Durante muchos años, se tuvo la impresión de que le cabía un cierre a esa historia de “El Crack”, aunque el tiempo y la muerte de varios de los protagonistas y de parte del equipo técnico convirtieron la empresa en poco menos que imposible.

La historia: José Luis Garci creó al detective Germán Areta en 1981, con la sorprendente ayuda del actor Alfredo Landa, que rompió su molde para encarnarlo en “El crack”, que reunía en un Madrid sumido en la Transición política algunas de las esencias clásicas del género negro. Dos años después, en 1983, insistió en la jugada con “El Crack 2” y el mismo actor y las mismas atmósfera y sustancia clásica para redondear un lugar, una época y un estado de ánimo. Durante muchos años, se tuvo la impresión de que le cabía un cierre a esa historia, aunque el tiempo y la muerte de varios de los protagonistas y de parte del equipo técnico convirtieron la empresa en poco menos que imposible.

La táctica: El director, casi cuarenta años después encontró un remedio, casi un antídoto, para lo que parecía un mal irresoluble, y fue llevarse la narración hacia atrás, es decir, lo que se llama una “precuela”, y situar al personaje unos años antes, en 1975, durante los últimos días de vida de Franco, y poder utilizar así actores más jóvenes para encarnar a los que todo el mundo tenía ya asumidos dentro del “universo Crack”. Sin Landa, sin José Bódalo, ni Raúl Fraire, ni Arturo Fernández…, y con la necesidad de encontrar a alguien más joven que Miguel Rellán para interpretar al imprescindible “Moro”.

Las descripciones de los personajes  contienen el tratamiento ético adecuado a su época, así como las situaciones, los dilemas y su resolución

La trama: Como en los dos casos anteriores (posteriores, en realidad), el de “El Crack Cero” es aparentemente sencillo, el de un improbable suicidio que llega a manos de Areta Investigaciones y que esconde un turbio asunto detrás, y que le permite a la película indagar en los rincones sociales y políticos de aquellos días, con la muerte de Franco en primer plano y una calculada mezcla de optimismo y pesimismo hacia unos tiempos nuevos que se abren, o se perciben. Las descripciones de los personajes  contienen el tratamiento ético adecuado a su época, así como las situaciones, los dilemas y su resolución. No es raro (más bien, es habitual) ver cómo el cine de ahora utiliza su esquema mental para dibujar y explicar personajes y situaciones de entonces (sea cuando sea ese entonces), y esta película se mantiene en su tiempo interior como si llevara cuarenta años en un desván y Garci la hubiera recuperado.

El desenlace: “El Crack cero” es una película redonda en sus pretensiones, que tiene la suerte o el acierto de haber hallado el equipo actoral y técnico idóneo para  situarse en el lugar exacto dentro de la trilogía, abrirla y cerrarla a un tiempo con la atmósfera, pellejo y alma exactos. Carlos Santos es Areta, un trabajo casi imposible sabiendo que Areta es Landa, y Miguel Ángel Muñoz y Pedro Casablanc amontonan de modo magistral cada uno de los pedacitos de los personajes que dejaron Bódalo y Rellán. Como Ramón Langa o Andoni Ferreño, salidos de cualquier esquinazo de los anteriores “Crack”. Y especialmente bien traído, o bien hallado, el caudal de perfecto “noir” que le proporciona a la historia el personaje interpretado por Patricia Vico.

Los condimentos: Para cocinar la trama, Garci utiliza algunos de los ingredientes habituales de su cine, como son unos diálogos muy elaborados que los actores respiran hacia afuera, y tan impregnados de lo dramático como de un sentido del humor popular, “madrileñista”, de la calle de la época  (es el personaje del “Moro” el catalizador de esa tecla), y sus personajes hablan con frescura de boxeo, del mus, de la vida… Y la misma sintonía musical de Jesús Glück le da ese aire melancólico que rodea al fatalismo de Areta, que es algo más que un personaje, es una situación, un temperamento, un termómetro, un desánimo, un punto de mira y un estado general.

Oti Rodríguez Marchante es crítico de cine y escritor. Ha colaborado en programas televisivos como ‘Qué grande es el cine’, y ha publicado libros como ‘Dos para la tres, Amenábar, vocación de intriga”, y un par de volúmenes de cuentos infantiles, ‘Adiós a la Tierra de los Colores Vivos’ y ‘La importancia del primer cero’.