En los primeros minutos de la nueva temporada de «Endeavour» una secretaria llega al despacho en el que trabaja, en la universidad. «Buenos días, Srta. Widdowson», le preguntan mientras ella le echa un ojo a la correspondencia. «Buenos días, Sra. Newell», responde ella. «Llega temprano. Pero no se preocupe, tengo la tetera preparada». Esta escena resume de forma muy eficaz cuán británica es «Endeavour», cuanto encaja en la idea que tenemos de la vida educada, elegante, culta y ritual de los británicos. O cuanto encaja en lo que nos gustaría que fuera. Da lo mismo para el caso. Lo importante es que apetece, y mucho, servirse una taza de té y relajarse en el sofá para adentrarse en el universo de esta serie y intentar resolver antes que él los nuevos casos de Endeavour Morse. Los seguidores del personaje saben que no es nada fácil. Si algo ha caracterizado siempre la serie es la complejidad de los casos que presenta, que se cruzan entre ellos y se despliegan con meticulosidad para el placer del detective casero. El primer episodio de la octava temporada, que mezcla una amenaza de atentado contra un futbolista norte-irlandés y la investigación de una bomba, es un buen ejemplo de lo bien que la serie maneja varias tramas al mismo tiempo, alternando ambas investigaciones y además siguiendo el arco central de su protagonista, que ahora, más que tazas de té, lo que no suelta es la petaca.

Lo bien que se trabajan los casos, la manera como la serie explota los paisajes de Oxford y, por supuesto, el carisma de este detective culto, aficionado a los crucigramas y la música clásica, es lo que hacen de «Endeavour» una serie tan agradable de seguir y un lugar feliz para muchos espectadores. Es también lo que convirtió el personaje en un éxito desde que debutara en 1987 con la serie «Inspector Morse», que ha sido elegida la favorita de los británicos en diversas ocasiones en lo que se refiere al género criminal, lo cual es impresionante teniendo en cuenta lo exigente que es la audiencia británica cuando se trata de series policiales. La serie original duró 7 temporadas en emisión y ya tuvo un spin-off, “Lewis”, que duró 9 temporadas. «Endeavour» es ya también una serie veterana, y con 8 temporadas, todas en Filmin, va camino de superar a las dos anteriores. El trabajo de Shaun Evans, que interpreta a la versión joven del personaje en esta precuela, sigue siendo impecable, y la serie ha conseguido mantener la máxima de la brevedad como punto fuerte: pocos episodios pero todos bien trabajados.

Aunque sea una serie criminal, «Endeavour» se define por encima de todo como una serie amable, lo que lleva a un tratamiento de los hechos que no admite la oscuridad y la crudeza. Es todo limpio y ordenado. Incluso si estalla una bomba, no hay mucha sangre ni cuerpos cercenados. Ni busca que la audiencia sienta el horror de la situación. Nada de eso tiene cabida en un universo en el que un caso es como un rompecabezas con el que entretenerse pero no una ventana a lo peor del ser humano, lo que para muchos espectadores seguramente será poco creíble y artificial, pero para los que quieren un descanso de ese tipo de serie criminal tan habitual actualmente (no sólo de series de ficción, también de true crime) es muy agradecido. «Endeavour» también hereda de «Inspector Morse» algunos manierismos y formas muy tradicionales en la exposición de la historia, lo que puede parecer anticuado. Sin embargo, forma parte de su encanto: podría estar hecha hace décadas pero se sigue haciendo hoy. La precuela ha destacado por ser particularmente hábil en el uso del contexto histórico, hibridándolo en los casos de forma elegante. Desde lo anecdótico, como la colonia nudista que aparece en la octava temporada, que está situada en los años 70, hasta hechos políticos, personajes u organizaciones concretas. Cuando se producen estas conexiones la serie recuerda a “The Crown”. Y posiblemente sean dos series que tienen en común a muchos espectadores. Así que ya lo saben. Cuando no esté en emisión la serie de la Reina de Inglaterra, prueben a tomar un té con Endeavour Morse.

Toni de la Torre. Crítico de series de televisión. Trabaja en ‘El Matí de Catalunya Ràdio’, El Temps, Què fem, Ara Criatures, Sàpiens y colabora en el programa ‘Tot es mou’ de TV3. Ha escrito libros sobre series de televisión. Profesor en la escuela de guion Showrunners BCN, le gusta dar conferencias sobre series. Destaca el Premi Bloc Catalunya 2014.