En un mundo en el que el optimismo ha sido convertido en un mantra que hay que entonar casi obligatoriamente para no desentonar, en un mundo de felicidad aparente propagada por las redes sociales que tienen más que ver con el deseo de encajar que con el hecho de ser realmente feliz, en un mundo con el sello de Mr. Wonderful, se agradece, y mucho, una serie como “Kidding”. La vida ofrece muchos motivos para sonreír pero también otros tantos para llorar.

Jim Carrey en “Kidding”

El protagonista de esta serie es la quintaesencia de la bondad y el optimismo: un presentador de televisión de un programa infantil que habla con tono amable, predica el bien y da lecciones de la vida simplistas en un plató de tono pastel acompañado de marionetas. Pero ¿qué sucede cuando la tragedia embiste a este tipo como un tren a toda velocidad? ¿Qué ocurre cuando alguien que es demasiada buena persona para este mundo recibe el peor golpe que este mundo le podía dar? Esto es lo que explora “Kidding”, cuyo punto de partida es la muerte de uno de los hijos de este personaje de gesto risueño, mandándolo directamente a una UCI emocional y psicológica de la que no tiene herramientas para salir.

Jim Carrey y Sharon Osbourne en “Kidding”

La primera temporada, situada un año después de la tragedia, presentó a un personaje que no había conseguido gestionar lo ocurrido, intentando utilizar su propio programa como un espacio para pasar el duelo. Interpretado por un Jim Carrey que ha sabido encontrar matices entre el dolor y la necesidad de no renunciar a la visión positiva que el personaje tiene del mundo, vimos como el personaje iba llegando lentamente al límite, hasta que (y ahora viene un spoiler) ya no pudo más. La ira encontró una brecha en la que poder salir a la superficie de este hombre con horchata en las venas y acabó atropellando al nuevo novio de su exmujer. El personaje afable convertido en monstruo.

¿Qué ocurre cuando alguien que es demasiada buena persona para este mundo recibe el peor golpe que este mundo le podía dar?

Es una transformación parecida a la de “Breaking Bad”. Pero si Walter White es un hombre en esencia egoísta que encuentra una excusa para serlo a través del diagnóstico de cáncer, aquí Jeff Piccirillo es un hombre en esencia altruista y generoso al que la muerte de su hijo lo lleva a un lugar en el que no tiene más remedio que dejar de serlo. Necesita gritar, necesita odiar, necesita golpear.

Jim Carrey en “Kidding”

“Kidding” es una serie con un tono único, a medio camino entre la melancolía y la rabia, la inocencia y el cinismo, la marioneta y el cadáver

Por eso la segunda temporada no continua la progresión del personaje hacia su reverso oscuro porque este no existe. En su lugar, el creador Dave Holstein ha optado por ofrecer una crónica de cómo este hombre que nunca se había visto a si mismo capaz de cometer un crimen busca una manera de hacer las paces consigo mismo. Por eso lo primero que hace es confesar, en vez de esconder lo que ha hecho. Continúa queriendo ser buena persona. Esta voluntad hace de él un personaje único en el universo de los antihéroes que han poblado la televisión de los últimos años. Y a “Kidding” una serie con un tono único, a medio camino entre la melancolía y la rabia, la inocencia y el cinismo, la marioneta y el cadáver.

kidding
Jim Carrey, Judy Greer y Catherine Keener en “Kidding”

La búsqueda de la redención de este personaje en la segunda temporada es una de las tramas más conmovedoras, y honestas que he visto en mucho tiempo en cualquier serie. Tan maravillosa que casi le he perdonado a Michel Gondry que esta temporada solo haya dirigido dos episodios y se haya limitado a ser productor ejecutivo. Podéis encontrar las dos temporadas de “Kidding” en Movistar.

Toni de la Torre
Crítico de series de televisión. Trabaja en El Món de Rac 1, El Temps, Què fem, Ara Criatures, Sàpiens y Web Crític. Ha escrito libros sobre series de televisión. Profesor en la escuela de guión Showrunners BCN, le gusta dar conferencias sobre series. Destaca el Premio Bloc Catalunya, 2014.