabezas y comprobar que todo encaja.

Y encaja a la perfección. Una buena muestra de ello es el desenlace de la trama de Lalo Salamanca (a partir de aquí spoilers), en el primer episodio de la última tanda que se acaba de estrenar en Movistar+. A pesar de que sabíamos que su historia no iba a acabar bien, la manera como ha sido contada, el juego táctico para lograr su objetivo, con el detalle del tornillo mal ajustado (de nuevo la meticulosidad siendo protagonista), el cara a cara con un Gus Fring al que consiguió infundirle miedo, el descuido de un personaje que había llegado a creerse invencible y esa sonrisa final fueron impecables. Un episodio cargado de tensión que además altera uno de los escenarios más icónicos de «Breaking Bad», el laboratorio, que ahora será imposible de ver sin pensar en esos dos cadáveres y posiblemente genere teorías alrededor del episodio de la mosca, que ahora tiene una interpretación más. A la serie le quedan muchos cabos sueltos, sobretodo el de Kim Wexler, pero también el del futuro del personaje, y sólo cinco episodios para acabar, pero no hay duda de que Vince Gilligan, Peter Gould y sus equipo de operarios nos van a dejar un episodio final para poner en la vitrina.

Toni de la Torre
Toni de la Torre. Crítico de series de televisión. Trabaja en ‘El Matí de Catalunya Ràdio’, El Temps, Què fem, Ara Criatures, Sàpiens y colabora en el programa ‘Tot es mou’ de TV3. Ha escrito libros sobre series de televisión. Profesor en la escuela de guion Showrunners BCN, le gusta dar conferencias sobre series. Destaca el Premi Bloc Catalunya 2014.