“Merlí: Sapere Aude” es el esperado spin-off de la serie “Merlí”, que Movistar+ acaba de estrenar

. Carlos Cuevas (Montcada i Reixac, 1995) toma las riendas de la historia creada por Héctor Lozano, a través de su carismático personaje, Pol Rubio, que ingresa en la universidad para estudiar filosofía. Pero Pol también aprovechará el tiempo y su juventud para enamorarse y tener muchos tipos de encuentros sexuales. El actor nos cuenta las nuevas y excitantes aventuras de Pol, fuera y dentro de las aulas. ¿Y cómo será su relación con Bruno Bergeron a lo largo de estos ocho capítulos? ¡He aquí la cuestión!   

En “Merlí: Sapere Aude”, Pol Rubio ya no es tan… ¿gamberro, libre, inconsciente?

Pol conserva su esencia: es ese chico de “Merlí” al que los espectadores seguirán reconociendo, con sus salidas de tono y sus errores, pero ahora es más maduro. Al principio de la nueva serie, Merlí (Francesc Orella) acaba de morir, y Pol está ofuscado, está de duelo y quiere dejar los estudios. Pero entra en la universidad para estudiar filosofía.

Además, aprueba una asignatura pendiente, que es reconciliarse con su padre, que vuelve a ser interpretado por Boris Ruiz.

El fallecimiento de Merlí, que era un referente para mi personaje, dinamita muchas cosas en su vida. Y se producirá un acercamiento con su padre, aunque quien tuvo, retuvo, y no será fácil. Ellos dos nunca han sido muy empáticos.

“No me asustan las secuencias de sexo, siempre y cuando estén justificadas”

En la universidad, Pol tiene a una profesora que le pondrá en más de un aprieto. ¿Cómo es María Bolaño, el personaje que interpreta María Pujalte?

Bolaño se convertirá en el nuevo referente intelectual de Pol, en una generadora de expectativas y en la proyección de lo que él quiere ser de mayor. Es una tía participativa, viva, que genera debate entre sus alumnos.

¿Es cierto que en la serie hay muchas escenas de sexo?

¡Totalmente! No me asustan las secuencias de sexo, siempre y cuando estén justificadas. La única barrera que pongo en este tema es cuando se cae en la gratuidad y el mal gusto. No hay ninguna escena sexual que no explique algo de la historia y de los personajes. Pol descubrirá un tipo de sexo que no había experimentado antes…

“Me llama mucho la atención comenzar a explicar historias desde mi punto de vista”

Hace un año, dijiste que no a varios proyectos de teatro, para rodar la serie “45 revoluciones” (Antena 3). ¿Tienes ganas de volver a las tablas?

Siempre. Y de hacer más cosas, además de actuar. Le tengo mucho respeto a la dirección y a la escritura, pero me gustaría probar. Cuando estoy en un rodaje le pregunto al equipo por su trabajo. Al director de fotografía, por las ópticas que usa. Me llama mucho la atención comenzar a explicar historias desde mi punto de vista. La interpretación no la pienso dejar nunca, y, por otra parte, creo que todos los directores deberían de estudiar interpretación para conocer nuestro oficio y saber cómo somos los actores.

 “Espero que la popularidad me pille trabajando”

Eres muy inquieto culturalmente. ¿Una película reciente que te haya gustado mucho? ¿Y un clásico de toda la vida?

“Los días que vendrán”, de Carlos Marqués-Marcet, es mi peli favorita de 2019. Y la semana pasada vi “En los 90”, de Jonah Hill, y ojalá la hubiese dirigido yo. ¿Un clásico? “Pierrot el Loco” (1965), de Jean-Luc Godard. Me encanta la Nouvelle Vague: Godard, Truffaut, Rohmer…

Tras el estreno de “Merlí: Sapere Aude”, prepárate para una nueva ola de popularidad.

No me gusta nada la popularidad, y espero que la que me llegue ahora me pille trabajando, en un plató o en un teatro. Hay gente que la busca, pero a mí me supera. Y no me estoy haciendo el ‘indie’ o el intelectual, no. Algunas personas que se te acercan son muy amables y educadas, pero hay otras que te piden una foto en un hospital o durante un funeral.


Pere Vall es periodista cultural y del mundo de la farándula en general, especializado en cine.
Colabora en Time Out, Ara, RNE y Catalunya Ràdio, y fue redactor jefe en Barcelona de la revista Fotogramas durante más de 20 años.
Fanático de Fellini, de las películas de terror buenas, regulares y malas, y del humor y la comedia en general.
De pequeño, quería parecerse a Alain Delon, y ha acabado con una cierta semejanza a Chicho Ibáñez Serrador. No se queja de ello.