Partiendo del hecho que ningún biopic puede contarnos de forma veraz y literal la vida de su protagonista por múltiples razones, cualquier acercamiento cinematográfico a la persona en cuestión debe ser visto como una distorsión cuya única intención es ofrecer un producto de entretenimiento sujeto a las reglas del género en el que los hechos se pueden tergiversar/exagerar/omitir al antojo de guionistas, directores y productores. Todo ello es aplicable también al biopic musical: los hubo en el Hollywood clásico, y los sigue habiendo: los hábitos se repiten. Solo hay que echar un vistazo a “Bohemian Rhapsody”, la supuesta biografía fílmica de Freddie Mercury que en realidad es un tributo a la banda, una celebración de su música. La manera de esconder, difuminar la homosexualidad de Freddie Mercury, dice mucho de sus intenciones. Tal vez por eso, la llegada de un nuevo biopic protagonizado por Reginald Kenneth Dwight, es decir, Elton John, otro músico homosexual conocido por sus excesos dentro y fuera del escenario podía hacernos temer una operación similar. Pero no.

En primer lugar, porque, aunque compartan director, Dexter Fletcher, el encargado de acabar “Bohemian” después del despido/espantá de Bryan Singer, las dos cintas son muy diferentes. De acuerdo, como en aquella, entre sus intenciones está la de mostrar al artista, a la persona que había detrás, y enaltecer su música. Pero en aquella, en el segundo apartado se quedaba muy muy corta. Y aquí no se pasa por alto su homosexualidad, ni tampoco su largo coqueteo con las drogas. De hecho, ya lo deja bien claro desde el inicio, con la llegada del protagonista ataviado con unos de los extravagantes vestidos a un centro donde se confiesa adicto al alcohol, a las drogas, al sexo y a las compras. A partir de ese momento, nos va desgranando su vida construida a base de flashbacks. Pero lo mejor es que adopta el formato de un musical, la mejor decisión que podrían haber tomado.

Un musical con todas las de la ley que se mueve entre la realidad y la fantasía, y en el que las canciones, sus grandes hits, y los magníficos números musicales que los acompañan, no se integran de forma cronológica en su biografía, sino que su objetivo es ayudar a la que la narración avance y de esta manera poder resolver los diversos momentos dramáticos. Y se beneficia de todo un portento como es Taron Edgerton, que se transforma en Elton John, llevando a cabo una metamorfosis externa pero también interna para imbuirse de su espíritu y personalidad. A pesar de la visita a algunos lugares comunes y algún que otro exceso sentimental, la película es consistente en todas sus facetas, especialmente a la hora de mostrar la cara más oscura del personaje, aunque con unos límites: no hay que olvidar que Elton John está detrás del proyecto, por lo tanto, lo que vemos es su versión de la historia, con toda su parte polémica y cruda, pero no deja de ser eso: su versión. Y que detrás del film, hay una major. Pero sin duda, es un importante paso adelante, y sobre todo, una impresionante experiencia que hay que vivir. Y bailar.

Blai Morell. Cinéfilo, cinéfago y crítico. Trabaja en Rac 1, QuèFem y Fotogramas.