Nadie dijo que fuera fácil. Cambiar de ciudad, establecerte en un nuevo lugar -Arkansas, años 80-, en una casa que no es una casa, con la oposición de tu familia y lejos de un hospital, con tu hijo enfermo del corazón. Pero había que intentarlo. La otra opción ya la conoces bien: sexar pollos toda tu vida, sin la posibilidad de progresar, ni mucho menos ser tu propio jefe. ¿Quieres ese futuro para ti? ¿…para siempre? Ésa es la pregunta que se hace el protagonista de ‘Minari: Historia de mi familia’, encarnado por el actor Steven Yeun. Y su respuesta es: rotundamente no. Hay que cambiar de vida. Coger mujer e hijos e irse a vivir en medio de la nada. Rodeado de verde y con un sueño en el alma: crear un huerto. Un huerto lo suficientemente grande como para producir a gran escala y vivir de ello. Hacer honor al dicho: sembrar, y recoger.

¿Cuántas veces nos hemos hecho esa pregunta a lo largo de nuestra vida? No me gusta vivir aquí, no me gusta mi trabajo, me gustaría hacer otra cosa, mi verdadero sueño es… Sentirse identificado con el protagonista de esta película -nominada a seis Oscar, entre ellos, mejor película, mejor director y mejor actor- es fácil. A menudo nos cuestionamos si la vida que llevamos es la que de verdad nos gustaría llevar. La diferencia es que él da un golpe sobre la mesa, mientras una gran parte de la población tiende a agachar la cabeza y seguir lo establecido. Por miedo, por pereza, por conformismo. Por mil y una excusas. Perseguir el sueño americano está al alcance de todos los que quieren salirse del camino, pero pocos se atreven a dar el paso.

‘Minari’.

‘Minari’, dirigida por Lee Isaac Chung, es un salto de obstáculos constante. Un reto personal. Fracasar y levantarse, enfrentarte a tu familia y poner en la balanza sueños y realidades, y hasta dónde estás dispuesto a llegar o qué estás dispuesto a perder por conseguirlo. ¿Perseguir mi sueño o seguir al lado de mi familia? La película, como la vida, es una suma de decisiones. También es trabajo en equipo, cooperación, dejarse ayudar, escuchar. El ser humano es social. No nacimos para vivir en soledad, sino para aprender de los demás, ayudarnos, luchar y enriquecernos juntos. ‘Minari’ es todo esto. Y es una oda a lo que significa tener una familia. A las dificultades que atraviesan padres e hijos cuando las cosas se ponen feas. Y a la felicidad compartida cuando salen bien.

Aunque tiene tintes de drama, la producción busca la sonrisa del espectador. Lo hace a través de la abuela, que viene directamente de Corea del Sur para ayudar a la familia en la vida que ahora empiezan. Ella simboliza la libertad, el dejarse ir. No es, como dice el hijo pequeño de la familia, «una abuela normal». No hace galletas, dice palabrotas cuando juega a cartas, ve lucha libre en la televisión y la religión le importa tres pimientos. Existe una preciosa conversación entre ella y el crío, que tiene un soplo en el corazón, en la que ella le dice que no entiende porque tiene que rezar cada noche para poder ir al cielo; que quién demonios le ha metido eso en la cabeza. Es la crítica de la película a la fe, totalmente contrapuesta al personaje que ayuda al protagonista en el huerto, y al que vemos arrastrando una cruz bajo la luz del sol por devoción a Jesús.

‘Minari’

Si bien ‘Minari’ es una historia bien narrada, una familia con la que empatizamos y a la que queremos que todo les vaya bien, está quizás -para quien escribe estas líneas- sobrevalorada en sus seis nominaciones a los Oscar. Sabiendo que las comparaciones son odiosas, no es la sorprendente surcoreana ‘Parásitos‘, de Bong Joon-ho. La ganadora del Oscar del año pasado a Mejor Película -la primera de habla no inglesa en obtener este reconocimiento, y que se llevó un total de cuatro premios Oscar- tiene ingredientes mucho más novedosos: factor sorpresa, mezcla de géneros, crítica social aplastante… Se han hecho ya, en cambio, muchas películas que persiguen el sueño americano. Y aunque, en esta ocasión, lo vemos en la piel de una familia coreana, faltan ingredientes. ‘Minari’ anima al espectador a luchar por su sueño, a dar un portazo y a cambiar de rumbo, pero no provoca, ni mucho menos, el impacto de la fantástica familia Kim, que tan alucinados nos dejó en ‘Parásitos‘. 

Bárbara Padilla
Bárbara Padilla. Colaboradora en la sección de Series de ‘La Vanguardia’. Redactora y Locutora de Informativos en RAC1. Periodista desde 2007 en el área de Barcelona. Aficionada al cine desde que tiene uso de razón y a las series desde el boom de Netflix.