Posesión de la pareja, violencia física, maltrato. Someter al otro, obligar a que se quede contigo. Es una película, una ficción, pero bien podría ser una historia real, al lado de esas frases de violencia de género que son una amenaza en toda regla: «Eres mía. Hasta la muerte». El miedo a perder a la pareja -y a que otro pueda disfrutar de ella- es la base de ‘El practicante’, dirigida por Carles Torras, estrenada en Netflix y protagonizada por un lunático Mario Casas. 

Acostumbrados a ver a Casas en su papel de guaperas, camelándose a la más guapa de la fiesta, el actor nos descoloca en su papel de neurótico. Ya lo hizo en pleno confinamiento con ‘Hogar’, un film donde hace de padre de familia ejemplar. Y estos días podemos verlo en el cine en el papel de chaval humilde en ‘No matarás’. Un thriller que nos mantiene en vilo por la mala fortuna que corre el protagonista, muy a su pesar, en el transcurso de una noche. Dos registros en los que ya vemos la evolución de Casas como actor, pero que están muy lejos del que fríamente desempeña en ‘El practicante’.

Mario Casas en «El practicante».

En esta película, Casas va más allá. Se pone en la piel de un ser amargado por la vida. Lo conocemos como sanitario en una ambulancia, asistiendo a víctimas de accidentes de tráfico. Hasta que, justamente, cosas de la vida, él tiene uno, y se queda en silla de ruedas. Ahí pierde la poca sonrisa que tenía. Su chica, la actriz Déborah François, empieza entonces a distanciarse y el carácter de Casas se vuelve agrio y oscuro. Cada vez más agresivo. Hasta que elige la peor opción: retener a su chica -lo único que parece tener en esta vida- cueste lo que cueste. 

La silla de ruedas, sin embargo, no le transforma en un ser vil y vengativo; ya lo es antes del accidente. Su necesidad de poseer a la pareja o de hacerla sentir culpable ya está presente antes. El director, sin embargo, no ahonda en por qué se comporta de esa manera. No sabemos nada de su pasado, de por qué se muestra tan desconfiado, por ejemplo. Y eso se echa de menos en la historia. Nos falta una pieza en el rompecabezas que nos explique por qué, antes del accidente, Casas es tan oscuro, aun teniendo amor, trabajo y salud en su vida.

Mario Casas en «El practicante».

Un argumento que, inevitablemente, nos recuerda al film ‘Mientras duermes’, y a la sublime intervención de Luis Tosar. El actor, un portero amargado como Casas, no soporta ver felices a los demás y le hace la vida imposible a una vecina. En ‘Te doy mis ojos’, Tosar también muestra el lado más oscuro de la violencia de género. Otros ejemplos cinematográficos de violencia contra la mujer los encontramos en ‘Durmiendo con el enemigo’, con Julia Roberts, ‘Solo mía’, con Paz Vega, o ‘Nunca más’, con Jennifer López. Películas en las que la mujer sufre el espíritu vengativo de un hombre que no soporta quedarse solo; películas que no son más que un reflejo de la sociedad y de cómo, durante años, el hombre ha considerado a la mujer «mía, y de nadie más».

Bárbara Padilla. Colaboradora en la sección de Series de ‘La Vanguardia’. Redactora y Locutora de Informativos en RAC1. Periodista desde 2007 en el área de Barcelona. Aficionada al cine desde que tiene uso de razón y a las series desde el boom de Netflix.