La carrera de Bruna Cusí (Barcelona, 1986) es una aventura que le lleva a embarcarse en los proyectos más arriesgados y excitantes. Ahora estrena “La reina de los lagartos” y, en diciembre, la veremos en “La vampira de Barcelona”. Dos sorprendentes personajes más en la brillante trayectoria de una actriz inquieta que se dio a conocer con “Verano 1993” e “Incierta gloria”, y que acaba de volver a subirse a las tablas con “Siglo mío, bestia mía”, en el madrileño Teatro Valle-Inclán.

Cuando los directores Fernando Martínez y Juan González, que forman los Burnin’ Percebes, te propusieron ser la protagonista de “La reina de los lagartos”, que explica la historia de amor entre un extraterrestre (Javier Botet) y una madre soltera, ¿cuál fue tu reacción? ¿Pensaste “esto es muy loco, demasiado loco”, o les contestaste con un “venga, sí”?

Fue un “venga, sí”. Yo ya había trabajado con Fernando y Juan en sketches del grupo “Venga Monjas”, e hice un cameo en su anterior película, “IKEA 2” (2016). Dije que sí sin leer el guion. ¡Me era igual! “¡Hagámoslo, chicos!”. Son dos directores muy talentosos, y estoy preparada para repetir con ellos.

Para ti, ¿el cine es aventura, y la televisión, donde has participado en series como “Pulseras Rojas” o “Instinto”, es la seguridad?

Sí y no. De alguna manera, el cine, y, sobre todo, el cine independiente donde yo me muevo, aún puede permitirse arriesgarse. El cine es un espacio artísticamente libre, pero, en los últimos años, la televisión también se ha puesto las pilas y está entrando en terrenos más arriesgados, afortunadamente.

Entonces, el teatro, ¿qué es? ¿Una vuelta a las esencias de la interpretación?

El teatro es el medio más difícil de todos. Tiene algo de ritual y de peligro que no tienen ni el cine ni la tele. Cada día te expones al público. Ahora que vuelvo a hacer teatro, estoy comprobando que la gente tiene ganas de ver historias emocionantes y llorar. Lo curioso es que, al final de la representación, en el momento de los aplausos, como tú no ves las caras de los espectadores por culpa de las mascarillas, tienes que confiar en que están sonriendo, que les ha gustado. El montaje de “Siglo mío, bestia mía”, que representamos en el Teatro Valle-Inclán, ha sido una especie de vacuna para mí y me ha dado esperanzas de cambio. Después del confinamiento y de esta especie de desconfinamiento, sigo en estado de shock, pero quiero ser positiva. El sistema tiene que cambiar.

“La Reina de los Lagartos”. Bruna Cusí y Javier Botet.

“Verano 1993”, “Ardara”, “Desaparecer”, “Mia y Moi”, “La vampira de Barcelona”… ¿Te estás especializando en óperas primas?

Sí, y no es una casualidad. Está saliendo una nueva generación de directores y directoras que son de mi edad, y participar en óperas primas es algo natural, una manera de crecer tanto para ellos y ellas como para mí. De la misma manera que Agustí Villaronga arriesgó conmigo dándome un papel protagonista en “Incierta gloria”, pese a ser yo una desconocida para el cine, a mí también me agrada confiar en realizadores noveles.

Ganaste el Goya y el Gaudí gracias “Verano 1993” (2017), de Carla Simón. ¿Dónde tienes las dos estatuillas?

Ahora mismo, en una estantería del comedor. Durante un tiempo, las tuve en la cocina, junto a los macarrones. Al cambiarme a una casa más amplia, pude cambiarlas de ubicación, y, en concreto, el Goya lo tengo junto a una caja de Lápices Pasteles Goya, ja, ja.

Algunos de tus premios vienen del mundo del cortometraje. Fuiste galardonada en el Festival de Aguilar de Campoo por el corto “Todo el mundo se parece de lejos” (2019), de Rafael de los Arcos. En tus inicios, colaboraste en muchos cortos. En la actualidad, ¿no puedes estar en tantos?

Empecé en esta profesión haciendo muchos videoclips y cortos. Me acuerdo mucho de mis trabajos con Oriol Puig Playà, que entonces era mi compañero de piso. Fueron cortos como “Miranda” (2012) o “It Girl” (2014). Me gustaría seguir participando en más cortometrajes, pero, ahora, por temas de calendario y tiempo, priorizo los largometrajes. También debemos tener en cuenta que, normalmente, los cortos no están remunerados, pero, si la historia me llega al alma, ¿qué importa el dinero?

“La Vampira de Barcelona”. Bruna Cusí y Roger Casamajor.

En diciembre estrenarás “La vampira de Barcelona”, que ha dirigido Lluís Danés. Otro proyecto nada estandarizado, una película de época que transcurre a principios del siglo XX y que nos cuenta la historia de Enriqueta Martí, conocida como la Vampira del Raval. Tú interpretas a Amèlia, una prostituta relacionada con un periodista (Roger Casamajor) que investiga los presuntos crímenes de Enriqueta. Otro film diferente, original, en tu currículum. ¿Otro riesgo?

Pues me pasó un poco lo mismo que con “La Reina de los Lagartos”: conozco a Lluís desde hace tiempo, y con él he trabajado en espectáculos teatrales y en videoclips. Enseguida entendí lo que quería hacer con este guion, porque conozco su universo y sabía que, a pesar del escaso presupuesto de la película, haría algo interesante. En sí, es un guion clásico, de tono policíaco, pero lo que hace diferente a “La vampira de Barcelona” es su propuesta artística. Amèlia es una típica femme fatale, pero, a la vez, es una superviviente, una prostituta con una infancia y una adolescencia complicadas.

Han pasado tres años desde el estreno de “Incierta gloria”, y tu camino y el de Agustí Villaronga no se han vuelto a cruzar. ¿Por qué?

¡Yo también me lo pregunto! ¡Díselo a él! Yo ya se lo voy recordando, y él me responde que, de momento, no tiene ningún personaje para mí. Guardo muchos recuerdos de ese rodaje. Por ejemplo, cómo nos reuníamos Oriol Pla, Marcel Borràs y yo con un historiador para que nos explicase el contexto de la película. Además, contábamos con una gran biblia que era la novela de Emili Teixidor en la que se basó “Incierta gloria”. Había cosas de mi personaje, Trini, que me recordaban a mi abuela, y tuve conversaciones con ella sobre la época de la Guerra Civil.

«Verano 1993»

Tampoco has vuelto a rodar con Carla Simón, después del fenómeno de “Verano 1993”.

En el caso de Carla, lo entiendo todavía más, por su propia manera de trabajar. Primero dibuja el personaje, y luego busca al actor y la actriz que lo interpretará. Y no al revés. Con “Verano 1993” tuve la suerte de parecerme, en su esencia y espíritu, a mi papel, Marga. Además, Carla no siempre rueda con actores profesionales, sino que le agrada mezclar actores y no actores. Estoy siguiendo con mucho interés el proceso de su próxima película, “Alcarràs”, cuyo rodaje se ha tenido que trasladar a 2021 por la pandemia.

En los últimos tiempos has coincidido dos veces con Mario Casas, en la película para Netflix “Hogar” y en la serie “Instinto”. Él tiene fama de perfeccionista y de ponerse siempre a prueba. ¿Tú eres igual?

Mario se prepara mucho y se implica hasta el límite con cada proyecto, con resultados muy positivos. Cada película requiere un trabajo interpretativo diferente, y no es lo mismo estar a las órdenes de Agustí Villaronga, al que le gusta estar muy cerca de sus actores, que en otros casos en los que no tienes la atención tan directa del realizador. O que tienes que improvisar. En general, soy muy exigente, muy autoexigente. A veces, demasiado.

¿Ya tenemos, pues, titular para la entrevista?

No, no, que siempre me ponen el mismo titular: este de la exigencia, y también el de picar piedra. Démosle la vuelta: «tengo que dejar de ser tan exigente».

Pere Vall es periodista cultural y del mundo de la farándula en general, especializado en cine. Colabora en Time Out, Ara, RNE y Catalunya Ràdio, y fue redactor jefe en Barcelona de la revista Fotogramas durante más de 20 años. Fanático de Fellini, de las películas de terror buenas, regulares y malas, y del humor y la comedia en general. De pequeño quería parecerse a Alain Delon, y ha acabado con una cierta semejanza a Chicho Ibáñez Serrador. No se queja de ello.