Hace tres años Shonda Rhimes, exitosa creadora de las series “Anatomía de Grey” y “Scandal, se mudó a Netflix por 100 millones de dólares. Y por fin, este 25 de diciembre llega su primera producción a la plataforma, un drama de época cuya glamurosa e impecable factura esconde un romance bastante clásico. Basada en las novelas de Julia Quinn y adaptada a la televisión por Chris Van Dusen, “Los Bridgerton” narra la vida de Daphne Bridgerton (Phoebe Dynevor), la hija mayor de la poderosa (y guapísima) familia del título. Ambientada en Londres durante el periodo de la Regencia, esto es, a comienzos del siglo XIX, la ficción cuenta los esfuerzos de la hermosa joven y su familia por encontrarle un buen marido tras debutar en el competitivo mercado matrimonial.

Ben Miller, Nicola Coughlan, Polly Walker, Harriet Cains y Bessie Carter en «Los Bridgerton».

Daphne espera repetir la hazaña de sus padres y casarse por amor. Pero cuando su hermano mayor empieza a gestionar a sus pretendientes, la revista de sociedad que escribe la misteriosa Lady Whistledown pone en entredicho su reputación. La solución vendrá de la mano del atractivo y rebelde Duque de Hastings (Regé-Jean Page), un soltero empedernido que le propone fingir una relación para que ella vuelva a ser la muchacha más deseada y él pueda quitarse de encima a todas las madres e hijas que quieren cazarlo.

Aunque el marco sea decimonónico, el discurso está bien anclado en el presente. Desde su evidente perspectiva feminista a un elenco racializado donde la reina Carlota es interpretada por la actriz negra Golda Rosheuvel. Una licencia basada en datos históricos, pues la esposa del rey Jorge III del Reino Unido tenía ascendencia africana.

Phoebe Dynevor y Regé-Jean Page en «Los Bridgerton».

“No tienes ni idea de lo que es ser una mujer y que toda tu vida se reduzca a un momento”, dice Daphne sobre su completa y absoluta dependencia del matrimonio. Mientras su hermana Eloise (Claudia Jessie) sueña en voz alta con escapar de su servil destino y dedicarse a la escritura. Y su amiga Penélope (Nicola Coughlan) parece más interesada en devorar libros que en buscar novio.

De hecho, la propia lady Whistledown, narradora omnisciente de la ficción al estilo de “Gossip Girl”, compara la presentación de las jóvenes en sociedad con la venta de ganado. Y recuerda a menudo que todas deben alcanzar el difícil equilibrio entre ser castas y deseables, a riesgo de quedarse solteronas o convertirse en mujerzuelas. Por cierto, las únicas mujeres de la ficción que gozan de cierta libertad, aunque bien pagan su precio al vivir en los márgenes de la sociedad.

Claudia Jessie y Nicola Coughlan en «Los Bridgerton».

La banda sonora insiste en la visión contemporánea, por ejemplo, con Bad Guy de Billie Eilish interpretada por un conjunto de cuerda. Pero más allá de señalar el machismo y las estrictas normas sociales que tanto ellas como ellos padecen, la serie no termina de desactivar estos discursos ni propone alternativas. Casi parece que el conveniente romance entre la pareja protagonista venga a perpetuarlos. Al menos en los cuatro primeros capítulos. Pues Daphne Bridgerton es cándida, inocente y pura, además de inteligente, perspicaz y resuelta hasta el punto de soltar un puñetazo en la cara a un repugnante acosador. Y el mujeriego, pendenciero y soberbio duque de Hastings resulta que, también, es vulnerable, temperamento que parece se justifica en su solitaria y triste infancia en manos de un padre maltratador.

Phoebe Dynevor y Ruth Gemmell en «Los Bridgerton».

Habrá que confiar en que el cuento de hadas se convierta en algo más que un entretenimiento absolutamente disfrutable. Porque los lujosos bailes, los romances palaciegos y los dimes y diretes de lady Whistledown ciertamente empujan al espectador al maratón tan propio de Netflix. La serie también acierta al satirizar este mundo de apariencias e hipocresía, apuntando al poder de las palabras para construir relatos. Pues la capacidad de la desconocida escritora para construir o destruir la imagen de las jóvenes da buena cuenta de la dictadura que hoy también pueden imponer las redes sociales. Asimismo, “Los Bridgertonconsigue poner en valor la amistad y la búsqueda de la identidad por encima, o al lado, del amor. Y visualmente es una verdadera fantasía.

Fátima Elidrissi Feito. Periodista freelance. Doble licenciada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid, actualmente colabora con ‘El Mundo’ y ‘The Objective’. Sus pasiones son la televisión, el cine, la literatura y el teatro. Aunque sus intereses y su trabajo también la han llevado a escribir sobre comunicación y medios, música, tendencias y lo que se tercie.