1969. Siete jóvenes activistas son arrestados y llevados a juicio por promover una manifestación contra la guerra de Vietnam, justo después de la Convención Nacional Demócrata de 1968, que tuvo lugar tras el asesinato de Robert F. Kennedy y Martin Luther King Jr. Antes de iniciarse el juicio, la sentencia ya está escrita. Siete cabezas de turco a los que castigar por fomentar tumultos, una palabra que en Catalunya nos resulta familiar, pues así se definió a las protestas en favor de la independencia. Los siete fueron tomados como ejemplo de lo que no hay que hacer a ojos del régimen: alzar la voz. Lo suyo fue, con todas las letras, un juicio político. El castigo de un juez que desde el primer momento tenía muy claro cuál iba a ser el resultado final. No iban a salir impunes, y al mismo tiempo, iban a convertirse en un símbolo de la libertad de reunión y de expresión en Estados Unidos, y en el mundo entero.

‘El juicio de los 7 de Chicago‘, disponible en Netflix, podría formar parte de nuestro entorno más inmediato. De hecho, cualquier parecido con la realidad, no es, ni mucho menos, pura coincidencia. Lo hemos visto, sin ir más lejos, en el juicio a los líderes independentistas. Se encarcela a los cabecillas de las protestas tumultuarias (Jordi Sánchez y Jordi Cuixart) y se deja a la gente sin líderes. Luego, se les juzga, para que nadie se atreva a hacer lo mismo, ignorando el arma más peligrosa que existe: una sociedad alzada. Aquellos siete jóvenes del Chicago de los años 60 estaban luchando por nosotros, por las generaciones venideras, para que pudiéramos seguir saliendo a la calle.

«El juicio de los 7 de Chicago»

Si alguien creía que, de la noche a la mañana, podía pararse una revolución, estaba equivocado. Las protestas no cesaron tras el juicio de los norteamericanos. El grito contra la guerra de Vietnam siguió retumbando en las calles, igual que resonó años más tarde el de la guerra de Irak. Sólo hay que echar un vistazo al último año, el 2019, uno de los que ha acogido más protestas ciudadanas, y los inicios de este 2020: manifestaciones prodemocracia en Hong Kong, protestas contra el racismo policial en Estados Unidos (Black Lives Matters), Bielorrusia en contra del fraude electoral de Aleksandr Lukashenko; Perú, ahora en la calle por corrupción. Y un largo etcétera que demuestra cómo a la sociedad no se la puede callar. 

El director de ‘El juicio de los 7 de Chicago‘, Aaron Sorkin, creador de ‘La red social’ y ‘Steve Jobs’, nos invita a seguir luchando contra las injusticias. Lo hace al lado de un juez tendencioso y racista, brillantemente interpretado por Frank Langella (‘Frost – Nixon, La entrevista del escándalo’, ‘Buenas noches y buena suerte’), y con un abogado defensor que lucha contra la artimaña judicial, el actor Mark Rylance (‘Ready Player One’, ‘Dunkerque’), igual de sobresaliente. Ellos dos destacan en la trama, acompañados de grandes nombres como Sacha Baron Cohen (‘Borat’, ‘El dictador’), que pone el toque de humor; Eddie Redmayne (‘La teoría del todo’, ‘La chica danesa’), símbolo de la sensatez; y Joseph Gordon-Levitt (‘Origen’, ‘Looper’), el fiscal que defiende al régimen, con la profesionalidad por bandera.

«El juicio de los 7 de Chicago»

Las películas sobre juicios nos mantienen enganchados por la tensión que genera vivir un proceso judicial. Solemos, además, posicionarnos y ponernos en la piel de quien nosotros creemos que es el bueno. Sentimos empatía y odiamos a un juez que se muestra frío o cruel con la situación. Hay momentos de indignación, de rabia o pena por nuestro «hombre bueno’, momentos en los que parece que la cosa va mejor y nos alegramos por él, y el momento decisivo: la sentencia. En esta película, el final es de piel de gallina; una rebelión contra el sistema protagonizada por Eddie Redmayne. El juez le pide que se porte bien, y que diga las palabras mágicas para no ir a la cárcel, ignorando, de nuevo, que a una sociedad alzada contra la injusticia no la calla un juez.

Bárbara Padilla. Colaboradora en la sección de Series de ‘La Vanguardia’. Redactora y Locutora de Informativos en RAC1. Periodista desde 2007 en el área de Barcelona. Aficionada al cine desde que tiene uso de razón y a las series desde el boom de Netflix.