A Donald Sutherland, actor canadiense de 84 años, con casi 200 títulos en su haber, entre cine y televisión, le ha llegado su hora. La de los homenajes.

El año pasado fue uno de esos Oscar honoríficos injustamente desterrados de la gala, y se apresta a recibir un no menos merecido Premio Donostia en el próximo Festival de San Sebastián. Y cada vez que se da una de estas ocasiones,  me acuerdo de Sir Michael Caine que, antes de aceptar asistir a un homenaje similar, puso una condición: que el vídeo no fuera en orden cronológico. A todo el mundo le gusta que le reconozcan su trabajo, pero el tiempo nos castiga a todos por igual, y a Caine, mientras esperaba a recoger su premio, y a agradecerlo con un breve discurso, no le apetecía contemplar cómo envejecía progresivamente en una pantalla gigante, ante el público y ante sí mismo.

Donald Sutherland

A mí me marcó aquella petición, y supongo que los vascos también habrán tomado buena nota de ella, para el caso de Sutherland, sólo dos años más joven que Caine. Pero me gustaría aprovechar este espacio, para deslizar mi propia pequeña petición. Imagino que, a pesar de lo dicho, será imposible resistir la tentación de agrupar las películas con las que Sutherland se dio a conocer, ya que tienen en común la temática marcial. Fue uno de los “Doce del patíbulo” (R. Aldrich, 1967), su primer gran papel, y luego vinieron “Los violentos de Kelly” (B. G. Hutton, 1970), un efectivo sucedáneo, y la gloriosa “M.A.S.H” (R. Altman, 1970), que impone el adorado “Suicide is painless” como impecable banda sonora para estos primeros segundos.

Pero he aquí mi humilde petición: No me gustaría que se olvidaran de la no menos bélica “Ha llegado el águila” (J. Sturges, 1976), que precisamente protagoniza Michael Caine. A pesar de ser la menos conocida de las cuatro, sigue siendo mi favorita, por lo menos en lo que respecta a un Sutherland de kaki. Era una película loquísima en la que un enloquecido Sutherland daba vida a un ex terrorista del IRA, que colaboraba con los nazis en un plan demencial: secuestrar a Churchill.

Donald Sutherland

En realidad, Sutherland ha dejado muchas marcas, en grandes películas de Roeg, Pakula, Fellini, Malle, Redford, Stone o  Frankenheimer, entre muchos otros, además de las puramente alimenticias.

La película, una impecable aventura bélica que ya quisiera haber rodado Spielberg (y con BSO de Lalo Schifrin), no tenía tan sólo una premisa pasada de vueltas (basada en el best seller de Jack Higgins), sino que además pasaba por hacernos creer que alguien tan británico como Caine era un oficial alemán. Para más inri, un oficial alemán que, como el resto de su comando en su incursión a el pueblecito británico donde veranea el prime minister, viste uniforme germano debajo del británico, por aquello de no ser colgados como vulgares espías si eran apresados. En fin, que guardo un gran recuerdo de esta película, estrenada en las navidades del 77.

Sólo pido un segundo, o menos. Luego el vídeo podría enlazar con la escena más perturbadora de “Novecento” (B. Bertolucci, 1975), cuando Sutherland, vestido con un uniforme más negro, mata a un niño. Una escena con mucho movimiento (circular), que también me dejó marcado. En realidad, Sutherland ha dejado muchas marcas, en grandes películas de Roeg, Pakula, Fellini, Malle, Redford, Stone o  Frankenheimer, entre muchos otros, además de las puramente alimenticias. Pero antes de llegar a un plano final que podría ser el Jesucristo de “Johnny cogió su fusil” (D. Trumbo, 1971) o un simbólico firmamento, que permitiría fusionar  “Space Cowboys” (C. Eastwood, 2000) con la esperadísima “Ad Astra”, me gustaría que quedara acreditada su colaboración con Sturges. Un grato recuerdo de la infancia.

Philipp Engel (Barcelona, 1970): Formado en estudios literarios, trabajó 10 años en la industria discográfica, para luego consagrarse en el periodismo cultural. Así, ha colaborado en distintos medios, como ‘La Vanguardia’, ‘El Mundo’, ‘Qué Leer’, ‘Sensacine’, ‘Sofilm’ y ‘Fotogramas’, entre otros muchos.