La serie de Netflix sobre la monarquía británica acaba de estrenar su tercera entrega, ambientada en las décadas de los sesenta y setenta

Con una escena sobre la renovación de la imagen de Isabel II en los sellos nacionales y un par de frases sobre el paso del tiempo, el guionista Peter Morgan justifica la principal novedad de la tercera temporada de “The Crown” (Netflix): el cambio total de su ficticia familia real británica, ahora liderada por la oscarizada Olivia Colman. Lejos de ser un inconveniente, los intérpretes de la versión madura de los soberanos y sus familiares se mueven incluso más cómodos que sus predecesores por los pasillos de Buckingham. Lo que no cambia, eso sí, son las señas de identidad de “The Crown”: una producción exquisita, unos guiones cargados de inteligencia y dobles sentidos y un entretenido funambulismo entre la vida pública y la privada de la monarquía.

Al mezclar los hechos históricos con las conversaciones del matrimonio real durante la cena y las quejas de unos hijos que buscan su propia voz entre el estricto protocolo, “The Crown” dispara a todos los públicos: a los amantes del thriller político y la serie de espionaje; a los del drama romántico y el culebrón. Y esa es su mayor ventaja. Ni siquiera es necesario ser monárquico para disfrutarla. La propia Olivia Colman reconoció a “The Guardian” que ha pasado de ser progresista y no pensar demasiado en la Reina a admirarla hasta el punto de considerarla una “feminista total”. Incluso el “republicano” Tobias Menzies, el nuevo Duque de Edimburgo, se ha rendido a la “indudable dedicación y servicio” de los actuales soberanos británicos.

El relato histórico de “The Crown 3”, no siempre benévolo con sus protagonistas, comienza en 1964 con la llegada de Harold Wilson (Jason Watkins) a Downing Street. Peter Morgan (“The queen”, “Frost/Nixon”) rescata también de los libros de historia la muerte de Churchill, el desastre de Aberfan, el viaje de la Princesa Margarita a Estados Unidos, la muerte de Eduardo VIII, la llegada del hombre a la Luna, el nombramiento de Carlos de Inglaterra como Duque de Gales y la celebración de los 25 años de reinado de Isabel II. Se nota en estos últimos retratos que “The Crown” es una de las series más caras del panorama (más de diez millones de euros por episodio), al menos hasta que a “Juego de Tronos” le dio por regodearse en sus batallas finales.

Sin Lady Di

De los mentideros, los tabloides o la pura ficción salen las tramas más jugosas: el regreso de la madre del Felipe de Edimburgo, Alicia de Grecia y Dinamarca (que merece un “spin-off”), la relación entre la fiable y estoica Isabel II y su alocada hermana Margarita (aquí una contenida Helena Bonham Carter) y el tormentoso divorcio de esta, la rebeldía de la Princesa Ana (Erin Doherty), la soledad de Carlos de Inglaterra (Josh O’Connor) ante la falta de empatía de su madre y sus primeros escarceos amorosos con Camilla Parker Bowles, entonces Camilla Shand. El complot para evitar este matrimonio es tan increíble que no ha sobrevivido al “fact-checking” de los historiadores.

Uno de los momentos más esperados para los nostálgicos, la llegada de Lady Di (Emma Corrin) a la familia Windsor, se verá en la cuarta temporada, que ya se está rodando y ha pasado por España. Tampoco ha escapado a las críticas, en este caso de un exjefe de prensa de la Reina, la estrecha amistad que muestra la serie entre Isabel II y lord Porchester, al que llamaba cariñosamente Porchey.

Con tanto conflicto y trasiego institucional, “The Crown” no es una serie para “maratonear”, sino para degustar.

Con tanto conflicto y trasiego institucional, “The Crown” no es una serie para “maratonear”, sino para degustar. El personaje de Harold Wilson resume, al hablar de la familia real, la esencia de la ficción: “Señora, no son normales. El pueblo no cree que lo sean y, si me permite, tampoco lo quieren. La verdad es que no sabemos lo que queremos, aparte de que queremos que sean extraordinarios, un ideal”. “The Crown” no es normal y tampoco queremos que lo sea. Queremos que siga siendo magnífica. Y lo mejor es que nos quedan tres temporadas más de biografía real.


Helena Cortés. Periodista (de las de vocación) y comunicadora audiovisual, es la chica de la tele en ABC y ABC Play. Analizaba series y programas en Non Stop People (Movistar+) y Cope y ahora puedes escucharla en “Las cinco letras” de “El enfoque” de Onda Madrid. Aprende y enseña Periodismo en la Universidad Carlos III.