El nombre de ‘El intermedio’ resulta irónico para la directora del programa: Carmen Aguilera trabaja sin pausa detrás de las cámaras para emplatar cada día la mezcla justa de información y humor que ha convertido este programa en el espacio más longevo de La Sexta y una de sus señas de identidad.

Vivimos tiempos polarizados, de trincheras y presuntos equidistantes. ¿Cómo diseñáis el programa para que encaje en una televisión generalista, pero sin renunciar a la línea editorial?

‘El Intermedio’ no es equidistante. Nos posicionamos y eso forma parte de la marca del programa. Y algunos temas nos conciernen de manera especial: la memoria histórica, el colectivo LGTBI, el saqueo de lo público, las desigualdades, el abuso de poder, la corrupción… A lo largo de los años, hemos mantenido y mantenemos un compromiso con la defensa de los derechos sociales. Y luego, como directora, trabajo asumiendo mecanismos de autocrítica y corrección. Pero lo básico es contar la verdad, no mentir. Eso nos carga mucho de responsabilidad. Sobre todo porque mucha gente se informa con nosotros, cuando no somos el informativo de cabecera. La falta de credibilidad me preocupa mucho. No queremos llegar los primeros, sino llegar adecuadamente.

¿De dónde crees que sale tanta prisa en los medios?

Hay mucha gente que dice que el enemigo del periodismo son las redes sociales, porque todo el mundo aporta información y eso genera confusión. Pues no: el problema es la necesidad de la velocidad, de la inmediatez. Nosotros tenemos una ventaja: un informativo tiene 30 noticias, así que debe ir al grano con cada una de ellas. Pero nosotros podemos escoger cinco o seis temas, repasar la información y trabajar bien el concepto. 

El programa no debe ir corto de detractores. ¿Cómo gestionáis vuestros enemigos? Recibís mucha hostilidad en las redes, me imagino…

Bueno, nosotros usamos las redes para tener un ‘feedback’ para ver cómo se perciben las cosas. Pero yo misma no soy muy activa e intento que los que trabajan conmigo no se dejen llevar. Por cierto, no querría acabar la entrevista sin haber tenido un momento de cariño para ellos, que son geniales. Así que queda dicho.

¿Es más difícil hacer un informativo satírico cuando las ‘fake news’ están a la orden del día?

Bueno, toda la vida ha habido ‘fake news’: solo tenemos que recordar la conspiración sobre el 11-M, que fue terrible. Siempre hemos querido desmontar esas manipulaciones aportando los contextos, el análisis y la hemeroteca. Aunque, cuando son muy exageradas, nos da casi pereza rebatirlas. Entonces nos apetece más echar mano del humor. Cuando Vox dice alguna animalada sobre los preservativos, pues da pereza tener que recordar lo importante que son para prevenir enfermedades o embarazos no deseados.

Aunque el humor es una herramienta de crítica estupenda, hay que tener ciertos límites

A veces da la sensación que lo real y lo ‘fake’ están a punto de confundirse.

Nos pasa, por ejemplo, con algunos vídeos de Alberto González: a veces son claramente pasados de rosca, pero otros podrían llegar a colar. Y hemos incorporado a Alejandro Pérez, que viene del mundo más puntero de los efectos especiales, para explorar el tema de los ‘deep fakes’. Con inteligencia artificial, podemos ir superponiendo el rostro de una persona sobre el de otra. Con esas manipulaciones puedes conseguir que Donald Trump declare la tercera guerra mundial. Cuando lo fiché, y vi el potencial que tenía eso, le dije: “¡O te vienes a ‘El Intermedio’ o te vas al CNI!”. Eso sí: nos servía si tenia efecto cómico. Nunca colaría un vídeo falso con pretensión de realidad. Pero sí que es útil, por ejemplo, para simular los debates que nos gustaría ver: Iglesias con Errejón, Sánchez con Casado… Lo llamaremos ‘Debates por la cara’.

¿Qué líneas rojas os marcáis?

Nunca hacemos sucesos. Y luego, aunque el humor es una herramienta de crítica estupenda, hay que tener ciertos límites. El contexto es fundamental: no es lo mismo en casa, en un bar o en un pequeño teatro, que para España en ‘prime time’. Es importante tener claro quién es el sujeto del humor. Y vigilar con los colectivos vulnerables, o la gente que lo está pasando mal. Al final, el humor requiere de un pacto entre emisor y receptor. Defines un espacio e intentas que el pacto funcione.

Àlex Gutiérrez es periodista, especialitzado en medios de comunicación y audiovisual. Actualmente trabaja en el diari ARA, como jefe de la sección de Media y autor de la columna diaria ‘Pareu Màquines’, donde hace crítica de prensa. En la radio, colabora en ‘El Matí de Catalunya Ràdio’, con Mònica Terribas y a el ”Irradiador’, de iCatFM. También es profesor en la Universitat Pompeu Fabra. Su capacitat visionaria queda patente en una colección de unos cuantos miles de CDs, perfectamente inútiles en la era de la muerte de los soportes físicos.