La nueva película de Marvel es una entretenidísima historia de espías donde brilla la química entre Florence Pugh y Scarlett Johansson

Hay quien ha puesto en entredicho la utilidad de dedicar una película de más de dos horas a un personaje que ya había culminado su arco dramático dentro del Universo cinematográfico de Marvel, pero lo cierto es que a estas alturas ha quedado más que demostrado que la compañía no hace nada sin pensárselo dos veces. Es por eso que ‘Black Widow’ no se limita a ser una competente aventura en solitario, sino que es el pretexto para reorientar algunos sobreentendidos sobre su protagonista (el magnífico prólogo, que sitúa hábilmente una vida forjada entre apariencias, es un ejemplo muy significativo), configurar nuevos horizontes narrativos que también sirvan para releer lo que hemos visto hasta ahora y, sobre todo, introducir aspectos que acabarán siendo fundamentales para futuras series y películas.

Algo haces muy bien cuando consigues que cada título de una saga parezca necesario para entenderla en su globalidad, y más cuando, como es el caso, cronológicamente podría dar la sensación de que es un simple apunte a pie de página. El film explica los acontecimientos inmediatamente posteriores a “Civil War”, en los que Natasha Romanoff intenta vivir entre sombras mientras se ve abocada a reencontrarse con un pasado que hasta ahora solo habíamos visto entre líneas.

Por lo tanto, es perfectamente compatible asumir que “Black Widow” no es ningún paradigma de originalidad (dato importante: tampoco lo pretende) con reconocerle su capacidad de describir buenos personajes y ser un entretenidísimo relato de espías que se sitúa en algún curioso punto entre Bond, Bourne y la serie “The Americans”. La directora Cate Shortland rueda bien las escenas de acción y también aquellos segmentos más íntimos (toda la secuencia en casa de la “madre”, sin ir más lejos, que logra este equilibrio marca de la casa entre humor y drama), e introduce suficientes elementos como para que los iniciados en la materia tengan donde cogerse.

Black Widow/Natasha Romanoff (Scarlett Johansson). ‘Black Widow’. Imagen ©Marvel Studios 2021.

Al final del metraje, te das cuenta de que sabes más cosas sobre la Viuda Negra que antes, y que volver a ver “Endgame” implica pensar en momentos y detalles que ayudan a mirarla de una forma más tridimensional. No es poco. Tiene, además, unos cuántos hallazgos dignos de mención. El primero, los secundarios, a los cuales dota de una agradecida gama de matices y consiguen, como los grandes personajes de género, agrandar el film cada vez que aparecen, con los de Rachel Weisz y David Harbour al frente. Y muy especialmente, la película encuentra su verdadero sentido en Yelena Belova, tanto por la manera en que se inserta al imaginario de la saga como por la excelente interpretación de Florence Pugh. Su química con Scarlett Johansson es tan funcional que lo único que acabas lamentando es que, por lógica narrativa, no las volveremos a ver compartiendo pantalla en estos mismos papeles. Sea como fuere, maravilla ver cómo Marvel, incluso en las películas “menores”, consigue despertarnos a los niños que llevamos dentro. Y atención a la escena de después de los créditos, que puede coger desprevenido si no se está al día de las series de la factoría.

Pep Prieto. Periodista y escritor. Crítico de series en ‘El Món a RAC1’ y en el programa ‘Àrtic’ de Betevé. Autor del ensayo ‘Al filo del mañana’, sobre cine de viajes en el tiempo, y de ‘Poder absoluto’, sobre cine y política.