Está constantemente rodeada de otras personas, pero nadie sabe lo que le ocurre. Ella se ha ocupado de que sea así construyendo con mentiras un muro para apartar a los demás. Eso también es la adolescencia: fingir que estás bien cuando no lo estás, tanto en casa como en el instituto. Es ese aislamiento intencionado lo que caracteriza a la protagonista de ‘In My Skin’, una serie galesa recién estrenada en Filmin que lleva a la audiencia a ponerse en la piel y comprender a un personaje enormemente incomprendido. Para los personajes que la conocen, Bethan tiene muchas caras, pero sólo la audiencia puede ver la auténtica al unir las diferentes piezas de su vida y entender el porqué de sus mentiras. Eso hace de ‘In My Skin’ uno de los retratos más interesantes que se ha hecho de la adolescencia en televisión. Porque se centra en los subterfugios, en lo que un adolescente es capaz de esconder de los demás, y otorga al espectador la ventaja de poder asistir a los engaños desde fuera y entender por qué los lleva a cabo.

Como en ‘Fleabag’, de la que la serie utiliza puntualmente algunos recursos como la ruptura de la cuarta pared, o como en ‘Euphoria’, cuando la voz en off de Rue confiesa lo que no le dice a nadie, el espectador de ‘In My Skin’ se convierte en cómplice de Bethan y su engaño permanente, que en este caso tiene como objetivo poder seguir con una vida demasiado dura.

Necesita mentir. En la mentira puede obtener un refugio de la realidad de una vida doméstica marcada por una madre bipolar que ya en el primer episodio de la serie tiene que ingresar en un centro y por un padre ausente y alcohólico. En sus mentiras inventa una fantasía que es dolorosa en comparación con la realidad: la de una familia perfecta y amorosa, que cuida y se preocupa de ella, una construcción que existe, al menos, cuando habla de ellos a otras personas fuera del ámbito doméstico. Si puede fingir que esta familia existe, puede ser real de algún modo para ella.

‘In My Skin’

La serie muestra de forma efectiva este engaño, contradiciendo las palabras de ellas con imágenes que interrumpen los diálogos de forma abrupta, y va descubriendo poco a poco un personaje que se esconde permanentemente, haciendo que sea imposible para nadie, en el caso que alguien quisiera, poder ayudarla.

La actriz Gabrielle Creevy captura muy bien las dobleces del personaje y los motivos que tiene para continuar engañando, a sí misma y a los demás, mientras que el guión busca el contraste entre la dureza de lo que ella vive en casa y el carácter anodino y gris de la vida en el instituto, lo que la hace más realista.

Gabrielle Creevy en ‘In My Sking’. Filmin

La guionista Kayleigh Llewellyn también acompaña el drama de un sentido del humor negro y cáustico que tiene una función similar y que recuerda a ‘Shameless’. Sin embargo, esta Fiona Gallagher galesa es un personaje por el que sufres mucho más. Su aislamiento la lleva por un pozo del que es difícil seguir porque está tan acostumbrada a mentir, que uno se pregunta si ha perdido ya la capacidad de ser realmente honesta con alguien. La historia abre dos ventanas para que esto cambie: un interés amoroso con el que ella podría llegar a ser, quizás, sincera, y una profesora de literatura que la insta a escribir siendo ella misma, haciendo que descubra en la escritura un camino para romper esta dinámica y quizás a conseguir un reconocimiento que nunca ha obtenido de nadie. La esperanza de que a través de estos hilos salga de la situación es lo que lleva al espectador a seguir adelante con una serie que logra plasmar, sin filtros, un tipo de vida adolescente poco visto en televisión y que probablemente sea mucho más común de lo que queremos creer.

Toni de la Torre
Toni de la Torre. Crítico de series de televisión. Trabaja en ‘El Matí de Catalunya Ràdio’, El Temps, Què fem, Ara Criatures, Sàpiens y colabora en el programa ‘Tot es mou’ de TV3. Ha escrito libros sobre series de televisión. Profesor en la escuela de guion Showrunners BCN, le gusta dar conferencias sobre series. Destaca el Premi Bloc Catalunya 2014.