Después de labrarse un merecido prestigio en la televisión y el teatro, como realizador y director artístico, Lluís Danés (Arenys de Mar, 1972) ha dado el salto al cine de ficción con “La Vampira de Barcelona”, que ahora estrena en los cines después de su paso por el último Festival de Sitges. Antes de rodar esta historia tenebrosamente real, ambientada en la Barcelona de principios del siglo XX, Danés ya había dejado sobradas muestras de su polifacético talento en varios documentales y en programas especiales.

¿“La Vampira de Barcelona” explica la historia de Enriqueta Martí, una persona utilizada y manipulada por las clases altas, los políticos y la justicia?

Sí, Enriqueta Martí fue una víctima de su tiempo. Una mujer muy pobre, enferma, con un cáncer de útero no tratado y que sufría muchos dolores. Vivía miserablemente, traumatizada por la muerte de un hijo por culpa del hambre y, además, separada de su marido, anarquista. En cierta forma, era una mujer sabia, y había ayudado a hacer alguna curación y en algún aborto. Hay que tener en cuenta que, en esa época, había en Barcelona más de 5.000 prostitutas, y la mayoría censadas en el Raval. Según las crónicas, era el barrio más poblado de Europa. Y, entre las prostitutas, el índice de embarazos era altísimo. No, no era una santa, y se movía entre el bien y el mal, pero fue la cabeza de turco de todo un sistema corrupto. Más que una mala mujer, como se la acostumbra a definir, Enriqueta era una pobre mujer, acusada de secuestrar y asesinar a niños. Me gustan las películas que son útiles y que explican la verdad, aunque sea incómoda.

¿Cuándo descubriste la historia de Enriqueta Martí?

Me la descubrió el guionista Lluís Arcarazo. Enriqueta tenía que ser la protagonista de uno de los episodios de “La huella del crimen”, que no se llegó a rodar. Después salieron muchos libros sobre Enriqueta. El primer guion de “La Vampira de Barcelona” no tenía nada que ver con el que hemos filmado, porque era el típico guion de una película de terror, con todos sus tópicos. Antes de apostar por este guion de Arcarazo y Maria Jaén, nuestro productor, Raimon Masllorens, ya había recibido otro sobre el mismo tema.

Nora Navas. «La Vampira de Barcelona».

Este es un largometraje que cambia nuestro punto de vista y opinión sobre una mujer maltratada por la prensa y por los bulos, las ‘fake news’ de entonces.

Siempre ha existido mucho mito alrededor de ella, y se trataba de analizar cuáles fueron las claves para crear el mito de la Vampira. Por otra parte, quería que el film fuera un espectáculo visualmente contundente. Que la puesta en escena fuera un personaje más que te acercara a este mundo de cuento y leyenda. Este es un cuento para adultos. Dos de los cineastas que más me gustan son Georges Méliès y Federico Fellini, unos directores que se movían entre el realismo y lo mágico.

Méliès y Fellini no es la única influencia que admites. En “La Vampira de Barcelona” está la estética e incluso la ética de “El Hombre Elefante” (1980), de David Lynch.

Lo tuve muy presente. Me encantan las obras cinematográficas que están entre el teatro y el cine, como los trabajos de Lynch o de S.M. Eisenstein, por ejemplo, su “El acorazado Potemkin” (1925). “El Hombre Elefante” trata sobre cómo el hombre puede exhibir a otro por el hecho de ser diferente, por considerarlo monstruoso. También es el tema de “La parada de los monstruos” (1932), de Tod Browning, donde la miseria la convertían en entretenimiento y espectáculo.

Roger Casamajor, Lluís Danés y Mario Gas. «La Vampira de Barcelona».

¿Cómo recibiste el Premio del Público del pasado Festival de Sitges?

Fue el mejor de los premios posibles. Fue genial. De hecho, ya me sorprendió que, desde el principio, hubiera una gran demanda de entradas para ver la película. No es el típico producto que se ve en Sitges, un festival del que no soy un asiduo. Pero se ve que conectamos con el espectador, que fue muy cálido con nosotros. El Premio del Público fue el mejor prólogo para, luego, poder estrenar, aunque este sea el peor año para llegar a las salas. Lo tenemos complicado, pero yo confío en que la película funcione, después de todos los años que hemos tardado en levantar el proyecto. Fue muy duro llegar hasta aquí… ¡y va y vivimos una pandemia mundial! Es una pena. “La Vampira de Barcelona” es una cinta para ver en un cine, y no en un iPad, un móvil o una tele. ¿Que, después, llegará a las pequeñas pantallas? ¡Por supuesto! ¿Que las plataformas son una gran salida para la exhibición? Es evidente. Pero, primero, que se vea en una sala.

Antes hablabas del género del film. No es una historia de terror convencional, de acuerdo, pero, en su estructura, sí se acerca al thriller, a través del personaje del periodista que interpreta Roger Casamajor y que investiga a Martí y a los turbios personajes que la rodean.

Es un thriller sobre cómo el poder crea un monstruo para tapar al monstruo verdadero y que es más cabrón. Y ahí encontramos a todo un star system de monstruos, formado por la policía, la justicia, la burguesía barcelonesa de principios del siglo XX y la prensa. Tanto ayer como hoy mismo, el poder es el auténtico vampiro que chupa nuestra libertad. Una de las frases más devastadoras que oímos en “La Vampira de Barcelona” es la de “¿a quién cojones le importa la verdad?”. Por mucho que intente lo contrario el personaje de Roger Casamajor, la prensa estaba al servicio del poder de la época.

Nora Navas y Roger Casamajor. «La Vampira de Barcelona».

Pese a todo, pese a su ajustado presupuesto, pese a no haber podido rodar todos los días que hubieras necesitado, ¿has hecho la obra que querías?

Creo que sí. He hecho una película de las que me gustan ver a mí, y por menos de un millón y medio de euros de presupuesto, un precio irrisorio para rodar una producción histórica. Este proyecto tiró adelante porque la gente tenía muchas ganas de hacerlo. Ahora estoy agotado, muy cansado, pero “La Vampira de Barcelona” servirá para poder impulsar una nueva película. Esa es la voluntad. ¿Y cuál será el tema de ese siguiente film? No lo sé. Lo único que sé es que me gustaría hablar de cómo el hombre puede explotar al hombre.

También estás muy satisfecho con el reparto. En el centro de la trama, el triángulo formado por Nora Navas, en el papel de Enriqueta; Roger Casamajor, como ese idealista periodista; y Bruna Cusí, que da vida a Amèlia, una prostituta que intenta sobrevivir.

Tuve la gran suerte de que los tres me dijeran que sí enseguida, porque, además, los tenía clarísimos para sus respectivos personajes. Conocí a Roger en “Laia”, la TV-movie que rodé en 2016, pero ya seguía su trayectoria en el cine desde “El mar” (2000), de Agustí Villaronga, un director que también me interesa mucho. Roger es un tío muy potente. Bruna Cusí y yo somos amigos desde hace muchos años. Todo el reparto es magnífico: Mario Gas, Francesc Orella, Sergi López, Francesca Piñón, Anna Alarcón, Núria Prims, Albert Pla, Itziar Castro… Si te fijas, Roger Casamajor y Pablo Derqui vienen a interpretar el mismo personaje. Al igual que ocurre con Nora Navas y Núria Prims: son la misma persona delante de un espejo. La película está llena de espejos, reflejos y sombras, como en “El gabinete del Dr. Caligari” (1920), una obra maestra muda de Robert Wiene, que, precisamente, ha sido homenajeada este año en el Festival de Sitges. Todo cuadraba.

Frances Orella, Bruna Cusí y Núria Prims. «La Vampira de Barcelona».

¿Cómo te defines como artista? Y es que tocas tantas teclas, desde el teatro a la televisión o el cine…

Es difícil autodefinirse. No tengo una voluntad de ser diferente. ¡Me sale así! No puedo evitarlo. Mi bisabuela me explicaba cuentos antes de dormir, y esto es algo que me marcó. Me gusta mucho hacer salir al espectador de su sitio habitual e iniciar con ellos una especie de ritual. Soy un explicador de historias, con una parte oscura bastante acentuada y al que le gusta caminar por la fantasía, como Francis Ford Coppola en su “Drácula” (1992) o Jean-Pierre Jeunet y Marc Caro en “Delicatessen” (1991) o “La ciudad de los niños perdidos” (1995).

¿Eres un niño perdido?

Sí, ese niño que no ha olvidado los carteles y la publicidad de los circos que hicieron sus grandes fortunas explotando a unos teóricos monstruos. ¿Te acuerdas de la Mujer Cocodrilo? Otra cosa que me apasiona son los zoos humanos de antaño. Al lado de la universidad de Barcelona había uno.

Pere Vall es periodista cultural y del mundo de la farándula en general, especializado en cine. Colabora en Time Out, Ara, RNE y Catalunya Ràdio, y fue redactor jefe en Barcelona de la revista Fotogramas durante más de 20 años. Fanático de Fellini, de las películas de terror buenas, regulares y malas, y del humor y la comedia en general. De pequeño quería parecerse a Alain Delon, y ha acabado con una cierta semejanza a Chicho Ibáñez Serrador. No se queja de ello.