La recién parida serie de Isabel Coixet me ha atrapado irremediablemente. Y digo bien parida porque su ADN está en cada uno de los monólogos y en cada retazo de información que va administrando con una maestría absoluta. Flashbacks e imágenes salteadas que pueden ser un sinsentido, para en el último capítulo, provocarte un suspiro y formar un todo. Como decía antes, un hijo perfectamente reconocible de la Coixet pero con un ritmo, en mi opinión, nuevo.

Mi relación con el trabajo de la Coixet ha sido una montaña rusa que se ha convertido en un dulce paseo en noria. Lo que espero de una serie es, que además de engancharme, me conmueva y puedo afirmar que, en Foodie Love, he encontrado esas palabras a las que acudir cuando quiero inspirarme. Magníficos soliloquios, frases míticas y la manera de tratar una historia en la que dos desconocidos se van descubriendo, son magníficos ingredientes para dejarnos un buen sabor de boca como colofón a este año.

Aunque el hilo argumental no es original, chico conoce a chica a través de una aplicación, pero esto también lo borda al estilo ‘a fuego lento de los buenos guisos’. Alrededor de él aparecen historias satélites que no tienen menos profundidad y son importantes por sí mismas. Como ejemplo: capítulo dos, el personaje de Yolanda Ramos nos cuenta su historia y casi toma más relevancia que la principal. Dejando constancia que la Ramos da vida propia a los personajes que interpreta. La naturalidad desbordante de Laia Costa y la contención del personaje de Guillermo Pfening provocan que los treinta minutos de cada episodio se pasen en un santiamén.

Cada capítulo es una historia con su giro de guion que lo cierra, como si de cortometrajes se tratara. Coixet nos demuestra que para hacer arte con mayúsculas hay que exponerse y lo hace sin límites, se abre en canal y muestra su vulnerabilidad. Tal y como explicaba en sus redes sociales el día del estreno.

Por si fuera poco, nos muestra donde podemos tomar un café con estilo instagramer, que si quieres destapar tu lado más cool tienes que ir a una coctelería clandestina, y que la comida oriental está ocupando posiciones en nuestro menú semanal. Esto entre otros muchos tips que presentan a Barcelona como la ciudad ideal para disfrutar de nuestro ocio foodie, aunque no todo está inspirado en ella.

En una entrevista en Elle, Isabel afirmaba: ‘’Tú ves los ocho capítulos y claro… Te dan unas ganas de comer y follar increíbles’’ y yo lo confirmo. Aunque a veces no tengamos a mano con quien realizar la segunda parte.

Hablando de segundas partes, esperemos que HBO y la Coixet estén manos a la obra.

Y recuerden: “La vida es corta, muy corta” 😉