Con “Intemperie”, Benito Zambrano (Sevilla, 1965) vuelve a hablar de violencia, como en su popular “Solas” (1999), y de los desastres de las guerras, como ya hizo en “La voz dormida” (2011). Y lo hace a través de un niño (Jaime López) que huye de los malos tratos de un capataz (Luis Callejo), y que encontrará ayuda y comprensión en un pastor (Luis Tosar). El cineasta desgrana las claves de este drama rural con mensaje que ahora estrena.

¿Cuántas veces te han preguntado si “Intemperie” es una especie de western?

¡Muchas! Al escribir el guion sobre la novela de Jesús Carrasco, lo que no hicimos fue decir: “Vamos a hacer un western”. Pero sí que es verdad que la película tiene muchos toques western, pero introducidos de una manera orgánica, no forzada: el paisaje, los planos generales, el sol, el terruño… La geografía es una protagonista más. Es un western que va de la oscuridad hacia la luz, y que se mueve entre el Bien y el Mal. Y tiene unos personajes muy arquetípicos: un niño y un hombre que se escapan, y unos malos tipos que los persiguen.

“El ser humano tiene dentro un monstruo que, cuando lo saca, es terrible”

El guion transcurre en tierras andaluzas, después de la Segunda Guerra Mundial. ¿Podría estar ambientada en otro lugar y hoy en día, y funcionaría igualmente?

En la España actual, un niño que sufre malos tratos puede acudir a la policía. En otros lugares es más complicado. “Intemperie” habla de temas eternos, como es el odio. El ser humano tiene dentro un monstruo que, cuando lo saca, es terrible. ¿Otro tema actual? Los enfrentamientos entre personas con diferentes maneras de pensar. Es eso de “si tú no estás conmigo, estás contra mí”.

Intemperie

¿Cuándo fue la última vez que viste “Solas”? ¿Qué pensaste de ella?

Pues la verdad es que hace mucho tiempo que no la veo entera, porque me pongo a sufrir por las cosas que no veo bien. ¡Enseguida veo sus defectos! Sorprendentemente, también contiene muchas temáticas que se mantienen actuales y, por desgracia, no han pasado de moda: la soledad de los viejos o los malos tratos. Pero hay un tema positivo: el nacimiento de nuevas formas de familia. Ahora, esto ha evolucionado hacia familias formadas, por ejemplo, por una pareja de lesbianas o de gays. El concepto de familia, afortunadamente, ha cambiado.

Estrenaste la miniserie “Padre Coraje” en 2002, cuando no había este boom actual de series y producciones televisivas nacionales. ¿Crees que, en 2019, disfrutarías de esa misma libertad creativa que tuviste entonces?

Después de “Padre Coraje”, no he tenido ninguna experiencia televisiva más, o sea que no sé cómo está este asunto. En aquel momento sí tuve la suerte de hacer la serie que yo quería. Los productores no me cambiaron ni una coma del guion, ni intervinieron en el montaje. Me gustaría volver a contar una historia en cinco o seis horas. La miniserie es un formato muy bonito. También querría rodar una comedia, pero no una comedia banal, sino una que aporte algo. Para mí, lo importante es no aburrir o dejar indiferente al público. Si, además de que se entretenga, logras que se conmueva y que algo se mueva dentro de su cabeza… ¡es maravilloso!

Tu próximo proyecto es la adaptación de la novela de Cristina Campos “Pan de limón con semillas de amapola” (Planeta). Vuelves al mundo de las mujeres, el de “Solas” o “La voz dormida”.

Es que seguimos sin ver muchas historias donde las protagonistas sean las mujeres, y el cine tiene que representar una sociedad donde ellas ya están en muchos lugares importantes. En esta cuestión sí se ha avanzado, pero aún queda mucho camino por recorrer. Casi cada año, en los Oscar, las actrices se quejan de que no tienen los mismos sueldos que sus compañeros masculinos y de que no hay tantos buenos personajes para ellas.


Pere Vall es periodista cultural y del mundo de la farándula en general, especializado en cine.
Colabora en Time Out, Ara, RNE y Catalunya Ràdio, y fue redactor jefe en Barcelona de la revista Fotogramas durante más de 20 años.
Fanático de Fellini, de las películas de terror buenas, regulares y malas, y del humor y la comedia en general.
De pequeño, quería parecerse a Alain Delon, y ha acabado con una cierta semejanza a Chicho Ibáñez Serrador. No se queja de ello.