Lo tenía todo en contra. ¿Una serie de ‘Karated Kid’? Sonaba como uno más de los muchos intentos de intentar sacar jugo comercial a una franquicia muy querida por el público. Pero cuando se estrenó, ‘Cobra Kai’ cogió por sorpresa a muchos por la manera como se acercaba al material original: homenajeaba a ‘Karate Kid’ al mismo tiempo que cogía distancia respecto a la película, aplicando una mirada jocosa compatible con lo que no dejaba de ser una declaración de amor hacia el filme original, al que lograba dar la vuelta planteando una nueva perspectiva para ver la historia. Ahora era el némesis, Johnny Lawrence, el protagonista de la historia, y a través de su relato se puso en duda el canon establecido en ‘Karate Kid’ que básicamente tenía como bueno de la historia a Daniel LaRusso. Contando con la complicidad de los dos actores, Ralph Macchio y William Zabka, la serie hizo resurgir el duelo entre los dos personajes con muchas dosis de humor autorreferencial, con escenas de artes marciales efectivas y sus correspondientes homenajes, como el episodio dedicado a Pat Morita, y guiños cinéfilos.

Era una fórmula perfecta, pero no una fórmula que pudiera ser estirada por mucho tiempo. Los signos de agotamiento ya son más que visibles en la cuarta temporada, recién estrenada en Netflix. La serie acusa, en primer lugar, el hecho de que el personaje de Johnny Lawrence, el más carismático y gamberro, cada vez tenga menos peso en favor de otros personajes. Que su voz se pierda lleva la serie a tomarse más en serio a sí misma. En segundo lugar, se ha ido volviendo repetitiva, dando vueltas a los mismos conflictos o planteando situaciones similares. Se ha dado tantas vueltas al debate sobre qué filosofía de artes marciales es mejor, si la defensiva de LaRusso-Miyagi o la de atacar primero de Johnny-Cobra Kai que ha acabado resultando tedioso. Hay elementos que se repiten que son propios del género, como las secuencias de entrenamiento con banda sonora rockera-metalera (y han intentado hacerlas lo más original posible, usando hasta una máquina que lanza pelotas de tenis, brasas y cadenas), pero hay otros que son tramas dramáticas que son demasiado recurrentes, como la idea de los hijos que se alejan del padre para acabar bajo la influencia de un padre simbólico (son varios los personajes que han hecho ese viaje, y algunos de ellos lo han hecho de ida y vuelta y por partida triple, con sucesivos cambios de equipo de karate).

El principal lastre sigue siendo la generación de actores jóvenes, cuyos conflictos y tramas amorosas tienen un interés relativo. Han agotado tanto este territorio que en la cuarta temporada ya han empezado a introducir sangre nueva como Kenny, un chico víctima de bullying que se empodera a través de la lucha, y han dado más peso a personajes como Anthony, el hijo de Daniel LaRusso. Probablemente el objetivo es hacer una renovación del plantel de jóvenes. Pero, ¿hasta cuándo? Con la incorporación de Kreese y sobretodo Terry Silver, la serie se ha convertido en la historia de un grupo de adultos que insiste en resolver sus rencillas del pasado enseñando a un montón de chavales a pegarse entre ellos. Si ‘Cobra Kai’ no vuelve a encontrar la manera de volver a reírse de sí misma o de reinventar su fórmula, va a dejar de ser entretenida muy pronto. De hecho, en esta última temporada lo que mejor le ha funcionado es exactamente lo mismo que le funcionaba en la primera: cuando hace referencia a un momento de la ‘Karate Kid’ original (no las secuelas) y muestra una cara inesperada de un personaje al que creíamos conocer bien. Ahí sí que ‘Cobra Kai’ acierta con el puñetazo, directo al corazón del fan. Todo lo demás no deja marca.

Toni de la Torre. Crítico de series de televisión. Trabaja en ‘El Matí de Catalunya Ràdio’, El Temps, Què fem, Ara Criatures, Sàpiens y colabora en el programa ‘Tot es mou’ de TV3. Ha escrito libros sobre series de televisión. Profesor en la escuela de guion Showrunners BCN, le gusta dar conferencias sobre series. Destaca el Premi Bloc Catalunya 2014.