La última vez que vimos a Jesse Pinkman (no sigas leyendo si no quieres spoilers de “Breaking Bad”) estaba gritando con el rostro temblando en una mezcla de carcajada y lloro tras haber escapado en el último minuto de una muerte segura. Los puños cerrados sobre el volante, el pedal del acelerador hasta el fondo. Un final abierto que permitía al espectador imaginar qué iba a ser de su destino. No es ninguna casualidad que el primer lugar al que vaya el personaje en la película “El Camino” (a partir de ahora spoilers de la película) sea a ver a Skinny Pete y Badge. No sólo porque son las únicas caras amigas que le quedan en el mundo, si no que le sirve a la película para remarcar el cambio que ha experimentado Jesse a lo largo de la serie. El Jesse que conocimos al principio pertenece a ese microuniverso de porros, partidas de videojuego y jugar a ser malote soltando jerga de gansgter. Sus amigos, como si no hubiera pasado el tiempo, siguen con el mismo estilo de vida. Pero Jesse no. Ha visto demasiado, sufrido demasiado y perdido demasiado. Hay un momento en el que Skinny Pete le dice que es “su héroe”. Y en esa escena está la clave de la reflexión que busca “El Camino”.

El personaje siempre ha tenido demasiado buen fondo para el mundo del narcotráfico

Jesse lo mira dándose cuenta de que su amigo no entiende, que no sabe lo que dice. Se puede ver en sus ojos que no entiende cómo es capaz de decir algo así. Pero él también era como Skinny Pete. Si el Jesse de los inicios, el que se hacía llamar Cap’n Cook, hubiera conocido al Jesse que formaba parte del imperio de Heisenberg también le habría parecido un héroe. Ese contraste reafirma a Jesse como un personaje trágico, producto de la inconsciencia de la juventud y la fascinación por el mundo criminal. El personaje siempre ha tenido demasiado buen fondo para el mundo del narcotráfico. Y he aquí la inversión de roles: la figura del profesor, que debería haberlo guiado hacia otra dirección, lo que hizo fue meterlo en ese mundo hasta el fondo y, en última instancia, manipularlo para no dejarle salir de él. Otra escena cierra esa idea: la de Walt comentándole a Jesse que podría volver a la universidad. Un pequeño momento en el que Walter sale de sí mismo para considerar a quien tiene delante. Le dura poco tiempo. Tras mirar a la caravana, siente envidia de Jesse porque es joven y ya ha hecho “algo especial”.

El Camino: A Breaking Bad Movie

Siguiendo a Jesse mientras intenta obtener una segunda oportunidad, “El Camino” se erige como un epílogo que, sin ser estrictamente necesario, pone el foco sobre un personaje que había quedado devorado por la alargada sombra de Heisenberg y se le hace justicia al darle dos horas como protagonista en las que la audiencia adopta completamente su perspectiva. Esto tiene sentido para los espectadores y para la ficción: en este mundo post-Heisenberg los secundarios deben manejar su existencia tras haber sido convertidos en daños colaterales del protagonista, y la audiencia debe manejar también el rastro de dolor y pérdida que ha dejado tras su paso un personaje al que apoyaron durante gran parte de la serie. En ese sentido, me gustaría ver también un epílogo dedicado a Skyler, que fue la gran víctima de Walter White (y de los guionistas, que la utilizaron como obstáculo recurrente para el protagonista, haciendo que parte de la audiencia le cogiera una manía considerable) y a la que se le debe una reflexión, desde la propia ficción, sobre su estatus de víctima, como la de Jesse en “El Camino”.

Siempre habrá quién preferiría que se dejara “Breaking Bad” tal y como está. Pero precisamente el gran acierto de “El Camino” es haber sido concebida como una película. Si hubiera sido una nueva serie, podría haber caído en explotar y desdibujar el legado de la serie. Pero al plantearse como una película, se puede concebir como un epílogo suplementario (al fin y al cabo, la historia de Walter White ya está contada) y una oportunidad también para que Aaron Paul se luzca interpretando de nuevo un personaje que ha hecho suyo. Si además resulta que este epílogo reúne algunas de las grandes virtudes de la serie: interés por escenas de diálogos cotidianos en un contexto donde no encajan, el seguimiento minucioso de procesos concretos (cómo desmontar un apartamento, cómo deshacerse de un cadáver, etc.), enfrentamientos violentos con soluciones creativas, una fotografía excelente, etc. e incluye el regreso de algunos personajes queridos por la audiencia de forma natural para la historia (rellenando huecos del pasado), el resultado es un regalo para cualquiera que haya disfrutado de “Breaking Bad”.

Toni de la Torre. Crítico de series de televisión. Trabaja en El Món de Rac 1, El Temps, Què fem, Ara Criatures, Sàpiens y Web Crític. Ha escrito libros sobre series de televisión. Profesor en la escuela de guión Showrunners BCN e le gusta dar conferencias sobre series. Destaca el Premi Bloc Catalunya, 2014.