Después de comedias tan taquilleras como “Ahora o nunca” o “No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas”, la directora María Ripoll (Barcelona, 1964) se pone un poco más melancólica para contarnos la historia de un hombre quiere buscar a su amor de juventud en “Vivir dos veces”, que llega a los cines el 6 de octubre. Este hombre, que empieza a sufrir los efectos de la demencia senil, está interpretado por el excelente actor argentino Óscar Martínez, y su hija está encarnada por Inma Cuesta. La realizadora de “Rastros de sándalo” y “Tu vida en 65’” nos habla de su pasión por conocer culturas distintas, de castings, de las mujeres y el cine, y de Lena Headey (“Juego de tronos”), a la que dio su primer papel protagonista en 1998.   

Maria Ripoll

¿Qué significa el título de la película, “Vivir dos veces”?

Pues que la vida tiene, como mínimo, dos etapas. Y las segundas partes, al contrario de lo que se dice, siempre fueron buenas. Que no hay un final y que siempre estamos comenzando.

El guion lo firma María Mínguez, pero es una historia muy María Ripoll, ¿no?

Me siento absolutamente identificada con el guion. Leo muchos, y este tocó mi sensibilidad. Tiene cuatro personajes protagonistas muy bien definidos. En las películas no se suele hablar de esas personas que han vivido mucho y que tienen muchas cosas que explicar. No rendimos suficiente respeto a la gente mayor. Desde que he escrito y publicado, junto a Elisenda Roca, el libro de relatos “Dos mujeres desnudas” cada vez me apetece más hacer mis propios guiones. Aunque no conste en los créditos, yo siempre reescribo los guiones.

¿Fue complicado convencer a Óscar Martínez?

De hecho, yo comencé a creerme un proyecto como este cuando Óscar Martínez me dijo que quería participar en él. ¡Imagínate, el protagonista de “El ciudadano ilustre”! Después, hablamos cara a cara y, al acabar nuestra conversación, Óscar me dijo que era como si me conociera de toda la vida. Durante el rodaje, yo le sugería cosas y él me respondía: “Probémoslo”. Y me daba las gracias. Además de un gran actor, es una gran persona.

Óscar Martínez e Inma Cuesta eran valores seguros. Para interpretar a Blanca, la nieta de uno e hija de la otra, escogiste a Mafalda Carbonell, hija de Pablo Carbonell.

Al principio, este personaje era un poco mayor, tenía 15 años, e hicimos un largo casting para encontrar a una actriz, por el que incluso pasó mi propia hija. Cuando apareció Mafalda, hizo unas improvisaciones y flipamos. Decidimos bajar la edad de Blanca, y llamé a Inma Cuesta: “Ya tengo a la niña, a tu hija, y es la bomba”. Mafalda no actúa, es así, y era perfecta para Blanca, que es muy respondona y está en contra de todo. Mafalda te habla como si fuera una adulta. Antes, Mafalda había estado en “El Club Houdini” de la tele.

“Vivir dos veces”

¿Cómo defines “Vivir dos veces”?

Es una road movie sobre una familia disfuncional. Una mezcla de drama y comedia, eso que ahora se llama dramedy, con la que la gente llora y ríe. Y es la historia de una persona mayor que quiere encontrar a su amor de juventud. En el guion inicial no se hablaba tan en profundidad de la demencia senil, pero yo no quise dejar pasar la oportunidad de tratar este tema con un poco más de detalle.

Tú disfrutas rodando, siempre lo dices.

Sí, me lo paso bien en los rodajes. Disfruto porque es muy chulo crear una vida. Con esta peli, además, redescubrí Valencia. Encima, con un gran equipo artístico y técnico a mi lado. Lo mejor de mi trabajo es poder conocer culturas diferentes. Como ahora, que estoy preparando en México mi nuevo proyecto.

Una pregunta para los fans de “Juego de tronos”. Dirigiste a Lena Headey, Cersei Lannister en esta famosa serie, en tu primer film, “Lluvia en los zapatos” (1998). ¿Cómo era Headey entonces?

¡La mejor actriz del mundo, monísima, un ángel! Yo me enfrentaba a mi primer casting, y ella esta comenzando su carrera. Las dos estábamos muy nerviosas, pero, a la salida de la prueba, dije: “Ya la tenemos a la protagonista”. La productora me contestó que aún teníamos a otras candidatas para el papel, y yo repetí: “Ya la tenemos”. Lena trabaja de una manera tan natural que parece que no haga nada delante de la cámara. Es increíble. Después, miras su material en la sala de montaje, y sí que hace. ¡Hace mucho! Hay dos tipos de actores y actrices: los que disfrutan en el rodaje y conectan contigo, y los que siempre están a la defensiva. Lena pertenece al primer grupo, el mismo grupo de Óscar Martínez o Inma Cuesta. Mantuvimos el contacto durante unos años, pero ella ahora es una estrella que vive en Los Ángeles, y está muy ocupada.

“Lluvia en los zapatos”

También tuviste a tus órdenes a un gran mito, Raquel Welch, en “Tortilla Soup” (2001).

Raquel es una luchadora de los pies a la cabeza, y, cuando se enteró de que íbamos a rodar una película sobre una familia latinoamericana que vivía en Estados Unidos, y que no estos eran unos espaldas mojadas, sino que convivían en esa sociedad sin problemas, se quiso apuntar a “Tortilla Soup”. Todos los latinos de USA se sienten identificados con sus protagonistas. Raquel, que es muy divertida, aportó muchas cosas suyas a su papel, porque su padre era boliviano. Los productores americanos, por cierto, ganaron mucho dinero: 30 millones de dólares.

Ahora, afortunadamente, tenemos a muchas directoras en España. Cuando tú empezaste, no era así. ¿Cómo has vivido esta evolución?

La he vivido de una manera muy natural. En la actualidad, tenemos no sólo más mujeres realizadoras, sino también más mujeres en los equipos de las películas. Porque las mujeres tenemos una cualidad, además de la resistencia y que somos unas currantes, y es que sabemos trabajar en equipo. Y el cine es, sobre todo, un gran trabajo de equipo. En “Vivir dos veces”, la directora de fotografía era una mujer, la directora de arte también, y la jefa de vestuario, y la de maquillaje…

Pere Vall es periodista cultural y del mundo de la farándula en general, especializado en cine.
Colabora en Time Out, Ara, RNE y Catalunya Ràdio, y fue redactor jefe en Barcelona de la revista Fotogramas durante más de 20 años.
Fanático de Fellini, de las películas de terror buenas, regulares y malas, y del humor y la comedia en general.
De pequeño, quería parecerse a Alain Delon, y ha acabado con una cierta semejanza a Chicho Ibáñez Serrador. No se queja de ello.