Adscribirse a un género es un arma de doble filo. Por un lado, permite dejar establecidas ciertas normas ya desde los títulos de crédito. Pero, por otro, dificulta que una serie pueda reivindicar su rasgo diferencial y llamar la atención. Pensemos, por ejemplo, cuántas obras parten del asesinato de una persona joven, en el seno de una comunidad pequeña y cómo, a partir de su muerte, se va revelando el mal estructural que asola a aquel pueblo.

Cardinal’, en este sentido, es una pieza de nordic noir de manual. El agente de policía que da el título a la serie, John Cardinal, es alguien hostil, obsesivo con sus casos y que arrastra un trauma personal. Cuando le adjudican una nueva ayudante –joven, atractiva y con mano izquierda– la trata inicialmente con frialdad y displicencia, haciéndole saber a cada minuto que él estaría mucho mejor solo en la comisaría. O en el mundo. Todo esto es terreno perfectamente conocido.

Pero si esta serie –que se incorpora ahora íntegra a Filmin– consigue no recrearse en exceso en las convenciones del género y que el corsé no le sea incómodo es gracias a unos cuántos elementos que, sin hacerla rompedora o disruptiva, sí que le dan como mínimo un aire propio. Empezando por el emplazamiento: ‘Cardinal’ es canadiense, y esto hace que la presencia de la naturaleza sea todavía más ominosa que en sus hermanas europeas.

El plantel de actores también es poco conocido en las latitudes mediterráneas, así que el carisma de Billy Campbell, el intérprete que da vida al detective titular, es uno de los alicientes. Y no era fácil salir airoso: como indica su nombre, John Cardinal es extremadamente racional y capaz de orientarse en medio de la confusión. Pero es, también, un personaje triste que ha decepcionado a casi todo su entorno. Un lobo solitario; un animal herido. En el primer episodio, uno de los agentes veteranos da dos consejos a la recién llegada sobre cómo es debido tratar Cardinal: «El primero, es que no le hagas demasiado caso, y hagas la tuya. El segundo, que ni se te pase por la cabeza desobedecerle». Y esto es el que hace el personaje de Lisa Delorme: encontrar caminos alternativos y ganarse la autoridad sin desestabilizarlo. A pesar de que Campbell es la estrella inicial, la interpretación más sutil, pero igualmente potente de Karine Vanasse hace que se gane también el rango de cabeza de cartel.

El otro gran personaje, y aquí volvemos a las convenciones del género, es el paisaje. O, más concretamente, el frío. Estamos en la zona norte de Ontario, en el enclave ficticio de Algonquin Bay, y el frío acaba siendo un condicionante que afecta tanto a las víctimas, como a los asesinos, como a sus perseguidores. Es el frío el que mantiene los cadáveres horripilantemente bien conservados. Y es el frío el que obliga los secuestradores a tener un abrigo polar preparado para su víctima, porque si no morirá de hipotermia antes de que puedan pedir un rescate.

Por lo tanto, el recurso de la nieve omnipresente va mucho más allá de teñir la paleta de todos los colores del blanco, para darle a la serie una estética. Aquí el frío es realmente un elemento que juega a la contra de los personajes, tal y como pasaba por ejemplo en ‘Fortitude’, otra serie polar. Pero la gran frialdad de ‘Cardinal’ no es a la atmósfera gélida, sino a las relaciones personales. De nuevo siguiendo las convenciones del género, hay la clásica tensión sexual no resuelta entre los dos detectives. Y el espectador probablemente agradecería un poco de calor en medio del permafrost.

Creada a partir de las novelas de Giles Blunt, se han filmado cuatro temporadas de seis episodios cada una, de forma que cada caso está narrado sin muchas digresiones, y esto la beneficia, puesto que no sufre del mal que sí afecta a aquellas series que –para cumplir con el precepto de los 12 episodios– acaban añadiendo tramas innecesarias. Para la primera temporada se otorgó un presupuesto de 1,8 millones de dólares por capítulo y esto ha permitido una factura más que notable, con numerosos exteriores que sacan provecho del blanco canadiense. A corte comparativo, un capítulo de una serie de TV3 está sobre unos 160.000 euros y una de Movistar aproximadamente sobre los 500.000. (Hay variaciones según los títulos, está claro, pero son cifras indicativas). ‘Cardinal’ no es, por lo tanto, una serie de Champions, capaz de competir con los grandes títulos impulsados por las principales plataformas de pago. Pero sí que consigue destacar en la liga gracias a una estética bastante bien trabajada y una profundización psicológica en los personajes que le otorga al conjunto verosimilitud. En este sentido, es una buena propuesta para aquellos momentos valle en los que el seriófilo ha quedado huérfano de títulos. Difícilmente será la serie preferida de nadie, pero sí que repartirá un poco de calor –o de frialdad– durante las largas esperas.

Àlex Gutiérrez
Àlex Gutiérrez. Periodista especializado en medios de comunicación y audiovisual. Actualmente trabaja en el diario ARA, como jefe de la sección de Media y autor de la columna diaria ‘Pareu Màquines’, donde hace crítica de prensa. En la radio, colabora en ‘El Matí de Catalunya Ràdio’ y en el ‘Irradiador’, de iCatFM. También es profesor en la Universitat Pompeu Fabra. Su capacidad visionaria queda patente en una colección de unos cuantos miles de CDs, perfectamente inútiles en la era de la muerte de los soportes físicos.