Para los que nacimos en los 80, siempre es un placer ver películas que nos trasladan a esa época. Nos acordamos de ‘Regreso al futuro’, ‘Robocop’, ‘Terminator’, ‘Karate Kid’, ‘Indiana Jones’ y ‘Superman’ y se nos caen las lágrimas de nostalgia. Nos pasa lo mismo con ‘Cazafantasmas’. Hacemos el viaje al pasado en cuestión de segundos, como si estuviéramos en el comedor de casa, subidos en un Cadillac blanco, metiendo fantasmas en una caja de plástico como si no hubiera mañana. Somos unos niños luchando contra el mal desde el sofá, tarareando la mítica banda sonora del film que tanto nos gusta escuchar y que en 1985 se llevó el premio BAFTA a la mejor canción original. La película ‘Cazafantasmas Más Allá‘, dirigida y coescrita por Jason Reitman y Gil Kenan, sirve para eso: para recordarnos lo niños que fuimos hace un tiempo y cómo disfrutábamos imaginando que había vida más allá de la nuestra, en esos fantasmas que se quedan entre nosotros hasta que cumplen su misión en la Tierra.

La producción que ahora está en cines recoge el espíritu de la que se hizo en 1984, incluyendo un cameo con los protagonistas originales (Bill Murray, Dan Aykroyd y Ernie Hudson). Tiene los ingredientes necesarios para trasladarnos a una época que ahora llamamos ‘retro’. Por ejemplo, los camareros del bar de la gasolinera sirven la comida en patines, el profesor pone a los alumnos películas VHS en una televisión antigua, el amigo de la protagonista graba un podcast en un aparato poco moderno… Estamos en 2021, pero no dejan de aparecer referencias a los 80, incluso sale un teléfono de los de antes, de los que para llamar, debíamos girar la rueda a cada golpe de número. La misión del regreso al pasado está bien resuelta. El problema es todo lo demás. Es una película previsible y demasiado larga para lo que quiere contarnos.

Lo bueno de las películas que se hacen ahora y que están basadas en films de los 80 es la tecnología. El fantasma Marshmallow es un ejemplo. Lo vemos salir de una bolsa de nubes, con su cuerpo blanco nieve, lleno de michelines, diminuto y saltando por las estanterías de un supermercado. Hasta que se cae dentro de una barbacoa y se deshace. Desde los asientos de la sala se escucha un: oooh. Acaba de salir a escena y ya le hemos cogido cariño. O los mismos guardianes de la malvada Gozer, inspirados en los de la película original, y fieles a cómo eran entonces. Como si fueran muñecos sacados de la época. La tecnología, justamente, compensa algunos de los puntos débiles de la película. Y es que… sabemos lo que va a pasar. Los personajes remueven en el pasado y acaban descubriendo la historia de los primeros Cazafantasmas, incluso recuperan el coche, las armas y los famosos trajes. Desde el minuto uno tenemos la sensación de que nada va a sorprendernos.

Como novedad, en esta ocasión, tenemos a una niña como protagonista, la actriz Mckenna Grace, que deja en total segundo plano a Finn Wolfhard, uno de los actores más destacados de la serie de Netflix -también retro-, ‘Stranger Things‘. Ella es la estrella, la científica, la friki número uno, la que descubre todos los secretos de la familia. Incluso la que lleva el arma y caza fantasmas. La vemos desde jugar al ajedrez hasta reparar el arma con el que acabará capturando al fantasma entrado en quilos que se alimenta de acero. Al equipo se une otra figura femenina y además, de color: la actriz Celeste O’Connor. Así, el equipo queda compuesto por dos chicas, Wolfhard y el pequeño Logan Kim, otro friki que sueña con triunfar con su podcast sobre efectos paranormales. Si lo pensamos bien, hemos pasado de ver a cuatro hombres cazando fantasmas, a cuatro mujeres haciendo la misma función y ahora a cuatro niños, en un equipo paritario. El siguiente paso, debería ser ver a tres ancianos: Murray, Aykroyd y Hudson (el cuarto, el actor Harold Ramis, murió en 2014), con sus achaques, velando por el bien de la humanidad.

Bárbara Padilla
Bárbara Padilla. Colaboradora en la sección de Series de ‘La Vanguardia’. Redactora y Locutora de Informativos en RAC1. Periodista desde 2007 en el área de Barcelona. Aficionada al cine desde que tiene uso de razón y a las series desde el boom de Netflix.