La nueva película de Marvel sabe ser una espléndida presentación de personaje y, al mismo tiempo, una prometedora expansión de su universo

Una de las claves del éxito de Marvel es haber sabido situar a sus superhéroes más icónicos en películas con identidad propia que funcionan dentro de un conjunto, y sobre todo haberlo conseguido con personajes menos conocidos que, gracias a un trabajo muy riguroso de guion y casting, acaban teniendo el mismo peso en su universo en expansión. Así, “Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos” podía parecer un simple peldaño en unas escaleras muy largas, un título del que no tener que esperar nada más que una transición hacia proyectos más ambiciosos. Pero con Marvel no se puede dar nada por sobreentendido, porque han demostrado con creces que son únicos a la hora de trabajar el fondo y forma de sus obras, que brillan tanto por lo que son como por el futuro que nos prometen. En este sentido, hay una cosa más que se debe decir: nunca nadie se había atrevido a hacer lo que hace Marvel, construir un relato a lo largo de los años (empezó en 2008, no lo olvidemos) que va cogiendo matices inesperados y horizontes alentadores, y que atrapa a diferentes generaciones de espectadoras y espectadores. Ahora es inédito y sorprendente; de aquí a un tiempo, será Historia del Cine. Así pues, “Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos” no solo sabe ser una pieza indispensable dentro de su universo y apunta a direcciones que nos sacan el niño que llevamos dentro, sino que se trata de una magnífica película de origen, de introducción a un personaje, que no cae en clichés e incluso se permite el lujo de innovar. Una delicia estilística y narrativa que es capaz de poner el Kung-Fu, la comedia costumbrista, el drama familiar y la aventura sobrenatural en un mismo plano de igualdad y que ninguno de sus frentes esté descompensado.

La apuesta de Marvel por la suma de géneros, una de sus especialidades, se muestra aquí especialmente inspirada. En solo diez minutos, “Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos” ya ha conseguido explicarte su trasfondo místico (unos anillos de origen ancestral de poderes incalculables), el conflicto familiar (unos hijos peleados con el padre después de la muerte de la madre) y sus principales protagonistas (que, por cierto, están muy bien descritos). Lo que viene después es un espectáculo de irresistible espíritu aventurero que sabe introducirnos en un mundo nuevo sin tener que recurrir a grandes discursos y que hibrida, con una solvencia desarmante, una serie de tonos aparentemente irreconciliables. Solo Marvel puede hacerte un “running gag” a costa de la canción “Hotel California” de los Eagles, recuperarte a un personaje cómico de quince películas atrás y hacer salir dragones mágicos en un mismo film, y que encima funcione. Como también solo Marvel puede coger un personaje aparentemente llamado a hacer de contrapunto (la Katy que interpreta la gran Awkwafina) y convertirlo en uno de los principales motivos para ir a ver la película. El reparto es otro de sus aciertos. Simu Liu es toda una revelación y consigue que conectes desde la primera secuencia, y el gran Tony Leung se erige en uno de los malos más poliédricos del género, en gran medida porque sus motivaciones son perfectamente comprensibles. Más de una década después de iniciarse este viaje, “Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos” es la clara constatación de que Marvel no se desgasta, sabe evolucionar y todavía tiene mucho, mucho que decir. Y gusten o no los superhéroes, se haya crecido o no con estos imaginarios, eso tiene un mérito indiscutible.

Pep Prieto. Periodista y escritor. Crítico de series en ‘El Món a RAC1’ y en el programa ‘Àrtic’ de Betevé. Autor del ensayo ‘Al filo del mañana’, sobre cine de viajes en el tiempo, y de ‘Poder absoluto’, sobre cine y política.