«Es como si con los quince te dieran una entrada gratis para el infierno. Toma, aquí la tienes: la puta realidad.»

Con estas palabras de Marcos arranca el libro que cambió mi vida. Y, por esos prodigios que a veces nos regala la literatura, también la de muchas de las personas que la han leído en estos años.

Primero fue novela —publicada por Espasa tras ser finalista del Premio Nadal—, después obra teatral, luego audiolibro —en Planeta Audio— y ahora, gracias a la producción de THE MEDIAPRO STUDIO y MASFICCIÓN, se estrena como una serie llena de poesía, de verdad y de luz adolescente en ATRESplayer Premium. Que una historia como esta siga tan viva a lo largo de los años y en tantos y tan diferentes formatos es algo que hace tiempo que trascendió mi propia labor como autor. Ni siquiera yo soy capaz de explicar cómo sigue provocando reacciones tan apasionadas y generosas como las que me llegan a través de las redes. Sólo sé que se ha convertido en historia con vida propia, llena de las referencias y significados de quienes se acercan a ella y la hacen suya.

Marcos, Sandra y Raúl, los tres protagonistas adolescentes de La edad de la ira, nacieron de mi experiencia en las aulas durante los años que fui profesor. Eran mi homenaje a una generación con mucho que decir —encarnada en el alumnado al que tuve la suerte de conocer y querer mientras di clase—, una generación que trata de buscar su voz frente a los prejuicios, violencias y clichés de una sociedad contradictoria y que mira con insufrible paternalismo a los más jóvenes. El grito inicial de Marcos, cargado de la misma ira que da título a esta historia, era su manera de oponerse a todos esos muros que le impiden ser y expresarse. Muros que no solo tienen que ver con la homofobia que denuncia esta historia, sino con todas las formas de opresión y exclusión que nos condenan a los cánones de lo normativo, reprimiendo quienes de verdad somos y queremos ser.

Pero esa ira del título, como descubriremos tanto en la serie como en la novela, es también una trampa para quienes se acerquen a esta historia: asumiremos que estamos hablando de violencia adolescente cuando, en realidad, mi objetivo siempre fue reflexionar sobre cómo la violencia social —machismo, homofobia, transfobia, racismo, capacitismo …— afecta a nuestra adolescencia. De qué modo culpamos a esta generación de todo lo que no nos gusta del mundo que hemos construido y que les hemos obligado a heredar —con crisis económicas, ecológicas y pandémicas incluidas—sin permitirles participar de decisiones en las que su mirada podría ayudar a cambiar una realidad que exige una nueva mirada.

‘La edad de la ira’. ATRESplayer Premium.

Esa mirada es, precisamente, la que subraya esta versión televisiva, construida a partir de los guiones de Juanma Ruiz de Córdoba y Lucía Carballal y de la dirección de Jesús Rodrigo. Todos ellos han sabido captar magníficamente la esencia de la novela y de la obra teatral para trasladar la historia a la pantalla, manteniendo la fidelidad necesaria a su argumento y a sus temas, a la vez que se introducen nuevos elementos que no solo no se contradicen con el texto original, sino que lo enriquecen y complementan.

Como todas las buenas adaptaciones audiovisuales —al menos, las que han permanecido en mi memoria— la serie de La edad de la ira no es una fotocopia del texto literario, sino una obra autónoma que narra los mismos hechos desde otro punto de vista manteniendo, sin embargo, uno de sus rasgos esenciales: la polifonía. Del mismo modo que la narración literaria recaía en diferentes personajes adultos, aquí el relato está en manos de diversos personajes adolescentes, así que en cada capítulo nos asomaremos a la acción desde la mirada de uno de ellos.

Personalmente, me siento muy afortunado. Por la poesía que irradia tanto el guion de Juanma y Lucía como la dirección de Jesús. Por la cuidada síntesis de verdad y de belleza que se respira en la fotografía, en la composición musical, en el maquillaje y el vestuario, en la dirección artística… Y, cómo no, por la fabulosa interpretación de un elenco que ha puesto todo su corazón para que esta serie sea posible. Cuando escribía la novela no imaginaba que conocería fuera del papel a Marcos, a Sandra, a Raúl, a Ignacio, a Álvaro, a Bárbara o Ángela, ni que serían interpretados con tanta precisión por intérpretes tan comprometidos como Manu Ríos, Amaia Aberasturi, Daniel Ibáñez, Carlos Alcaide, Eloy Azorín, Sara Jiménez o Rocío Muñoz, en un reparto que es —en lenguaje Z— una fantasía.

‘La edad de la ira’. ATRESplayer Premium.

Estas semanas han vuelto a mí algunas de las conversaciones con dos queridas amigas, Miryam Galaz (editora de la novela) y Palmira Márquez (mi agente), quienes nada más leer esta historia me dijeron que veían una serie en ella. Hoy —gracias a ellas— lo es. Y lo es de la mejor manera posible. Con un equipo que se ha dejado la piel para contarla y con una cadena, ATRESplayer Premium, que ha creído siempre en La edad de la ira y en la necesidad de que llegue a mucha gente. A muchas y a muchos adolescentes, para que alcen su voz. Pero también a muchas y a muchos adultos, para que aprendamos a escucharla.

Quizá por eso me siento tan feliz. No solo porque he cumplido el sueño de ver una de mis novelas convertida en serie. Sino porque, en ese largo camino que va de la página impresa a la pantalla, no se ha perdido ni un ápice del aliento social e íntimo desde el que escribí esta historia. Al revés. Hoy suena, gracias al poder de la ficción televisiva, aún con más fuerza.

Nando López es novelista, dramaturgo y doctor cum laude en Filología Hispánica. Premio Gran Angular 2020 por ‘La versión de Eric’ y finalista al Premio Nadal 2010 por ‘La edad de la ira’, entre sus títulos figuran ‘Hasta nunca’, ‘Peter Pan’, ‘Presente imperfecto’ o ‘Nadie nos oye’ y ha sido finalista a los Premios Max de Teatro con ‘#malditos16’ y sus versiones de ‘Tito Andrónico’ y de ‘Desengaños amorosos’.