Si escogimos la profesión de documentalistas es porque este género nos permite contar historias y contar historias nos gusta mucho; así que estamos permanentemente alerta a noticias y hechos susceptibles de ser contados con una cámara.

Todo empezó en una reunión, con Joan Úbeda como promotor, en que nos puso en contacto a los directores y a los coproductores (Carles Brugueras y Marieke Van Den Bersselaar) y nos lanzó la idea de abordar un tema social. De una larga lista de posibles documentales surgió uno que nos pareció novedoso y necesario: los menores transgénero. Y si nos pareció novedoso y necesario fue porque, que sepamos, en España no se había hecho ninguna película al respecto (sí reportajes y documentales televisivos).

Enfrentarse a un tema tan complejo que involucra a menores de edad y temas de identidad de género es delicado y supone una gran responsabilidad. Desde el primer momento tuvimos claro que la película debía ser “luminosa”, queríamos presentar la realidad de estos niños y niñas con naturalidad, sólo así se podrían deshacer muchos tópicos y malos entendidos que hay al respecto. Por ello optamos por cuidar la fotografía y planificar mucho las secuencias. La realización jugó un papel muy importante para transmitir situaciones y estados de ánimo. La cámara era un testigo respetuoso que entraba en la intimidad de los protagonistas pero captaba sus emociones, unas veces ante la cámara y otras mediante potentes metáforas visuales, paletas cromáticas o recursos del cine como recreaciones en plató.

El siguiente desafío que debimos afrontar fue de contenido: ¿cómo mostrar las decisiones trascendentes que Violeta, nuestra protagonista, debería encarar? Al ser una niña transgénero de 10 años todavía no debía decidir si tomar los bloqueadores que detendrán su testosterona, si debía tomar hormonas femeninas o someterse a una operación de reasignación de sexo. Es por ello que decidimos hacer una película coral e incluir transexuales mayores que ella que ya habían, o estaban, en proceso de optar por estas opciones que Violeta no podía relatarnos.

La arquitectura interna de un documental es tremendamente compleja y delicada, por un lado habíamos resuelto el problema de ilustrar la complejidad de la vida de los transgénero, pero por el otro el relato se había complicado: ahora debíamos cruzar las historias –aparentemente inconexas- de diversas generaciones y extractos sociales. La respuesta fue guion, guion y guion. Asignamos un post-it diferente para cada personaje y la pared de nuestra la sala de edición se tiñó de papelitos de colores.  

Después de meses probando estructuras y grabando transiciones que nos permitiesen ligar las historias cruzadas de nuestros personajes el resultado ha sido Me llamo Violeta, una coproducción de THE MEDIAPRO STUDIO y Polar Star Films.

Cada vez que pasas tanto tiempo trabajando en un proyecto documental, y este fue de casi un año, uno pierde la perspectiva y sinceramente no sabe si lo que ha creado es bueno o carece del menor interés.

Nuestras dudas se resolvieron cuando se estrenó en el Festival de Málaga ante el público. Uno no puede evitar estar mirando a cada segundo la reacción de los espectadores y las espectadoras, y nuestras dudas se despejaron al comprobar que la gente empalizaba con la película y sus protagonistas. Y la recompensa final llegó al recibir en el festival DocsBarcelona su premio Amnistía Internacional por la defensa de los derechos proclamados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la libertad de expresión y los valores compartidos por Amnistía Internacional, además de mostrar un alto valor cinematográfico en la lucha por transformar la realidad. ¿Se puede pedir más?

Marc Parramon (Manlleu, 1977) realizador/ director. Sus documentales, tanto si son de divulgación científica como de temática social, se caracterizan por su calidez en el tratamiento de los protagonistas a través de una exquisita composición visual y un ritmo orgánico. Obras: “Injusticia exprés” (Ninfa de Oro, Festival de Montecarlo 2015), “Filosofía a la presó” (Doc. España SEMINCI 2015), “Refugio Dresde” (Festival Memorimage 2016) y “Mensajes de frontera” (FIPA 2017).


David Fernández de Castro (Londres, 1969) es guionista/ director. Le interesan especialmente los temas sociales e histórico-políticos, que trata con rigor y con emoción, gracias a su capacidad de empatizar con los personajes. Obras: “Priorat” (Nominada Gaudí 2016, Festival Memorimage y Most Festival), “Ajoblanco crónica en rojo y negro” (Spanisches Filmfest Berlín 2015), “Entre el cielo y la tierra” (FICAMS 2014), “El Papus, anatomía de un atentado” (2010).