El poder del perro es un salmo de la Biblia, “Libra de la espada mi alma, del poder del perro mi vida”. Estas palabras cobran sentido en el argumento de esta gran película que habla de impulsos incontrolables que pueden llegar a destruirnos y de la que es preferible no contar demasiado, para que el espectador vaya, paso a paso, viendo qué ocurre.

Aquí no se trata de justificar nada, sino de poder hablar de una película que nos gusta mucho y que acaba de ser entronizada en los Globos de Oro. Un film del que se habla en los principales foros cinematográficos desde que fuera presentada y premiada en la Mostra de Venecia donde empezó recorrido causando sensación y deslumbrando a la crítica.

Para mí, una buena película no sólo es la que te cautiva cuando la ves. Es la que, después de haber quedado impactado esa primera vez, vuelves a ver, saboreando detalles que se te escaparon, y cuando la acabas, ya estás pensando en volver a ver de nuevo. Y esto pasa porque está hecha con cuero de calidad, como los mejores clásicos a los que volvemos, sin cansarnos, una y otra vez.

De entrada decir que es una película de la neozelandesa Jane Campion, con todo su bagaje, y vuelve a haber un piano para una escena monumental dentro del pugilato que mantienen dos de los protagonistas. La directora de la inolvidable “El piano”, única mujer con Palma de Oro hasta que llegó la de “Titane”, nos envuelve otra vez en un paisaje de emociones trasladándonos, trucando Nueva Zelanda, a  los Estados Unidos, a la Montana de principios del siglo XX. La historia es un pulso, un retorcido juego de poder, un ajedrez entre cuatro personajes ante la mirada de la servidumbre. Ojo a Thomasin McKenzie, la misma de “Last Night in Soho”. Me asombró saber que “la viuda”, Rose, Kirsten Dunst, siempre excelente, y el hermano bonachón con el que se casa, encarnado por Jesse Simons que siempre me ha recordado a un pariente -más gordo y con acné- de Matt Damon, son pareja en la vida real. ¡Menuda sorpresa me llevé! La película proyecta para arriba a Kodi Smit-McPhee, prodigioso en el papel del ambiguo chico joven que cae en el rancho como un pulpo en un garage, un joven actor australiano con una mirada que puede ser muy limpia pero también muy chunga.

“The best Picture of the year”, lo dice también claramente la portada de la prestigiosa revista Variety, la biblia del cine para muchos. Y al frente del reparto, alguien que merece todos los elogios, un superactor que se adueña del personaje principal, de ese Phil Burbank que se muere por dentro y va fastidiando a todos porque no se aguanta a sí mismo, inmenso Benedict Cumberbatch. El actor inglés, con todas sus tablas, da un recital y firma uno de sus grandes trabajos en el papel de rudo vaquero, para el que se preparó tan a fondo hasta el punto de que según cuenta, dejó de ducharse y de darle conversación a Kirsten Dunst para parecer más sucio y desagradable a sus ojos.

Jane Campion, que rueda con tiralíneas, no sólo habla de masculinidad tóxica que lo hace y muy bien. Hay mucho más. Hay mucho mar de fondo en este western psicológico que nos deja boquiabiertos, con un final por el que se pasea el fantasma de Anthony Perkins en “Psicosis”. Quién es bueno y quien es malo es tan fácil de decidir, puede ser como un forro reversible.

“El poder del perro” tiene un innegable poder de seducción sobre el espectador y además nos despierta la curiosidad de leer, de acudir inmediatamente al libro de Thomas Savage en que se basa, la gran novela del Oeste americano que teníamos en la biblioteca esperando una oportunidad. Un autor que parece ser que las pasó también canutas para ser el mismo y salir del armario sin reprimir su sexualidad, lo que nos lleva a pensar que volcó mucho de su experiencia personal, que debió ser bastante atormentada, en el relato y el personaje protagonista.  

Por todas estas cosas y otras que veréis vosotros, esta película Netflix, “El poder del perro” es, al menos para mí, la película del año. No os la perdáis porque muerde fuerte.

Conxita Casanovas. Periodista especializada en cine, trabaja en RTVE. Acumula mucha experiencia. Ha recorrido los festivales más importantes y ganado importantes premios pero conserva la ilusión y la pasión del primer día. Dirige el programa ‘Va de cine’ que suma ya 37 temporadas en antena en RNE-Ràdio 4 (domingos de 14h a 15h), espacio que tiene una versión en castellano en RNE- Radio 5 (sábados 11.35h) para toda España. Actual directora del BCN Film Fest.