Las películas “de Navidad” son una cuestión de estado de ánimo

Las películas de Navidad son un género en sí mismo, pero no dependen solo del hecho que tengan lugar durante estas fiestas o que tengan la vocación de ser vistas en este período: son, al final, una cuestión de estado de ánimo, porque las vemos “de Navidad”, independientemente de si aprovechan o no para enaltecer esta efeméride. Dicho de otra forma, son “de Navidad” porque nos lo evocan de una manera directa o indirecta, y porque nos ayudan a quererla u odiarla en función de nuestra actitud con el tema.

Empezamos por las películas de Navidad más canónicas. Entre los clásicos, la más imprescindible es “¡Qué bello es vivir!”, porque además de tener la perfecta estructura de un cuento navideño, es una incitación para reflexionar sobre nuestras vidas en un momento de fuerte carga moral. También se puede recurrir a “Navidades blancas”, un dinámico musical con Bing Crosby y Danny Kaye que es todo un compendio de buenas intenciones.  

Entre las versiones más actuales de la Navidad es inevitable “Solo en casa”, una película que disfraza de comedia alocada una reivindicación incluso más vehemente sobre la unidad familiar y los valores propios de estas fechas; “Los fantasmas atacando al jefe”, donde Richard Donner actualiza la historia de Mr. Scrooge con un Bill Murray en su salsa; “Un padre en apuros”, la crónica de cómo Schwarzenegger es capaz de convertirse en un superhéroe para encontrar el juguete deseado de su hijo; “The Polar Express”, la mejor contribución de Robert Zemeckis a en la animación y también una notable puesta al día de la patraña navideña tradicional; o “Mientras dormías”, una castaña romántica con Sandra Bullock haciéndose pasar por la novia del hombre de sus sueños (en coma después de un accidente) y que, aunque te cueste reconocerlo, te quedas mirándola siempre que la emiten.

 Y por supuesto, “Love Actually”, esta comedia coral que se ha convertido en todo un referente del género gracias a su capacidad para ilustrar las muchas maneras que se puede percibir y vivir la Navidad. Todas las historias tienen su qué, pero pocas tienen la ironía y la brillantez de la que protagoniza Bill Nighy.

Si de lo que se trata es de dar la vuelta a los valores navideños, una de las mejores decisiones que se pueden tomar es ver “Gremlins”, seguramente el cuento navideño más subversivo nunca filmado. Nunca los villancicos han sonado mejor que cantados por ellos. En esa línea, la fundamental “Pesadilla antes de navidad”, la crónica de un secuestro que pone en peligro los valores tradicionales, y al mismo tiempo sirve para que tomemos consciencia de la necesidad de modernizarlos.

De las visiones más irreverentes de la Navidad es imposible no nombrar a dos Papá Noel poco convencionales: el de “Bad Santa”, donde Billy Bob Thornton se ríe con mala baba del uniforme más icónico de las fiestas, y el de “Noche de paz, noche de muerte”, un “slasher” desequilibrado repartiendo destrales en lugar de regalos. Si de terror se trata, esta puede ser: “Black Christmas”, tanto la de 1974 como la recientemente estrenada.

Para acabar, un clásico irrefutable y una recomendación personal. El primero es la mejor película “de Navidad” de la Historia: “La Jungla de Cristal”. John McClane representa al Scrooge que todos llevamos dentro en su lucha, contra los terroristas que amenazan su reconciliación familiar. “Ahora tengo una ametralladora, Ho Ho Ho” es una filosofía de vida. La segunda es “Los tres reyes malos” (el título original es “The night before”), la impagable comedia de Jonathan Levine donde tres amigos de toda la vida, Joseph Gordon-Levitt, Seth Rogen, y Anthony Mackie, pasan la noche de Navidad entre drogas, fiestas privadas, Miley Cyrus y Michael Shannon. No se puede pedir más.  


Pep Prieto: Periodista y escritor. Crítico de series en ‘El Món a RAC1’ y en el programa “Àrtic” de Betevé. Autor del ensayo “Al filo del mañana”, sobre cine de viajes en el tiempo, y de “Poder absoluto”, sobre cine y política.