Quentin Tarantino lo ha vuelto a hacer. Ha vuelto a movilizar a los espectadores, demostrando que al cine le quedan muchos telediarios y que directores como él son capaces de levantar al público de los sofás donde se acomodan para enlazar series e ir a las salas a ver “Érase una vez en Hollywood”.

El cineasta le ha dado aire al gran espectáculo del cine y lo hizo en medio del desierto del mes de agosto, donde languidecen las taquillas.

Ha sido placer de Dioses ver el juego que aporta este film  de Manson sin Manson que, tomando como punto de partida el asesinato de Sharon Tate que conmocionó a todo el mundo en la época, nos adentra en el Hollywood de las grandes mansiones y en una historia de cine dentro del cine, con dos actores, Di Caprio y Brad Pitt, en estado de gracia. Ha habido opiniones para todos los gustos: a favor, también en contra, con muy diversos colores y matices, pero que han reavivado el debate alrededor del hecho cinematográfico. Hemos oído hablar de cine otra vez.     

Esta película, con la que Tarantino, además, confirma su liderazgo en el cine actual, tiene por otro lado la virtud de aportar relevo generacional. ¡Margaret Qualey, por ejemplo, qué hallazgo! La hija de Andy MacDowell, la Pussycat aparentemente inocente que, mascando chicle, se sube al coche del personaje de Brad Pitt como si nada.

Nos hemos reencontrado con el Tarantino que irrumpió como un huracán en el cine y que, como Almódovar, acreditó una autoría, un estilo personalísimo que ha sido muy imitado, no siempre con éxito, un sello, una marca de la casa. “Reservoir dogs” ya mostró al mundo su garra y su talento y “Pulp fiction” le consagró como cineasta capaz de conducir el cine por nuevos caminos y derroteros, no exentos de una violencia matizada con humor, pero que salpica la pantalla. El cine es, en sus manos, un juguete y así lo hemos ido viendo hasta llegar a títulos tan logrados e impactantes como “Malditos bastardos”. El director norteamericano ha transitado carreteras no siempre fáciles con el reto de superarse a sí mismo cada vez que estrena.


La gente sí va al cine, si lo que le proponen es sugerente, es atractivo y corre la voz.

Y el Tarantino, que nació para revolucionar el cine, desmiente una vez más que la gente no vaya al cine. La gente sí va al cine, si lo que le proponen es sugerente, es atractivo y corre la voz. Hay que hacer sentir al público la necesidad de ir a ver algo y esto lo consigue esta cinta que dura tres horas, tiene escenas memorables y en más de una sesión es aplaudida.

Después de ver y disfrutar “Érase una vez en Hollywood”, me hice cruces, por cierto, del poco caso que tristemente le hicieron en Cannes.

El amor al cine de este realizador con cara de niño travieso que habla atropelladamente traspasa la pantalla.

Por algo le hemos visto desayunando en Sitges a las siete de la mañana, atendiendo gustoso a los fans que no pierden una oportunidad de asaltarle.

Para Tarantino el tiempo pasa como para el resto de mortales, pero su empuje y energía le hacen imparable.        

Dice que pronto lo deja. Ojalá se desdiga. El cine le necesita  para hacer frente a la fiebre de las series, ese cine que tiene futuro si aparecen más Tarantinos capaces de resucitar al público. Porque ya se sabe que cliente muerto, no paga.     

Conxita Casanovas
Periodista especializada en cine, trabaja en RTVE.  Acumula mucha experiencia. Ha recorrido los más importantes festivales y ganado importantes premios pero conserva la ilusión y la pasión del primer día. 
Dirige el programa VADECINE que suma ya 37 temporadas en antena en R4 (domingos de 14 a 15 ), espacio que tiene una versión en castellano en  R5  (sábados 11.35 de la mañana)para toda  España.
Actual Directora ademàs del BCN FILM FEST.