‘Parásitos’ (Parasite) es una sorpresa constante

Cuando crees que lo que estás viendo es una comedia, toma, giro de guion. Entras en el drama más absoluto. Y cuando te haces a la idea de que eso es lo que vas a ver hasta el final, el filme te regala una dosis de terror que acaba de poner la guinda al pastel. Otro giro de guion en una película de la cual no esperas nada en concreto, y que se transforma en una locura sin fin. Un ingenioso 3 por 1 que te provoca risa, tristeza y hasta momentos de tensión. Entras en el cine sabiendo que es una producción de Corea del Sur que este año se ha llevado la Palma de Oro en el Festival de Cannes a la Mejor Película, y sales pensando que, efectivamente, lo que acabas de ver es una maravilla. 

Bong Joon-ho: “Soy un sádico. Me gusta que el público sufra mientras se divierte, que se ría aunque sabe que está mal hacerlo. Además, la vida real no es o tragedia o comedia, sino una combinación de las dos. Por eso, mis películas también lo son” (El Periódico)

El director, Bong Joon-ho, te lleva de la mano por la vida de una familia sin recursos que decide utilizar el ingenio para salir adelante. Viven en una casa donde hay más chinches que humanos. Su día a día es doblar cajas de pizzas para poder comer. Hasta que la suerte se pone de su lado. De repente, las cosas les empiezan a ir bien. Madre, padre, hermano y hermana, más unidos que nunca, salen de la miseria y empiezan una nueva vida al lado de una familia de ricos. Cada uno con una personalidad muy marcada: el hijo, el líder de la ‘banda’, la hija, la diseñadora creativa de los planes, el padre, que aprende a mentir como nadie, y la madre, que transforma su agrio carácter en el de una cariñosa ama de casa. Al final, son parte de tu familia.

Bong Joon-ho: “La gente con dinero considera a los pobres unos parásitos, particularmente en Corea, donde la palabra tiene una connotación negativa, porque se asocia al desprecio y la humillación” (ABC)

Entre risas y alguna que otra lágrima, el mensaje te va calando: las desigualdades sociales, las clases, el mal reparto de la riqueza, la injusticia, los parásitos (quienes quedan fuera del sistema); los que no tienen nada versus los que lo tienen todo. Una familia que malvive frente a otra que vive de la apariencia, la ostentación, los prejuicios, y que contrata a pobres para que hagan el trabajo que ellos no quieren: cargar la compra, hacer la comida, limpiar, ayudar a sus hijos a estudiar… Un reflejo de la condena que, en la vida real, arrastran aquellos que, a pesar de tener talento y habilidades, no disponen de recursos u oportunidades para progresar, y a quienes se castiga, simplemente, por haber nacido en el lugar equivocado.


Bárbara Padilla: Colaboradora en la sección de Series de ‘La Vanguardia’. Redactora y Locutora de Informativos en RAC1. Periodista desde 2007 en el área de Barcelona. Aficionada al cine desde que tiene uso de razón y a las series desde el boom de Netflix.