Hace varios años se hizo un estudio sobre la felicidad

En él se consideraba que los dos momentos de mayor alegría y éxtasis de un ser humano eran tener un orgasmo y cuando nuestro equipo de fútbol marcaba un gol. El estudio iba más allá, y especificaba que el gol era aún más beneficioso para nuestra felicidad ya que al contrario que el orgasmo, el gol nos suele pillar por sorpresa.

Dicho esto, entenderán que hacer una serie sobre el mundo del fútbol es, como mínimo, complicadillo, ya que compites contra el mayor espectáculo del mundo, que además es algo vivo, cambiante y, como decía antes, suele contar con un final inesperado, algo difícil de conseguir en una serie, en la que estás atado a las estructuras, los presupuestos y los tiempos que te impone la industria. Vamos, que por mucho oficio que le pongas, es difícil superar la emoción que sintió España cuando Iniesta marcó el gol en la final de la Copa del Mundo o cuando le metimos el 12-1 a Malta.

Había que darle una vuelta a la historia, lo que todo el mundo conoce, alejarnos del fútbol como evento deportivo y centrarnos en lo que se esconde tras esa cortina de pasión por el deporte rey. Contar las historias que nunca salen a la luz, pero que demuestran que todo lo que rodea al fútbol respira humanidad. Con sus luces y sus sombras. Sus pecados y sus virtudes.

La novela “El fútbol no es así”, de Javier Tebas y Pedro Torrens, era perfecta para indagar en ese submundo que rodea el fútbol. Con las apuestas ilegales como telón de fondo, se iban sucediendo historias en las que la corrupción, las mafias y el dinero negro campaba a sus anchas, ingredientes perfectos para hacer una serie que llamara la atención tanto a los seguidores del fútbol como a los que lo odian, porque ese era otro de los retos de la serie, seducir a los hatters. Daniel Carparsolo, Eduardo Sachieri y yo (un poco más tarde) decidimos que ésta debía ser una serie de personajes con personalidades fuertes, complejas y contradictorias que nos dieran conflictos potentes y cuyas vidas estuvieran al límite.


Son personas reales a los que sus debilidades y sus ambiciones les han colocado en una situación complicada

La familia Hidalgo refleja perfectamente esa idea. Al igual que los Soprano, los Donovan, o los Byrde (la fantástica familia de la serie Orzak, protagonizada por unos increíbles Jason Bateman y Laura Linney) son personajes reales a los que sus debilidades y ambiciones les han colocado en una situación extrema, teniendo que adaptarse a un mundo y a unas circunstancias que les superan mientras tratan de conservar una normalidad que los mantenga con los pies en la tierra, para no dejarse arrastrar por esa bola de nieve que amenaza con engullirlos a todos.

La otra pata en la que se sostiene “Todo por el juego” es Laura Ballesteros, la alcaldesa y su universo de la política local, en el que la corrupción es el pan nuestro de cada día, y que constituye una pieza más en el inmenso engranaje del poder, donde empresas, corporaciones, gobiernos extranjeros, e incluso mafias, luchan en la sombra por lo realmente importante: gobernar al que gobierna.

Como veis, “Todo por el juego” es más que una “serie de fútbol”, y si os acercáis a verla estoy seguro de que os sorprenderá y quién sabe, lo mismo acabáis haciéndoos fans del Deportivo Leonés.

Abraham Sastre lleva trabajando como guionista de televisión más de veinte años en series como “Los Hombres de Paco”; “El Internado”; “La Victima nº 8” (permio IRIS mejor dirección de ficción 2019). En sus últimos trabajos ha participado junto a Daniel Calparsoro en el desarrollo y la coordinación de guion de “Todo por el Juego”. Además, es coautor de las novelas “Tierra trágame y escúpeme en el Caribe” y “Amar es mandarlo a la mierda y querer irte con él” para la editorial Espasa, y coguionista de la película “Te quiero, imbécil”, pendiente de estreno.