Es cuando bebemos que lo vemos claro. Lo que nos parecía importante deja de serlo. Nos desinhibimos. Nos volvemos más valientes, capaces de hacer cosas que no haríamos sobrios. Somos más expresivos, atrevidos, más sinvergüenzas. El alcohol nos aparta durante unas horas de lo que nos perturba o incomoda, y nos hace más felices, aunque sea de forma temporal. Recuperamos el desparpajo que teníamos cuando éramos niños.De repente, nos vemos bailando en medio de la pista, riendo a carcajada limpia o abrazando a nuestros amigos como si nos fuera la vida. Y nos sentimos vivos. Ya no llevamos la capa de seriedad y rectitud que nos imponen las normas sociales. Nos dejamos llevar. Somos nuestro auténtico yo.

La película danesa ‘Otra ronda‘, de Thomas Vinterverg, que este año se ha llevado el Oscar a mejor película extranjera, parte de la idea de que el ser humano nace con un déficit de alcohol en sangre -una teoría supuestamente creada por el psiquiatra noruego Finn Skårderud-, y por eso, nos falta siempre una pizca de vitalidad. Los protagonistas de esta historia llenan sus vacíos y carencias emocionales con alcohol. Son cuatro profesores que deciden ser las cobayas de su propio experimento: dar clases con un 0’05% de alcohol en sangre, que equivale a uno o dos vasos de vino, con el fin de ser más enérgicos y creativos, como lo fueron en su momento, bebiendo sin mesura, Churchill o Hemingway. La bebida les inspira. Esos grados de más devuelven a los maestros la pasión por sus materias: historia, música, psicología y educación física. Recuperan la fuerza y la porción de vida que les falta. 

Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Magnus Millang y Lars Ranthe están fantásticos -los cuatro fueron premiados en el Festival de San Sebastián-. Destaca especialmente el papel de nuestro ‘Hannibal’, Mikkelsen, a quien vemos apenado con su vida y sumido en la rutina de un matrimonio que se está marchitando. Su evolución es uno de los puntos fuertes del film. Ese baile en el muelle celebrando la vida con la canción ‘What a life’, de Scarlet Pleasure, de fondo es difícil de olvidar. Él y sus compañeros son el reflejo de los problemas a los que puede enfrentarse un hombre a los 50 años: de pareja, la maldita rutina, y el más peligroso, la soledad. Ni el profesor de música ni el de gimnasia tienen pareja o hijos. Viven rodeados de jóvenes en un instituto de Copenhague, pero cuando llegan a casa, sólo hay silencio, o un perro. Y beber les ayuda a olvidar esa parte de su realidad.

‘Otra ronda’.

Además de tener un argumento original, ‘Otra ronda‘ provoca una curiosa reacción en el espectador. Nos dibuja una sonrisa tonta bajo la mascarilla, a veces incluso ruidosa. Estamos viendo a cuatro profesores de 50 años que beben en horas de trabajo para ser una mejor versión de ellos mismos, que se llevan las botellas al colegio, y que hasta miden la cantidad de alcohol que llevan en sangre para saber si deben seguir o poner freno a tanta locura. La situación es surrealista y es imposible no reírse. Sin embargo, la comedia no deja de ser un drama: cada personaje arrastra una tristeza con la que podemos sentirnos identificados. Nos reímos de sus gamberradas, pero a la vez, comprendemos por qué las hacen.

Salimos del cine queriendo echar un trago -o bebernos una botella entera-, pero pensando también: «Ojalá fuéramos siempre así»; con esa sensación que nos produce el alcohol pero sin necesidad de beberlo para sentirnos vivos. Ojalá viviéramos sin vergüenza, felices, sin miedos. Llegar a casa y ponernos a bailar sin motivo, tener más ilusión por las cosas, reír más, planificar una escapada, abrazar a nuestros hijos, celebrar, crear. Siendo alegres y enérgicos porque sí, porque somos afortunados, porque tenemos pareja, familia, trabajo, salud. Porque nos tenemos a nosotros. Porque estamos vivos. Y al final del camino, poder decir: ‘Menuda vida’, como la canción de la película. Seríamos más libres, más nosotros. Y nos iría mejor.

Bárbara Padilla
Bárbara Padilla. Colaboradora en la sección de Series de ‘La Vanguardia’. Redactora y Locutora de Informativos en RAC1. Periodista desde 2007 en el área de Barcelona. Aficionada al cine desde que tiene uso de razón y a las series desde el boom de Netflix.