La serie “Years and Years” imagina con mala baba el futuro de la Gran Bretaña del Brexit, la América de Trump y el mundo de la era virtual

La televisión británica tiene un largo historial de ficciones que tratan sus contextos políticos con una frontalidad desarmada: en un tiempo donde se está produciendo una clara regresión a la hora de servirse de los relatos para hacer diagnosis del mundo en el que vivimos, Gran Bretaña siempre ha preservado esta capacidad para elaborar parábolas muy punzantes sobre ella misma y desde diferentes géneros. El nombre de Russell T. Davies comenzó a hacerse imprescindible gracias a “A Very English Scandal”, espléndida miniserie sobre la historia real de un político que intentó asesinar a su amante para ahorrarse un escándalo mediático, y ahora demuestra que ha venido para quedarse con “Years and Years”, una singular y realmente brillante suma de estilos que, de nuevo, ofrece una mirada devastadora sobre el desastre al que nos aboca la situación política. La serie, formada por seis episodios de una hora, se acaba de estrenar en HBO.

Éste es uno de los casos en que una serie es tan inclasificable que cuesta resumir con etiquetas convencionales. Es una distopía política, es una comedia familiar, es un thriller apocalíptico, es un drama sentimental y es una denuncia social, todo en uno. Y lo mejor es que Davies logra la meta que todos estos registros alcancen una maravillosa armonía que arrastra al espectador hacia un mundo mucho más factible de lo que podría parecer. “Years and Years” es, argumentalmente, la historia de una familia algo disfuncional a lo largo de los años, pero el paso del tiempo no lo marcan sólo los sucesos íntimos, sino sobre todo los acontecimientos políticos. La serie parte de nuestro presente y va avanzando hacia el futuro, imaginando cómo será la Gran Bretaña del Brexit, la América de Trump y el mundo de la era virtual. Un flashforward con vocación de bofetada con la mano abierta.

Por tanto, “Years and Years” acaba pareciendo una prima hermana de “Black Mirror” en clave coral en el que cada personaje vendría a representar una generación y esfera social, sin que Davies y su equipo pierdan de vista su potencial irónico. Lo consigue dotando el contexto de vida propia, ya que el contrapunto político adquiere categoría de personaje hasta el punto que acaba pareciendo que cada diálogo tiene infinitas lecturas. La serie pone los pelos de punta con sus (creíbles) especulaciones sobre nuestro destino colectivo (atención al uso de filtros de las redes sociales para la vida real, o en las prestaciones del robot doméstico) pero al mismo tiempo es una hilarante metáfora de los absurdos que nos rodean. Esta mezcla entre mala baba, proximidad y extravagancia la hace profundamente hipnótica, porque mientras la miramos no podemos dejar de pensar en la razón que puede acabar teniendo. Nos hace reír, y mucho, pero también nos inquieta. Y además aparece Emma Thompson: su ácido retrato de una política demagoga y bocazas (hay un gag a costa de Angela Merkel absolutamente impagable) es la perfecta síntesis de lo que propone esta serie tan peculiar como necesaria.

Pep Prieto: Periodista y escritor. Crítico de series en ‘El Món a RAC1’ y en el programa “Àrtic” de Betevé. Autor del ensayo “Al filo del mañana”, sobre cine de viajes en el tiempo, y de “Poder absoluto”, sobre cine y política.