La historia de Maradona era una historia que no se había explicado de manera extensa, meticulosa y con amplio material de archivo

Los tres documentales dirigidos por Asif Kapadia –Senna (2010), Amy (2015) y Diego Maradona (2019)- conforman una especie de tríptico sobre ídolos caídos, sobre leyendas que vivieron al borde del desastre y lo terminaron pagando con la muerte o con una estrepitosa caída en desgracia, a consecuencia de lo cual desapareció la persona -en el caso de Maradona, la persona civil, convertida desde hace décadas en una caricatura-, mientras sobrevive el mito. No cabe duda de que la de Diego Armando Maradona es una de las grandes historias de nuestro tiempo: pasan los años y en Nápoles sigue siendo una figura tan venerada como San Jenaro, patrón de la ciudad, mientras en Argentina, donde el fútbol se vive como una cuestión de vida o muerte, sigue siendo el verdadero D10S -y Messi no es más que un pechofrío-. Su vida es asombrosa en todos los aspectos: el niño sucio que creció en un arrabal de mala muerte y que se coronó como el genio del fútbol, que vivió la noche rodeado de malas compañías, que dejó las hazañas sexuales y alcohólicas de George Best en una simple travesura de adolescente, todo ello jalonado por goles inolvidables, jugadas magistrales y un carisma insuperable.

La historia de Maradona está suficientemente explicada y es sobradamente conocida en sus momentos cumbre: el Mundial del 86, con la mano de dios y el gol tras regatear a toda Inglaterra desde el centro del campo; su canonización en Nápoles, su adicción a la cocaína y sus relaciones con la Camorra; su descalificación en 1990 y su declive final en el mundial de Estados Unidos, donde volvió a dar positivo por doping. Pero aún así, era una historia que no se había explicado de manera extensa, meticulosa y con amplio material de archivo, tarea que ha acometido Kapadia con rigor y cuidadosa búsqueda documental en una historia que es mucho más que fútbol, y que -tal como muestra la primera secuencia de la película, con el coche de Maradona llegando al estadio de Nápoles mientras suena un fondo sintético que recuerda a la banda sonora de Giorgio Moroder para El precio del poder-, trata sobre el auge de un don nadie y sus peligrosas relaciones con el poder, hasta que el poder deja de proteger al hombre y éste se convierte en un villano. Lo mejor de Diego Maradona es el paralelismo sutil que se establece con Tony Montana, el mafioso hecho a sí mismo, solo contra todos, de Brian de Palma.

Como ocurría con su documental sobre Amy Winehouse, Diego Maradona tiene un punto débil: su metraje excesivo -130 minutos-, sobre todo porque muchas imágenes se han visto demasiadas veces, y muchas otras son redundantes; un poco de tijera -y con incremento del ritmo- habría beneficiado de manera notable a una apuesta ya de por sí ganadora. Pero juegan a su favor varios factores, como el asombroso caudal documental, la manera eficiente de contar la historia -sin tomar verdadero partido ni a favor ni en contra del protagonista; Kapadia lo desnuda sin apenas sesgo- y el sentido de la oportunidad, justo cuando Amazon Studios está preparando un biopic sobre Diego, y como complemento del documental de Movistar+ F.C. Maradona, sobre el paso del astro argentino por el Barça. Los dos trabajos juntos cumplen con el cometido de mostrar la vida de un ser extraordinario casi como si fuera una tragedia griega.

Javier Blánquez (Barcelona, 1975) es periodista especializado en cultura, editor y profesor de historia de la música moderna.
Es colaborador de diferentes medios de comunicación españoles –el diario El Mundo, Time Out Barcelona, Beatburguer–, así como de la editorial barcelonesa Alpha Decay, y ha coordinado el libro colectivos Loops. Una historia de la música electrónica (2002 y 2018), junto a Omar Morera, para la editorial Reservoir Books.
En 2018 ha publicado también, esta vez como autor, la continuación, Loops 2. Una historia de la música electrónica en el siglo XXI.
Fruto de su interés por la música clásica, que compagina con la música electrónica desde hace años, ejerce también la crítica de ópera en El Mundo y publicó en 2014 el ensayo Una invasión silenciosa. Cómo los autodidactas del pop han conquistado el espacio de la música clásica en la editorial Capitán Swing.