Netflix estrena este 11 de marzo una de sus series españolas más potentes: Érase una vez… pero ya no. Se trata de una de sus apuestas más arriesgadas y experimentales, un anticuento de hadas que rompe con todos los clichés de esas narrativas. Y, además, los desmonta desde la perspectiva de la sociedad actual.

Una de las protagonistas está en alerta constante por el lenguaje inclusivo, otra no deja pasar ni un micro (y menos un macro) machismo de manual, el capitalismo se apodera del romanticismo en la psicología de los personajes y hasta son capaces de reírse de los elementos fantásticos que adornan la historia.

Sí, Érase una vez… pero ya no es una gran idea: modernizar los cuentos de hadas decapitando las falsas ideas sobre felicidad y amor eterno que tan mal nos han enseñado a afrontar las relaciones. Sin embargo, al llevarla a la práctica hay tantas luces como sombras, que convierten la apuesta en un aprobado muy justo.

Se trata de una comedia musical pero la segunda parte no logra integrarse de forma orgánica, para que complemente a la historia, sino que aparece de forma forzada provocando más molestia que gozo. Mientras que la elección de los protagonistas, más cantantes que actores, convierte la producción en algo más parecido a una parodia que a una serie.

No es algo que sorprenda: Netflix suele decantarse por nombres que arrastran muchos seguidores más que por la calidad de sus interpretaciones. Pero sí que deja con la sensación de haber apostado por grandes nombres para garantizarse que los suscriptores se asomen, antes que preferir el boca a boca que recomiende la historia y que a la larga, es más efectivo.

Casi el cuento de hadas moderno que deseábamos

Érase una vez… pero ya no hace su declaración de intenciones desde su primera escena. Desde que los dos protagonistas están a punto de hacer el amor, y ella le pregunta por el preservativo. Hacen bromas sobre el tamaño extragrande. E incluso, la princesa acaba con los rumores de estar con un pescador confirmándolo ella misma: “No son rumores, efectivamente me lo estoy follando”.

Al escuchar esos primeros minutos del capítulo aplaudimos hasta con las orejas, y quieres saber más sobre esa historia que nunca nos contaron pero que nos encantaría que hubiera ocurrido. Visten como quieren, se acuestan con quien quieren y hablan pensando en “todes”.

‘Érase una vez… pero ya no’. Netflix.

Lo único que les perturba su destino es la magia. Atención que esto también es nuevo, porque hasta ahora todo lo mágico parecía bueno. Por primera vez, esta propuesta nos presenta la posibilidad de que nuestras elecciones sean mejores que dejarlas en manos de un mágico destino. Todos los motores de esta historia arrancan a las mil maravillas pero, como el Titanic, se topa con un iceberg.

Un reparto musical que deja a medias el objetivo de la historia

El gran obstáculo de la serie es el reparto protagonista y el género musical metido con calzador. O viceversa: la parte musical que “obligó” a escoger a unos intérpretes “frágiles” para cargar con el peso protagonista.

Hay canciones que se adaptan a la perfección a la parte de la historia que están relatando, pero hay otras que no tienen sentido y que solo alargan una escena que se convierte en interminable. Los números tampoco sacan el jugo que podrían a unos cantantes a los que hemos visto que se comen la pantalla.

Así que se queda a medias en todo: ni exprimen las posibilidades de Sebastián Yatra o Nia Correia como monstruos televisivos, ni las de las comedias musicales que logran que te olvides de que cantan porque la historia continúa a través de los temas.

Mónica Maranillo sí está más acertada, quizás también con un personaje mejor construido y más agradecido. Como también ejercen un gran trabajo los secundarios de lujo –como Rossy de Palma, Itziar Castro y Asier Etxeandia, entre otros– que sostienen la función.

‘Érase una vez… pero ya no’. Netflix.

Colorín, colorado, ¿para quién se ha contado?

Lo que también suma puntos a la producción es la puesta en escena, con guiños a la realidad y a la ficción, constantemente. Con una mezcla de castillos de princesas, y ruinas medievales; de trabajadores limpiando con escoba un hotel en el que se alojan dragones de colores; y polvos mágicos que envuelven conciertos decadentes.

Un mix de fantasía y realidad, de historias para niños con guiños a los adultos y cebos de adolescentes que confunde al target al que quiere llegar. Porque, quizá, es demasiado “hot” para los más pequeños, infantil para los más mayores y suave para los más rebeldes.

¿A quién se dirige este cuento de hadas moderno que siempre quisimos pero que quedó a medias?

Paula Hergar es periodista 360 como diría Paquita Salas, escribe sobre TV en Vertele y presenta, guioniza y dirige el Zapping de LOS40. Además de colaborar en programas de cultura en La 2 y ser la autora del libro ‘La vuelta al mundo en 80 series’.