A Ted Lasso lo que le importa no es ganar el partido en el campo, sino el del vestuario. De hecho, esa es su principal virtud como entrenador: contagiar a los jugadores con su optimismo y sus teorías sobre la memoria de los peces. Y por eso pasó de ser menospreciado por su equipo a metérselo en el bolsillo. Y de paso se nos metió en el bolsillo a nosotros, los espectadores.

Porque ese optimismo contagioso, esa capacidad para mantener la sonrisa siempre a punto bajo el mostacho, suceda lo que suceda, fue una inyección de energía muy bienvenida en plena pandemia de coronavirus, que es cuando la serie se estrenó en Apple TV+ y se convirtió en la tabla de salvación de muchos (no de tantos, porque la plataforma sigue siendo minoritaria en comparación con otras). Las circunstancias han querido que la segunda temporada, que se estrena el 23 de julio, coincida también con un momento difícil de la pandemia, así que la filosofía de Ted Lasso será muy bienvenida. Sin embargo, nuestro entrenador va a topar con una derrota inesperada. Una de la que es muy difícil recuperarse.

No hablamos de una derrota deportiva, sino del tipo de derrota que al personaje le importa: la del vestuario. La aparición de una psicóloga que llega para resolver una crisis con un jugador va a poner a Ted Lasso en una situación difícil en el momento en que las terapias de la psicóloga sean más efectivas que las suyas y los jugadores se entusiasmen con ella. Porque, ¿no es Ted Lasso más psicólogo que entrenador en ese equipo? De hecho, si él no sabe nada sobre fútbol, un aspecto que deja sobretodo en manos de su equipo, su principal virtud es la de saber tener a sus jugadores motivados y optimistas. La psicóloga constituye así una amenaza para la posición de Ted Lasso en el equipo, porque con ella haciendo su trabajo, lo que puede aportar él como entrenador no es realmente necesario, y también un golpe duro para un personaje para el que una parte importante de su vida, lo que le hace sentirse vivo, es su rol en el centro de un equipo, ser el alma mater de un grupo. Un vínculo que es fácil adivinar que cada vez se ha vuelto más importante para él tras su divorcio. Para rematarlo, el personaje ha relacionado esta trama con la de la ruptura con su ahora exmujer, ya que ambos hicieron una terapia de pareja de la que él tiene un mal recuerdo.

De esta manera, la serie encuentra una vía para poder continuar mostrando la cara más vulnerable del personaje, algo que había funcionado muy bien en la primera temporada en contraste con su optimismo y que podría haber desaparecido cuando se terminó la trama con su exmujer. La psicóloga coloca de nuevo al personaje en una situación en la que sufre y es con ella que Ted Lasso se ve claramente indefenso. La actriz que la interpreta, Sarah Niles (‘I May Destroy You’) utiliza una mirada y actitud enigmática que desconcierta todavía más al personaje, que adopta una posición defensiva. Pero nadie se da cuenta sobre lo que está pensando y sintiendo Ted Lasso. Sólo el espectador, manteniendo así una complicidad con el personaje que ya fue una de las claves de la primera temporada junto a la interpretación de Jason Sudeikis y el perfecto engranaje que unía a todos los personajes de esta comedia de situación.

Este es el otro aspecto en el que la serie presenta cambios al tener fuera del equipo a dos piezas fundamentales: al engreído Jamie Tartt y al orgulloso Roy Kent. Sin embargo, el equipo de creadores de la serie, que además de Jason Sudeikis, incluye a Brett Goldstein, el actor que interpreta a Roy, ha encontrado la manera de mantenerlos en el radio de la acción principal con una trama paralela que puede llegar a funcionar muy bien en los siguientes episodios. Con todos estos elementos nuevos, Ted Lasso ha demostrado que no va a dormirse en los laureles del éxito. El buen trabajo de la serie en la primera temporada la ha llevado a romper un récord en los Emmy, convirtiéndose en la comedia con más nominaciones en su debut (un total de 20, superando a ‘Glee’). Pero la serie es perfectamente consciente de que necesita poner un reto superior y que este no puede ser un partido de fútbol o un trofeo. Como su propio protagonista, la serie es muy consciente de que juega en el campo pero donde gana los partidos es en el corazón de la audiencia.

Toni de la Torre. Crítico de series de televisión. Trabaja en ‘El Matí de Catalunya Ràdio’, El Temps, Què fem, Ara Criatures, Sàpiens y colabora en el programa ‘Tot es mou’ de TV3. Ha escrito libros sobre series de televisión. Profesor en la escuela de guion Showrunners BCN, le gusta dar conferencias sobre series. Destaca el Premi Bloc Catalunya 2014.