La nueva serie de Marvel sabe hacer justicia a uno de los personajes más carismáticos de su universo al tiempo que abre nuevos y apasionantes frentes narrativos.

Uno de los grandes aciertos del universo expandido de Marvel es que sabe dotar a cada personaje de una alma propia. Cada superhéroe tiene una idiosincrasia que marca el género y el tono de sus aventuras, y milagrosamente esta descripción individual mantiene su coherencia en las historias grupales. Por eso resultan tan emocionantes y tan efectivas: sabes de quién te están hablando, conoces de dónde vienen y quieres saber a dónde van, y ves cada parte como indisoluble de un todo. En las series, Marvel está manteniendo la misma estrategia. “WandaVision” y “The Falcon and the Winter Soldier” se adaptaban a las necesidades formales de sus respectivos protagonistas y, al mismo tiempo, sabían explorar nuevos frentes narrativos sin tener que renunciar a la sensación de pertenencia a un relato mucho más amplio. “Loki” seguramente todavía apuesta más fuerte por esta idea y además lo hace con un personaje que comporta un reto superior. Por un lado, porque el Dios del Engaño inició su tránsito como malo de la función, y la profundización en sus matices no podía representar una pérdida de su deliciosa ambivalencia; y, por la otra, porque es una serie que se adentra en una línea argumental muy diferente, que no depende tanto de lo que has visto como de lo que estás a punto de ver. Recoge ideas y las reinicia; juega con lo que sabes y te mete en un mundo del que no sabes las reglas. Te hace consciente de unos mecanismos que ya no sirven y te presenta otros nuevos que son fundamentales para entender el futuro. Es, como su protagonista, imprevisible, inclasificable y sorprendente, y también una nueva demostración de que Marvel está tejiendo un multiverso como nunca se ha visto en pantalla, la conjugación definitiva entre televisión, cómic y cine.

“Loki” se centra en la versión del personaje del año 2012, el que aprovecha uno de los viajes temporales de “Avengers: Endgame” para evitar su fatídico destino a manos de Thanos. Pero no tarda en descubrir que tanta travesura con el espacio-tiempo tiene consecuencias, porque hay una agencia que se dedica a velar por prevenir y corregir estas anomalías. En este sentido, el episodio piloto es un modelo de como introducir al espectador en una nueva manera de percibir un personaje y su contexto. Sirve como síntesis de su itinerario y como (espléndida) puesta al día de sus motivaciones. También para presentarnos nuevos personajes que encajan a la perfección: el Mobius que interpreta Owen Wilson está tan bien descrito que te llegas a creer que en todas las series y películas anteriores estaba también ahí, fuera de plano, esperando su oportunidad. Como ya pasaba en “WandaVision”, se puede ver “Loki” sin haber hecho el recorrido previo por el universo de Marvel, pero si ya se ha iniciado el viaje la experiencia es todavía más apasionante y enriquecedora. Esto es porque, en esencia, sus responsables se han propuesto convertirla en una gran serie más allá de su pertenencia a este universo. Es un verdadero festival de humor soterrado y no tan soterrado, de hallazgos visuales y guiños, de momentos delirantes y otros de inesperada profundidad dramática. Conviven “Stargate”, la animación 2D y Bonnie Tyler (algún día habrá que reivindicarla como se merece) con un entusiasmo contagioso, mientras vas percibiendo detalles que disparan las posibilidades expresivas de lo que vendrá hasta el infinito. Y ante todo esto, el carisma del gran Tom Hiddleston, que es quien ha llevado el personaje hasta aquí y continúa desarmando con su capacidad de darle nuevos apuntes a pie de página. ¡Qué bien que se vive, en los mundos de Loki!

Pep Prieto. Periodista y escritor. Crítico de series en ‘El Món a RAC1’ y en el programa ‘Àrtic’ de Betevé. Autor del ensayo ‘Al filo del mañana’, sobre cine de viajes en el tiempo, y de ‘Poder absoluto’, sobre cine y política.