Las series de televisión sobre adolescentes se han empeñado, en los últimos años, en retratar personajes abatidos, angustiados, derrotados por sus propios dilemas. No importa si es una serie adolescente para un público amplio, como “13 Reasons Why”, donde el protagonista, Clay, vivía hundido en la tristeza, o si es una serie para adolescentes más transgresora, como “Euphoria”, donde su protagonista se deja caer también en el abismo, en su caso ayudada por la adicción a las drogas. La voz en off es probablemente el recurso que más delata a estos adolescentes que hablan constantemente con ellos mismos sobre sus inseguridades y dudas. Por eso es tan de agradecer la irrupción en este escenario de “Wayne”, que es una serie protagonizada por un adolescente al que, básicamente, se le han cruzado los cables. Está enfadado, enfadado con casi todo el mundo, como debe ser en la adolescencia, y lo manifiesta a base de decibelios y puñetazos, siendo temido en el instituto como un chaval difícil, que acumula expulsiones y al que los demás ya han aprendido a evitar.

Esto no significa que Wayne no sea buen chico. De hecho, suele meterse en líos por defender a los demás. Tiene un sentido de la justicia que es tan rígido como inflexible y no puede permanecer sin hacer nada cuando ve algo que está mal. Un hombre que trata mal a su novia, un padre que le dice a su hijo que es imbécil. Es superior a él. Busca un martillo, un bate, lo que sea, y atiza al cretino sin piedad. Del origen de esta incapacidad de pasar por alto estas cosas es sobre lo que va la serie, que lleva al personaje a un viaje junto a una chica, Del, a la que salva de una familia disfuncional, en busca de un coche que le robaron a su padre. Es como “The End of the F***ing World” pero con sangre en las venas, con dos personajes intentando encontrar su sitio en un mundo que van sembrando de un reguero de cuerpos magullados tras su paso. El tándem funciona de maravilla porque mientras que él es del tipo silencioso, ella es muy hábil con comentarios rápidos e hirientes. Mientras uno pega con los nudillos, la otra propina sus ganchos al mentón con las palabras. La eventual historia de amor entre ellos es, a pesar de un tanto predecible, un motor necesario para una historia en la que se van encontrando diversos antagonistas y es también lo único que sostiene al personaje de Wayne, como adolescente abandonado y traicionado por la vida, para no dejarlo todo atrás. Es este abandono lo que hace que genere la ilusión de una figura paterna imaginaria que toma forma de Conan el Bárbaro, con la que intenta guiarse a sí mismo para no descarrilar.

Pero a pesar de que el personaje tiene conflictos vitales como estos, como en las series ya mencionadas, nunca cae en la introspección autocomplaciente. Siempre quedan ganas de quemarlo todo, y esto es lo que lo separa definitivamente del resto. El personaje es una oveja negra pero la serie también lo es en su género. Algo que se refleja en un tono salvaje y furioso trabajado a través de la banda sonora, llena de temas de heavy metal que contrastan con el tipo de canciones que se suelen encontrar en las series con adolescentes, y también en la violencia, que estalla en escenas tarantinescas y que contrasta con la languidez de la mayoría de sus congéneres. Quizás sea este el motivo por el que “Wayne” pasó desapercibida en su estreno como serie original de YouTube, a diferencia de lo que ocurrió con “Cobra Kai”, que luego fue adquirida por Netflix, alcanzando un público todavía mayor. El bueno de Wayne no tuvo la misma suerte, pero ahora ha sido rescatada de un posible olvido prematuro por Filmin, donde está disponible la primera temporada. Lamentablemente, la historia no queda cerrada, pero es difícil que tras ser cancelada en YouTube vaya a poder continuar. Sin embargo, si quieren ver una serie de adolescentes donde no suenen canciones de Billie Eilish y donde su protagonista no perdería el tiempo haciéndose selfies y posteando en Instagram, pueden confiar en “Wayne”. 

Toni de la Torre. Crítico de series de televisión. Trabaja en ‘El Matí de Catalunya Ràdio’, El Temps, Què fem, Ara Criatures, Sàpiens y colabora en el programa ‘Tot es mou’ de TV3. Ha escrito libros sobre series de televisión. Profesor en la escuela de guion Showrunners BCN, le gusta dar conferencias sobre series. Destaca el Premi Bloc Catalunya 2014.