John Krasinski consigue que la secuela no se parezca más de lo necesario al original y expande su imaginario con muy buenas ideas.

‘Un lugar tranquilo’ era un excelente ejercicio de suspense que partía de una singular subversión: ahora que el cine acostumbra a ser más ruidoso que nunca, apostaba por el silencio como instrumento narrativo. La jugada le salía redonda porque sabía crear tensión con los mínimos elementos, descubría el talento de John Krasinski detrás la cámara y reformulaba las invasiones extraterrestres desde una perspectiva inédita.

Como toda buena muestra del género, el envoltorio no distraía de lo esencial, que era la historia de una familia que intenta superar el luto por la pérdida de un hijo mientras se prepara para llevar una nueva vida en un mundo hostil que ya no les pertenece. La idea de una secuela era inquietante, porque había el riesgo de la repetición de patrones o, en el peor de los casos, un derroche de las ideas del original. Pero ni una cosa ni la otra, sino todo lo contrario. ‘Un lugar tranquilo 2’ obra el milagro de no asemejarse más de la cuenta a su predecesora y, a la vez, transciende sus fronteras expresivas para expandir el imaginario. Introduce nuevos personajes que funcionan muy bien mientras que los que ya conocemos evolucionan con coherencia. Ojalá todas las secuelas estuvieran hechas con tanta conciencia de la innovación.

‘Un lugar tranquilo 2’ empieza con la que debe de ser la mejor secuencia de ambas entregas, un prólogo que nos hace entender cómo llegamos hasta aquí y que está rodado con un sentido de la profundidad de campo absolutamente deslumbrante. Lo que viene después es una tozuda cruzada de Krasinski para sobrevivir a sus propios hallazgos y buscar nuevos. La trama sale de los espacios claustrofóbicos (que continúan estando, y todavía más perturbadores: este búnker de oxígeno limitado favorece un par de escenas escalofriantes), aporta nuevos detalles sobre los invasores sin pasarse de discursiva (haciendo un homenaje, de paso, a los clásicos de la serie B del género) e introduce una variante sobre el recelo hacia el vecino en tiempo de crisis.

Regan (Millicent Simmonds) y Lee Abbott (John Krasinski) en ‘Un lugar tranquilo 2’, de Paramount Pictures.

Es en este aspecto que esta secuela brilla con especial intensidad, ya que director y guionistas aprovechan la ocasión para reflexionar sobre los verdaderos monstruos de una sociedad y el papel de la empatía para derrotarlos. Quizás se le puede reprochar que abusa de algunas soluciones estilísticas (hay dos clímax resueltos con un uso casi idéntico del montaje paralelo), pero en términos generales se trata de un film espléndido por su capacidad de atraparnos en un mundo que percibimos como propio y dibujarle nuevos horizontes. En este sentido, Krasinski es muy valiente rompiendo con el punto de vista preponderante, el de la gran Emily Blunt, y cediendo gran parte del protagonismo a Millicent Simmonds y Cillian Murphy. Con esto transmite la sensación de estar ante un relato muy coherente con el original y, también, con identidad propia, lleno de ambivalencias y de caminos para futuras historias. Muy probablemente, dentro de unos años recordaremos esta saga como un (necesario) punto de inflexión para un género que, ahora más que nunca, es el que más y mejor habla de nosotros.

Pep Prieto. Periodista y escritor. Crítico de series en ‘El Món a RAC1’ y en el programa ‘Àrtic’ de Betevé. Autor del ensayo ‘Al filo del mañana’, sobre cine de viajes en el tiempo, y de ‘Poder absoluto’, sobre cine y política.