“Fénix Oscura” es el perfecto resumen de los errores de una saga que ha hecho lo peor que podía hacer: aburrir

Fénix Oscura

La saga X-Men es la crónica de un despropósito. La película original ha ganado mérito con el paso del tiempo: el año 2000, atreverse con esta historia sobre el miedo al diferente, la tolerancia y las derivas autoritarias del mundo, y hacerlo con un presupuesto que no era astronómico, fue un acto de valentía. Pero si bien no era una excelente adaptación del cómic, sí que era una buena película de superhéroes que sorprendía por su apuesta por un registro dramático más realista de lo que cabría esperar. No olvidemos que eran los tiempos de “Matrix”, los héroes que desafiaban las leyes de la gravedad, del Spider-Man (demasiado) digital de Sam Raimi. En la segunda entrega, el director Bryan Singer subió la apuesta y ganó: la secuela era superior en todos los frentes e incluso apuntaba a un universo digno de expandirse. Luego, con “La decisión final” comenzaron los problemas, porque se desaprovechaba la conversión de Jean Grey en Fénix Oscura y, encima, permitía que la franquicia laminara todo su potencial expresivo. Conscientes de ello, Marvel y Fox hicieron lo mejor que podían hacer, refundarla. El resultado fue “X-Men: La primera generación”, aunque hoy el mejor filme sobre la familia mutante y también la demostración de que Matthew Vaughn es uno de los cineastas que mejor capta el espíritu de una viñeta. Pero fue flor de un verano. A Fox no se le ocurrió otra cosa que devolver la pelota a Singer en “Días del futuro pasado”, que sin ser un completo desastre sí que era una mala adaptación de uno de los mejores cómics sobre estos personajes. Las cosas aún podía ir peor, y fueron con “Apocalipsis”, también de Singer y uno de los filmes de superhéroes más mediocres, aburridos y desganados de la historia del género. Nunca el título de una película había resumido tan bien su balance creativo: era el certificado de defunción de una saga que ya había perdido cualquier coherencia estilística y temporal. Poco después, se produjo el anuncio que Marvel recuperaba los derechos en exclusiva de los X-Men (coincidiendo, además, con el adiós de Hugh Jackman en Lobezno), pero primero la Fox quiso volver a contar la historia de Fénix oscura a modo de cierre de franquicia. No ha servido precisamente para redimirla de sus errores, sino todo lo contrario. Es, esencia, una triste extensión de su agonía.

Como se puede explicar de nuevo la historia de Fénix Oscura y volver a hacerlo mal? Pues la respuesta a esta pregunta es que si quieres hacer algo diferente no lo encargues al mismo guionista que ya lo hizo mal la primera vez. Simon Kinberg, que aquí debuta como director, ya escribió “La decisión final”, y aquí insiste a desaprovechar todos y cada uno de los elementos de una historia que lo tenía todo para llevar al espectador hasta una catarsis. Pero está tan mal relatada, tan carente de alma, que lleva la película a lo peor que le podía pasar: el aburrimiento. Se nota que Kinberg intenta redefinir estéticamente la saga dándole un aire más fatalista, pero como no lo acompaña de una profundidad dramática todo lo que sucede no podría importar menos. A lo largo de su primera hora, “Fénix Oscura” no pasan grandes cosas más allá de la anodina transformación de un personaje anunciada desde el título y, además, es una de esas películas en las que los personajes hablan y hablan pero no acaban de decir nada. No hay una auténtica sensación de pérdida, no hay una verdadera percepción de peligro. Se nota que la enredar mucho en la sala de montaje (el film ha tardado mucho en estrenarse por sus numerosos problemas de postproducción, que incluyeron el rodajes de escenas adicionales e incluso el rumor de que nunca llegaría a las salas ), pero esto tampoco explica que los diálogos sean tan planos y que los únicos momentos que te rescatan de entrar en fase REM sean un par de escenas de acción, sobre todo la del tren, que apuntan a la película que podría haber sido. Mención aparte merece la escasa convicción que transmite Sophie Turner como Jean Grey, un personaje que habría bordado Jessica Chastain si la Fox no hubiera convertido la saga en la cronología más alocada de la historia del cine. Al final, el único realmente aprovechable de “Fénix Oscura” es pensar en cómo se podría llegar a reír Ryan Reynolds en “Deadpool 3”.

Pep Prieto: Periodista y escritor. Crítico de series en ‘El Món a RAC1’ y en el programa “Àrtic” de Betevé. Autor del ensayo “Al filo del mañana”, sobre cine de viajes en el tiempo, y de “Poder absoluto”, sobre cine y política.