Los Monty Python se han convertido en una influencia clave en muchos comediantes posteriores y una referencia para programas de sketches de todo el mundo

El público que asistía a las primeras sesiones de grabación de los Monty Python era gente mayor que pensaba que iba a ver un espectáculo circense. “El equipo de selección de público de la BBC, nos traía a gente que había pedido ver cualquier programa”, recuerda Michael Palin en la autobiografía de los Monty Python.

Que el programa se llamara “Flying Circus” todavía creaba más confusión. Esperaban trapecistas y se encontraron con un sketch sobre franceses que se intercambian el bigote. “Me pareció ver centenares de bocas que se abrían en caras de mediana edad completamente desconcertadas”, añade Terry Gillian. En aquel primer programa ya había sketches brillantes como el de la broma más divertida del mundo o la vuelta ciclista de Picasso.

De ese debut hace ya 50 años, pues el Flying Circus se estrenó el 5 de octubre de 1969 en la BBC, y los Monty Python se han convertido en una influencia clave en muchos comediantes posteriores y una referencia para programas de sketches de todo el mundo.

En realidad, ninguno de ellos pensaban que tendrían este éxito. “No recuerdo haber pensado que el programa que hacíamos fuera a cambiarlo todo. No era un programa al uso, pero en aquella época la mayor virtud que nosotros le veíamos era haber unido a un grupo de guionistas y actores con una sensibilidad humorística parecida, un buen historial a sus espaldas y un alto grado de compenetración”.

“Por supuesto cada uno tenía su ego, pero cuando estábamos juntos éramos casi una sola persona, una persona absolutamente ida, claro”, recuerda Eric Idle.

La principal victoria del “Flying Circus” a los ojos de los Monty Python fue el hecho de librarse de los chistes de remate, ese último chiste da paso a los aplausos del público y que cierra el sketch. Todos ellos se habían sentido en algún momento limitados por esa estructura trabajando en programas como “The Frost Report”, así que lo que querían era alargar el sketch hasta que fuera perdiendo la gracia y entonces pasar al siguiente. No fue el primer programa en realizar esta ruptura (“Q5” de Spike Milligan lo hizo un tiempo antes) pero sí el que fue verdaderamente popular. Un papel clave lo tuvieron las animaciones de Terry Gilliam que funcionaban como una especie de hilo de pensamiento, uniendo los distintos sketches.

La unión de las partes fue lo que hizo de “Flying Circus” un programa único. Cada uno aportaba algo distinto en reuniones donde cada uno podía decir lo que le viniera en gana. “Era como una comuna de guionistas donde nosotros teníamos la última palabra. Por supuesto cada uno tenía su ego, pero cuando estábamos juntos éramos casi una sola persona, una persona absolutamente ida, claro”, recuerda Eric Idle.

Además de las reuniones también trabajaban en tándem. John Cleese y Graham Chapman solían hacer sketches más largos y verbales, Terry Jones y Michael Palin hacían los sketches más visuales y Eric Idle iba por libre. Así fue como se creó un universo de personajes delirantes y un humor que iba de lo más elevado a lo más banal.

Su legado es impresionante: el Ministerio de los Andares Estúpidos, el partido de fútbol de los filósofos, la entrada de la Inquisición española, la entrevista con Johann Gambolputty, la oficina de discusiones, la banda de las ancianas, el dramaturgo de clase trabajadora, el loro muerto, el bandido Dennis Moore, el baile del bofetón de pescado y un largo etcétera de sketches impagables. 50 años después, siguen siendo tronchantes.

Toni de la Torre. Crítico de series de televisión. Trabaja en El Món de Rac 1, El Temps, Què fem, Ara Criatures, Sàpiens y Web Crític. Ha escrito libros sobre series de televisión. Profesor en la escuela de guión Showrunners BCN e le gusta dar conferencias sobre series. Destaca el Premi Bloc Catalunya, 2014.