Hablamos con el director Juanma Bajo Ulloa (Vitoria-Gasteiz, 1967) del estreno de su última película, “Baby”, pero, sobre todo, hablamos con él sobre la libertad. Libertad creativa y libertad para construir el mundo tenebroso y sin diálogos de este film bellísimo sobre una madre (Rosie Day) que quiere recuperar a su bebé y entra en una mansión donde lo ha vendido y donde lo custodian tres mujeres dignas de cuento de terror.

¿“Baby” es una película contra el conservadurismo de una industria que solo apuesta por lo convencional, lo ‘que funciona’?

“Baby” nace como una película libre, hecha con las manos por un equipo de artesanos cuya intención es crear una obra bella y sincera, que trata de encontrar un público igualmente soberano y desprejuiciado. El principal interés de la industria y del poder establecido es el de fabricar consumidores dóciles y dependientes.

¿Alguien, algún productor o alguna cadena, te dijo “solo si la ruedas con diálogos te la compro, te la apoyo”?

El guion de la película ha ido destilándose hasta reducir sus diálogos al mínimo. Finalmente, durante el montaje, comprobé que ese era el camino más honesto y adecuado: confiar en el propio lenguaje cinematográfico. Pero, tal como dices, efectivamente hubo reuniones en las que esta idea narrativa nos perjudicó, y comprobamos la paradoja de una civilización que se define como ‘progresista y abierta’ en apariencia, pero que resulta, en realidad, profundamente conservadora.

¿Qué aporta, a nivel de lenguaje, de conexión con el espectador, el hecho de que no tenga diálogos?

El espectador pasa de ser considerado como el consumidor pasivo y bulímico habitual a participar, con todos sus sentidos, en una experiencia sensorial y emocional. Cada sonido, matiz musical o mirada de las protagonistas se convierte en una información valiosa. El público es tratado como un ser pensante capaz de interpretar y conectar con sus emociones, en base a su propia experiencia personal.

Juanma Bajo Ulloa con Harriet Sansom Harris, Rosie Day en el rodaje de "Baby".
Juanma Bajo Ulloa con Harriet Sansom Harris, Rosie Day en el rodaje de «Baby».

También es verdad que, al cabo de unos minutos, te ‘olvidas’ de que no hay texto. ¿Hemos sobrevalorado las palabras? Normalmente, ¿se confunde guion con diálogos?

Las palabras se han convertido en el ruido de fondo de esta sociedad. Con un fin comercial, se ha invitado interesadamente a todo el planeta a dar su opinión e inflar su ego, no a escuchar y cultivar el criterio. Como decía Umberto Eco, “se ha dado voz al tonto del pueblo”. Este exceso de dialéctica y falta de rigor ha depreciado su valor. Por eso, algunos estamos hartos de palabras. Respecto al concepto de guion, efectivamente, como con casi todo, hay una gran confusión proveniente de la simplificación imperante.

Sé que no consideras “Baby” un ‘regreso’ a tus inicios, a la época de “Alas de mariposa” (1991) y “La madre muerta” (1993), porque dices que tú siempre has estado cerca de estos personajes y temas.

No puedo hablar de una vuelta al origen porque, tenga oportunidad de mostrarlo o no, ese lugar siempre ha estado dentro, y ahí seguirá. Mis películas surgen de lo visceral y emocional, y simplemente llegan en momentos diferentes de mi vida. Me fascina la belleza y la oscuridad del alma humana, su capacidad para dañar o amar. Su desconexión con su propio ser y con el organismo que llamamos Naturaleza.

¿Es este un cuento cruel? ¿Un drama de denuncia, con aspecto de cuento?

Los cuentos son viajes dolorosos (el lobo se come a la abuelita, el patito es despreciado por su aspecto, las hermanas envidiosas esclavizan a la joven) porque ahondan en los miedos y anhelos esenciales del ser humano. De ahí su facultad de trascender en el tiempo. Pero, a la vez, son hermosos en su forma y fondo. Más que denunciar, “Baby” parte de una reflexión sobre la venta de niños y ahonda sobre nuestra capacidad de concedernos una segunda oportunidad.

Mafalda Carbonell, Harriet Sansom Harris y Natalia Tena en "Baby".
Mafalda Carbonell, Harriet Sansom Harris y Natalia Tena en «Baby».

¿Rodaste con total libertad sin preocuparte por el llamado mercado?

Hace años pensaba que el mercado era la consecuencia del ‘gusto’ del espectador, y tal vez entonces aún lo era en buena medida. Actualmente, he perdido esa inocencia y veo otra realidad, con una sociedad más manipulada ideológica y políticamente que ninguna otra anterior, hasta el punto de que el ciudadano realiza hoy en día el trabajo de la censura. Por tanto, no puede rodarse en total libertad. Pero tal vez sí se puede, como en toda dictadura, sortear a la censura.

¿Dónde rodaste? Como suele pasar en muchos creadores, ¿te salió mucho metraje y tuviste que recortar, ir a la esencia?

El rodaje se realizó en Álava, uno de esos territorios excepcionales, pero desconocidos para una mayoría. Debido a la pandemia, la película ha contado con más tiempo para cuidar la música y el sonido, y para afinar la edición que siempre agradece el pulido. Hay, efectivamente, escenas eliminadas, que tal vez puedan verse en la versión de vídeo.

¿Cómo escogiste a las protagonistas de “Baby”?

Mi búsqueda no tenía una limitación geográfica o nacional, y simplemente trataba de encontrar las mejores actrices para cada papel. Eso abrió el casting hasta dar con prestigiosas actrices internacionales como Harriet Sansom Harris o Natalia Tena, y talentos en alza como Rosie Day. También tenía el deseo de volver a contar con la presencia más impresionante del cine español, Charo López, y con talentosas actrices locales como Natalia Ruiz o las vascas Susana Soleto y Carmen San Esteban. Sobre Mafalda Carbonell habría que escribir otra entrevista.

Rosie Day a "Baby".
Rosie Day a «Baby».

Me gusta mucho el personaje de Mafalda Carbonell. Nunca sabes cómo va a reaccionar. Si es aliada o enemiga de Rosie Day, la protagonista…

Su personaje es libre y salvaje, carece de prejuicios o temores, pero también tal vez de empatía y escrúpulos. Su rutina incluye la crueldad y la diversión a cualquier precio. Confinada en esa mansión demencial, su imaginación es su universo. No es amiga ni enemiga de nadie. Y su deseo es jugar, pero también convertirse en una mujer como su abuela.

Es una historia de/con/sobre mujeres. Por cierto, ¿la criatura es niño o niña?

La película habla de la muerte y de la vida, y la creación como tal pertenece al universo femenino, el potencial de la maternidad. La propia Naturaleza, omnipresente en “Baby”, es la Madre Tierra. Si el bebé es niño o niña es la pregunta del millón. Pero solo quien está atento descubre las respuestas que se encuentran dentro de la película.

Imposible olvidar las imágenes de “Baby”, ahora paisajes dulces, ahora interiores de terror. ¿Era cuestión de combinarlos, y no buscar la estética por la estética?

Las imágenes de “Baby” perturban porque surgen del subconsciente y es allí donde se dirigen. El equipo de “Baby” tenía la indicación de dotar de belleza cada pequeño detalle. Ocurría lo mismo respecto a los personajes: no se emite un juicio de valor sobre sus acciones. Terribles o no, responden a sus debilidades y fortalezas, a sus miedos y audacias.

Natalia Tena en "Baby".
Natalia Tena en «Baby».

La música, ¿un narrador más?

Todos los elementos de la narración son prioritarios, y la música empezó a gestarse desde el comienzo del proyecto. Así, los músicos tenían ya piezas compuestas incluso durante el rodaje. Las indicaciones para Koldo Uriarte y Bingen Mendizabal eran obtener una atmósfera acorde al sentimiento de emoción, melancolía, belleza y confianza en la vida que la historia debía transmitir. El proceso de creación, destilación y ajuste ha durado más de un año. La música del malogrado Nick Drake estuvo en mi mente desde el minuto 1. De algún modo, esa canción inspiró la propia película.

He leído una entrevista en la que dices: “Francia ama la cultura, mientras España usa su cultura y la manipula. Esa es la gran diferencia, y por ello la creación francesa es un referente para muchos creadores”. ¿Lo de España y la cultura es un mal endémico? ¿O depende de las épocas?

La cultura representa la verdadera esencia de un pueblo. Por eso, los pueblos más cultos han dejado una huella indeleble en la Humanidad, han trascendido y gozan de prestigio universal. Nuestro país cuenta con uno de los potenciales culturales y talentos creativos más admirables pero, al tiempo, nos retratamos como una comunidad acomplejada y cainita, por tanto, incapaz de fluir con armonía. Siempre ha sido básicamente así, y requiere de una gran valentía y humildad cambiarlo.

¿Cómo recuerdas el éxito de “Airbag” (1997)? ¿Por qué crees que conectó tanto y que ya es película de culto?

Lo recuerdo como si fuera ayer. Conectó, sencillamente, porque se creó desde la independencia creativa para una sociedad igualmente libre. Representa una época de conquistas en términos de libertad de expresión que creíamos que iba a durar siempre, pero que ha desaparecido del modo más lamentable. Supongo que pronto la prohibirá algún Ministerio de Taradas y Tarados del Haba.

Juanma Bajo Ulloa. "Baby".
Juanma Bajo Ulloa. «Baby».

¿Y te llegaron de inmediato muchas propuestas parecidas a “Airbag”?

Ninguna. No se contrata al disidente.

¿Proyectos? “El Mal”, un thriller acerca de la necesidad del ser humano de ser reconocido y apreciado, y sobre su incapacidad para aceptar su lado oscuro. Y “Muerte Mortal”, una comedia tan absurda como el título.

Pere Vall
Pere Vall es periodista cultural y del mundo de la farándula en general, especializado en cine. Colabora en Time Out, Ara, RNE y Catalunya Ràdio, y fue redactor jefe en Barcelona de la revista Fotogramas durante más de 20 años. Fanático de Fellini, de las películas de terror buenas, regulares y malas, y del humor y la comedia en general. De pequeño quería parecerse a Alain Delon, y ha acabado con una cierta semejanza a Chicho Ibáñez Serrador. No se queja de ello.