Película de aventuras para los niños, pura nostalgia para los adultos

“Sonic” es una entretenida película de aventuras a los ojos de un niño de ahora. Un erizo peludo que se mueve a la velocidad de la luz y un villano (Robotnik, también conocido como Doctor Eggman) al que le falta un tornillo y con una alocada obsesión: capturar y hacerse con la energía y el superpoder del ser azul.

A los ojos de un adulto es otra cosa. Pura nostalgia de aquellas tardes infinitas jugando a la videoconsola, transformando a Sonic en una bola supersónica a golpe de mando, absorbiendo anillas como si no hubiera un mañana, y maldiciendo como éstas se pierden al tocar al enemigo.

Pura nostalgia de aquellas tardes infinitas jugando a la videoconsola

La producción de Jeff Fowler, que debuta como director, tiene como aliciente el componente emocional para los nacidos en los 80-90. También los efectos visuales -una mezcla de animación y live action– y el mejorado diseño de Sonic (el dibujo inicial del erizo fue muy criticado y gracias a la presión de los fans se rediseñó por uno más fiel al videojuego). Su ‘contra’, sin embargo, es el guion: resulta poco original y, en efecto, demasiado previsible. No hay sorpresas: personaje de otro planeta encuentra a humano (James Marsden) del que se hace amigo y viven aventuras juntos combatiendo al villano, papel que se ofrece a Jim Carrey, y que, como buen loco, le queda al dedillo. No sería de extrañar que lo viéramos evolucionar en una segunda parte.

Jim Carrey en “Sonic”

Su ‘contra’, sin embargo, es el guion: resulta poco original y, en efecto, demasiado previsible

Si nos acogemos al factor nostalgia, el director nos gana introduciendo en el film referencias a los años 90 cuando nació el videojuego; hoy, uno de los más vendidos de la historia. El personaje tiene en su guarida un radiocasete, lee cómics de “Flash”, en el film se habla de la película “Men in Black” y aparece una escena del “Speed” de Keanu Reeves. Incluso hay un homenaje a las películas road-trip que fueron tendencia en el pasado. También suenan canciones de entonces: “Gangsta’s Paradise” de Coolio, o “Blitzkrieg Bop” de Ramones. Estas menciones son justamente el hilo que conecta a la generación de la videoconsola Sega con la historia. El director no se olvida del contexto de quienes vivieron aquella etapa, y eso le da un toque aún más especial para quienes pasaban tardes enteras saltando de seta en seta y coleccionando los preciados aros dorados.

“Sonic”

El film también nos ofrece una interesante reflexión sobre la soledad. Sonic no tiene amigos. Vive solo durante 10 años porque no puede exponerse a ser visto, y está deseando tener un compañero de travesuras. Se entretiene con sus múltiples personalidades, pero siempre le acaba faltando algo. Una vez más, el cine nos deja un mensaje para la vida que nos recuerda lo que ya nos decía en 2007 el film “Hacia rutas salvajes”: la felicidad sólo es real si es compartida.

Bárbara Padilla
Colaboradora en la sección de Series de ‘La Vanguardia’. Redactora y locutora de Informativos en RAC1. Periodista desde 2007 en el área de Barcelona. Aficionada al cine desde que tiene uso de razón y a las series desde el boom de Netflix.