Ganador del Premio Goya gracias a “Verano 1993” y del Premio Gaudí por “10.000 Km.” y por “Tierra firme”, David Verdaguer (Girona, 1983) es uno de los tres protagonistas de la exitosa comedia “Lo dejo cuando quiera”, de Carlos Therón. A finales de junio, estrenará su tercera película a las órdenes de Carlos Marqués-Marcet, “Los días que vendrán”, una historia sobre la paternidad en la que comparte pantalla con Maria Rodríguez, su propia pareja y madre de su hija Lupe. Hablamos de esta cinta tan especial, además de detenernos en su carrera teatral y en alguna de sus incursiones en la pequeña pantalla, como la serie “Nit i dia”, una coproducción de THE MEDIAPRO STUDIO y TV-3.

David Verdaguer

¿Qué dijisteis tú y Maria Rodríguez cuando Carlos Marqués-Marcet os propuso “Los días que vendrán”, cuyo guion parte de una circunstancia real, que es el embarazo de Maria?

Yo dije que me parecía una invasión en la intimidad muy fuerte, pero que quien tenía que decidirlo era Maria. Y ella decidió que sí, sin dudarlo. Una vez empezamos el proceso, pusimos líneas rojas: esto lo hacemos, esto no lo hacemos ni de coña. Pero con Carlos jugábamos en casa.

¿Es un documental ficcionado? ¿Una ficción documentalizada? ¿50 por ciento real, 50 por ciento de guion?

Sólo es real que somos pareja y el embarazo de Maria. Todo lo otro, para mí, es mentira: los nombres de nuestros personajes, sus caracteres… Nada tiene que ver con nosotros, y todo tiene que ver con nosotros.

“Los días que vendrán”

Tres películas ya con Marqués-Marcet. ¿Y cómo es él?

¿Te imaginas que ahora te digo que no me cae bien? Ja, ja… Es el hombre que confió en mí cuando todo el mundo pensaba que yo sólo era ese reportero con bigote de la tele. Le estoy muy agradecido. Pero los álter egos de Carlos en sus películas son las mujeres: la Natalia Tena de “10.000 Km.”, también la Natalia de “Tierra firme” y la Maria de “Los días que vendrán”.

¿Cómo es Maria como actriz?

Brillante. En “Los días que vendrán”, está inmensa, y vaticino que ganará el Premio Gaudí a la Protagonista Femenina y el Goya a la Actriz Revelación.  

Cuando te fichan para una producción con vocación mil por mil comercial como “Lo dejo cuando quiera”, ¿es que ya estás jugando en todas las ligas? En la de los actores de teatro y también en la de las estrellas revientataquillas.

De hecho, no fui la primera opción para “Lo dejo cuando quiera”. Creo que fui la tercera opción. ¿Quizá nunca antes había interpretado este tipo de comedia sobrepasada? En el Teatro Condal, que es uno de los escenarios más comerciales de Barcelona, yo ya había sobreactuado como nadie. 

¿Eres un actor de autor con vocación para todos los públicos?

Soy un mercenario, pero un mercenario en el buen sentido. Porque soy un mercenario que puede escoger a quién mata. ¡Esto ya es la hostia! Intento probarlo todo. Los retos me ponen muy caliente.

¿Te imaginabas bailando y cantando en un escenario, en “Molt soroll per no res” y en “La importància de ser Frank”?

En el caso de “Molt soroll per no res”, me atreví porque Àngel Llàcer, su director, es otro Carlos Marqués-Marcet para mí. Si quiero a la gente con la que trabajo, me atrevo a hacer lo que haga falta. Por ejemplo, ¡un hijo!

Jerry Lewis es Dios para ti. ¿Otros dioses?

Yo tengo muchos dioses, como en el Olimpo. ¡Peter Sellers! ¿Otros? Chaplin y Groucho Marx.

¿Buster Keaton?

Buster Keaton, Ian McKellen, Rowan Atkinson, Sacha Baron Cohen, Monty Python, Martes y Trece, Chiquito de la Calzada…

“Nit i dia”

En “100 metros”, de Marcel Barrena, tenías un pequeño papel, en el mismo centro donde se encuentra Dani Rovira. Barrena es otra figura clave en tu trayectoria.

Marcel confió en mí antes que Carlos, para una TV-movie donde yo era el protagonista, “Cuatro estaciones”. En “100 metros”, me lo pasé teta. Fueron sólo dos días de rodaje, con un papel megapequeño, de amargado.

Ya tardábamos en hablar de “Verano 1993”.

¡Por favor, hagámoslo! Me dieron el Goya por fumar en esta película, pero es que llevo ensayándolo muchos años. Lo más fácil fue estar con las niñas, porque te olvidas de ti mismo, de tu ego. Redescubrí que el cine es jugar. Me engordé comiendo tan bien. En “Verano 1993” tengo barriguita de padre.

¿Por qué crees que gustó tanto este largometraje de Carla Simón?

Porque habla de la muerte y de la catarsis necesaria para superarla. Y, pese a estar rodada en un sitio tan concreto, se convirtió en una historia universal sobre el duelo.

Pol, tu personaje en la serie de TV3 “Nit i dia”, producida por THE MEDIAPRO STUDIO, tiene muchos fans. Su comicidad contribuía a sacar hierro a un thriller oscurísimo.

Era un personaje muy necesario para la trama. Pol era el que explicaba el chiste para que no se agobiase el espectador. Y, encima, era muy bueno en su trabajo de forense. Eso es importante: uno puede ser bueno en su profesión y, además, llevarla a cabo con simpatía. Tomarse las cosas seriamente no quiere decir tomarse las cosas sin sentido del humor.

“Nit i dia”

¿Te paran mucho por la calle? ¿Eres ese actor simpático con el que la gente se cruza en un día fatídico y les alegra el día? Luego, llegan a casa y dicen: “He hablado con David Verdaguer”.

¡Y qué majo es David! Soy muy educado con todo el mundo. En una ocasión, un borracho me preguntó: “¿Cómo estás?”. Yo le respondí: “Normal”. Y él me replicó: “Seguro que estás bien, pero no te das cuenta”. Otra vez, me dijeron: “Me encantó ‘100.00 Km.’”. Y mi respuesta fue: “Pues sí que se te hizo larga, porque eran 10.000”. ¿Fotos? Si no te gusta que te pasen estas cosas, dedícate a otro oficio. El recientemente desaparecido Eduard Punset dijo: “Sé amable con los demás cuando subas, porque son los que te encontrarás cuando bajes”. Hasta el momento, he cumplido con esta filosofía. Es muy importante no ser un imbécil, pero sí hacerlo siempre que se pueda.

Pere Vall es periodista cultural y del mundo de la farándula en general, especializado en cine.
Colabora en Time Out, Ara, RNE y Catalunya Ràdio, y fue redactor jefe en Barcelona de la revista Fotogramas durante más de 20 años.
Fanático de Fellini, de las películas de terror buenas, regulares y malas, y del humor y la comedia en general.
De pequeño, quería parecerse a Alain Delon, y ha acabado con una cierta semejanza a Chicho Ibáñez Serrador. No se queja de ello.