¿Lo perdonarías todo? ¿Incluso al asesino de tu hijo? Ésta es la pregunta que nos plantea la película estadounidense ‘Mass’, que se ha estrenado en los cines más alternativos del país y que ha sido alabada por la crítica internacional. Una mesa y cuatro sillas. Es el escenario que vamos a ver durante dos horas. El habitáculo de una iglesia donde se va a suceder una interesante reflexión sobre la culpa y el perdón. En escena: cuatro padres que han perdido a sus hijos en una situación macabra. Para poder seguir viviendo tendrán que remover en el pasado y en lo más profundo de su ser. Explicar cómo se sienten, qué piensan del que tienen enfrente, sacar toda su rabia para liberarse del dolor que les ha perseguido todo este tiempo. Un ejercicio que, sin lugar a dudas, no puede hacer cualquiera. Para escenificar una reflexión como ésta, es imprescindible tener cuatro buenos actores. De lo contrario, la película puede ser un desastre. Y el reparto es, afortunadamente, el punto fuerte del metraje.

Escrita y dirigida por el actor Fran Kranz -que debuta como director-, Reed Birney, Ann Dowd, Jason Isaacs y Martha Plimpton, que hasta ahora han trabajado, sobre todo, en papeles secundarios, son los encargados de llevar el peso de la historia, de hacer el viaje por los distintos sentimientos. El odio, la venganza, el rencor, la compasión, el perdón. Sus capacidades como actores y actrices van a determinar, al salir del cine, si el film nos ha gustado o no. Y lo cierto es que los cuatro hacen un trabajo admirable. Ann Dowd, sin ir más lejos, fue nominada a Mejor Actriz de Reparto en los premios BAFTA, por su papel de madre del asesino. Cada personaje lleva su pena de la manera que puede. Llegamos a creer, realmente, que han perdido a sus hijos, con lo que ello conlleva: ser enterrados en vida.

De todos ellos, destaca el papel de Martha Plimpton, madre de la víctima, que es quien más externaliza su dolor. Está totalmente paralizada desde hace seis años y si no es capaz de perdonar, no podrá avanzar en su vida. La vemos hundida, intentando entender por qué un día el asesino de su hijo entró en clase con un arma y empezó a disparar. Necesita respuestas, las mismas que necesitaríamos nosotros en su situación.

Jason Isaacs y Martha Plimpton (Mass)

¿Por qué hizo lo que hizo? ¿Qué le pasaba? ¿Qué problemas tenía? Y lo más importante: ¿se podía haber evitado? Aquí está la clave. Cuando nos sucede algo, como humanos racionales, es la pregunta que más nos repetimos. Buscamos respuestas para un cerebro que no deja de darle vueltas a las cosas. Un ruido que muchas veces no nos deja vivir. Aunque no es el primer director que trata esta temática, sí es novedosa la forma de hacerlo. En muchas películas de asesino y víctima, los familiares buscan venganza, que el otro pague por lo que ha hecho, pero pocas veces vemos una reflexión sobre la compasión o el perdón. Además, suelen explicarnos lo acontecido en el marco del género de acción, y no en el drama. En ‘Mass’, nadie saca un cuchillo para vengar la muerte de un hijo. Lo que hacen es hablar. Sus armas son las preguntas, lanzadas en punta hacia los receptores. Esto genera un diálogo sin pausa que, si no se está preparado, puede resultar agotador. Pero es que así es como se sienten sus protagonistas: cansados de buscar respuestas.

Reed Birney y Ann Dowd (Mass)

Al margen del trabajo de los actores, la crítica se ha fijado en el debut de Fran Kranz como director, que, según él mismo ha confesado, pensó en hacer la película el 14 de febrero de 2018, el día del tiroteo en una escuela de Parkland. Los expertos celebran su capacidad para navegar por las emociones y lograr que los intérpretes las transmitan. De ahí que el director haya recibido nominaciones en varios festivales, como el de San Sebastián, o el de la propia Asociación de Críticos de Hollywood. Y es que el director no sólo trata la muerte de dos hijos, sino que toca otros conflictos, como el impacto de los videojuegos en los adolescentes, la frustración o la salud mental. Cuando un joven entra en un instituto y dispara a diestro y siniestro como si estuviera en un videojuego, está evidenciando un problema social. Tenemos a un chaval con problemas de salud mental, que probablemente no sabe gestionar su frustración y que no ha recibido ayuda, por la razón que sea. Es un tema muy complejo, pero un patrón que se repite en las matanzas en institutos de Estados Unidos. Quizás deberíamos reflexionar, como hacen los protagonistas del film, y preguntarnos por qué suceden estos asesinatos, antes de que se produzcan. 

Bárbara Padilla
Bàrbara Padilla. Colaboradora en la sección de Series de ‘La Vanguardia’. Redactora y Locutora de Informativos en RAC1. Periodista desde 2007 en el área de Barcelona. Aficionada al cine desde que tiene uso de razón y a las series desde el boom de Netflix.