Vivimos en un mundo raro, o en una época rara del mundo, en la que se convierte en noticia insólita que Woody Allen comience un rodaje. Lo que hace raro esta noticia tan repetida a lo largo del tiempo, pues ha dirigido medio centenar de ellas, es que el director neoyorquino haya podido sortear el boicot que, desde hace un par de años, le había impuesto la industria cinematográfica americana y algunas de sus más influyentes firmas y estrellas desde que “The New York Times” le dio crédito o pábulo a las acusaciones de abuso sexual de su hija adoptiva Dylan Farrow… Ya lo había hecho en 1992, cuando era una niña y estaba aún revuelta y envenenada la separación de Allen con Mia Farrow, pero la Justicia no vio entonces credibilidad en las acusaciones. La insistencia ahora de Dylan, el ventilador de algunos medios de comunicación y el ambiente propicio en Hollywood desde la aparición del movimiento “metoo” han llevado a Woody Allen (como a muchos otros actores, directores y productores)  a engrosar otra tristemente célebre Lista Negra.

Tal y como está de raro el mundo, o la época, hay que considerar un milagro que Woody Allen  haya podido sortear ese boicot que ya ha fulminado a algunos genios del cine, y se debe básicamente al empeño y la confianza de MEDIAPRO, que ya ha producido anteriormente otras películas del director, como “Vicky Cristina Barcelona”, “Conocerás al hombre de tus sueños”, “Medianoche en París” y “A Roma con Amor”. Y no era fácil esta empresa tan natural, o sea, que MEDIAPRO –ahora como de THE MEDIAPRO STUDIO– y Woody Allen hicieran lo que saben y deben, pues hasta la poderosa Amazon (con quien ha hecho sus últimas películas desde aquella miniserie para televisión “Crisis en seis escenas”) decidió poner en vinagre su último y aún sin estrenar título, “Día de lluvia en Nueva York”, aunque afortunadamente ya está programado su estreno para octubre.

Y así, de este modo, y con un antinatural paréntesis de dos años, el mundo volverá a tener a Woody Allen tal y como ha sido siempre: rodando una película mientras estrena otra.

“Medianoche en París”

Naturalmente, no estamos en condiciones de ponderar ni juzgar las causas que rodean a Woody Allen, pero sí de sopesar sus efectos: ni el mundo, ni la cultura, ni el cine están tan sobrados de talento como para prescindir de la obra que todavía pueda hacer Woody Allen, y lo que es aún más importante, de ningún modo puede borrar, decolorar o tergiversar la gigantesca e irrepetible obra que ya ha hecho. Ni por supuesto, la grandeza, creatividad y profundidad de su personaje, que ha explorado en todos los pliegues del alma humana con una seriedad, una finura y un sentido del humor imposibles de localizar en otros autores. En realidad, Woody Allen ocupa un territorio ideal, inalcanzable, dentro del mapa de la cultura cinematográfica del siglo XX: está en ese lugar utópico y equidistante entre Groucho Marx e Ingmar Bergman.

“Vicky Cristina Barcelona”

De la película que ya ha empezado a rodar en San Sebastián, Woody Allen, como es su costumbre, no ha revelado apenas detalles de la trama, que será una comedia romántica con varios enredos amorosos durante el Festival de San Sebastián. Sí se conocen algunos de los actores que participan en ella, como Christoph Waltz, Gina Gherson, Wally Shawn, el francés Louis Garrel y los españoles Sergi López y Elena Anaya. También se sabe el impacto que el rodaje está teniendo en la ciudad, que se ha volcado literalmente, y que durará hasta finales de agosto. Ni siquiera adelantó aún el título que tendrá la película, aunque dio como provisional “El Festival de Rifkin”.

“Conocerás al hombre de tus sueños”

Antes de que se sustancie este proyecto, tendremos la oportunidad  de ver su película en vinagre, “Día de lluvia en Nueva York”, que está protagonizada por Timothée Chalamet (el joven de “Call me by your name”), Elle Fanning, Selena Gómez, Jude Law, Rebecca Hall y Diego Luna. Una historia que transcurre en su Monument Valley, su ciudad de los prodigios, que quedó enmarcada para la eternidad en películas como “Annie Hall” o “Manhattan”.

A la espera de que estas últimas películas suyas hablen por él, quien quiera saber toda la verdad sobre Woody Allen solo tiene que ver todas sus anteriores películas, en las que, de un modo u otro, se ha definido, descrito, explicado y confesado  en toda su pequeñez y grandeza. Y tanto a él como a otros varios centenares de millones de personas. Sin hipocresías, sin modas, sin cambios de éticas ni prejuicios. Camino de los 84, hay pocas cosas que Allen no sepa, y entre ellas, desde luego, no está el sentido de la vida, el cual esclarecía su personaje en “Annie Hall” con un viejo chiste: dos mujeres mayores están en un hotel de alta montaña y una comenta, “aquí la comida es una mierda”, y la otra le contesta, “sí, y además las raciones son muy pequeñas”… Pues básicamente así es como me parece la vida, llena de soledad, histeria, sufrimiento, tristeza y, sin embargo, se acaba demasiado deprisa.

Oti Rodríguez Marchante es crítico de cine y escritor. Ha colaborado en programas televisivos como ‘Qué grande es el cine’, y ha publicado libros como ‘Dos para la tres, Amenábar, vocación de intriga”, y un par de volúmenes de cuentos infantiles, ‘Adiós a la Tierra de los Colores Vivos’ y ‘La importancia del primer cero’.