Experto retratista de la familia, el director Daniel Sánchez Arévalo (Madrid, 1970) ha regresado al cine, seis años después de su último largometraje, con “Diecisiete”, que ya puede verse en Netflix. Dos hermanos (Biel Montoro y Nacho Sánchez) que no terminan de entenderse, su abuela, un perro, una autocaravana y kilómetros de carretera son los ingredientes básicos de una película que va directa al corazón. El realizador de “AzulOscuroCasiNegro” o “Primos” nos explica esta agridulce aventura sobre ruedas.

Tú te autodefines como un pesimista optimista. ¿Qué quiere decir esto?

Es un término que cocinó mi productor, porque, en mis películas, siempre planteo un escenario de entrada muy dramático. Incluso en “Primos” (2011), que es la más luminosa de todas. Y, a partir de aquí, voy hacia la luz.

Y de todas tus películas, “Diecisiete” es la que tiene unos personajes que hablan menos. Sobre todo, Héctor, este adolescente que se fuga de un centro de menores para buscar al perro que estaba adiestrando.

El propio movimiento de la historia imprime una acción, y me ayuda a que pueda usar menos palabras. Es una película en la que intento contar más cosas con menos elementos en general. Mis anteriores trabajos eran más abigarrados y tenían más tramas en paralelo que en algún momento se cruzaban. Estoy muy orgulloso de esos primeros minutos de “Diecisiete” sin diálogos.

Debutas en la road movie, en la película de carretera.

Y tenía muchas ganas de hacerlo. Me gustan mucho films como “Rain Man”, “Thelma & Louise”, “Pequeña Miss Sunshine” o “Nebraska”, que vendrían a ser los referentes de “Diecisiete”.

Eres un gran descubridor de actores: aquí no has repetido colaboración con Quim Gutiérrez, Raúl Arévalo o Antonio de la Torre, pero descubres para el cine a Biel Montoro (Héctor) y Nacho Sánchez (Ismael). ¿Fue difícil encontrarlos?

Tanto Biel como Nacho aparecieron muy pronto en los castings, y me enamoré por separado de ellos. No sólo se ajustaban a los personajes, sino que mejoraban sus textos. Y, al juntarlos, fue mágico.

¿Y cómo fue trabajar con varios perros? Una cosa es tenerlos en casa, y otra muy distinta es dirigirlos…

Y, además, eran perros que no estaban adiestrados, procedentes de una protectora. Fue laborioso. Lo más bonito es que Biel se ha quedado con el perro que busca durante toda la historia y al que bautiza como Oveja. Yo no pude quedarme ninguno, porque ya tengo tres en mi casa de las afueras de Madrid, donde también tengo aparcada, en el jardín, la autocaravana que sale en “Diecisiete”.

Al final, hay una secuencia muy emotiva entre los dos hermanos. En mi caso particular, no pude evitar soltar una lágrima. ¿Le ha ocurrido a otras personas?

A casi todo el mundo. Incluso me pasa a mí. Cada vez que veo esta escena, y la he visto muchas veces, me emociono.

A todos tus admiradores les encanta “AzulOscuroCasiNegro”. El caso contrario es el de “Gordos” (2009), que vendría a ser tu trabajo quizá más… ¿raro?

Yo digo que “Gordos” es mi mejor película y la que necesita más cariño. Es la más arriesgada y excesiva, porque, encima, habla sobre los excesos. Tiene mucho drama y mal rollo.

¿Algún proyecto en perspectiva?

No solo uno: tengo dos. No quiero que vuelvan a pasar seis años para volver a ponerme detrás de la cámara. Intentaré rodar el año que viene.

¿Y repetirás con Biel Montoro y Nacho Sánchez? ¿Los sumarás a la ya numerosa ‘Familia Sánchez Arévalo’?

¡Ja, ja, no te extrañe! La familia crece, y a Biel y Nacho ya me los quedo para mí. Mis actores no únicamente tienen que ser buenos actores. También tienen que ser buenas personas.


Pere Vall es periodista cultural y del mundo de la farándula en general, especializado en cine.
Colabora en Time Out, Ara, RNE y Catalunya Ràdio, y fue redactor jefe en Barcelona de la revista Fotogramas durante más de 20 años.
Fanático de Fellini, de las películas de terror buenas, regulares y malas, y del humor y la comedia en general.
De pequeño, quería parecerse a Alain Delon, y ha acabado con una cierta semejanza a Chicho Ibáñez Serrador. No se queja de ello.