Coger una producción tan conocida como el ‘Aladdín’ de Disney de 1992 y transformarla en una adaptación de carne y hueso no es tarea fácil. Los espectadores se saben la historia, prácticamente de memoria, y sienten cariño por aquellos dibujos animados que han visto una y otra vez. Han pasado 27 años, pero siguen recordando sus momentos musicales como si fuera ayer.

El director que toma una preciada pieza como ésta tiene un gran reto por delante: volver a cautivar al público y, a poder ser, superar la producción original. Y el británico Guy Ritchie, a quien hemos conocido por obras tan dispares como ‘Snatch: Cerdos y diamantes’ (2000), ‘Revolver’ (2005) o ‘Sherlock Holmes’ (2009), y que poco o nada tienen que ver con este nuevo ‘Aladdín’, se queda a medias. A pesar de ser su primer musical, consigue captar nuestra atención, pero está lejos de las emociones que nos provocan los dibujos de Disney; nos mantiene enganchados con momentos locos y animadas coreografías (que, sobre todo, hay que ver en versión original), pero flojea de ritmo en demasiadas ocasiones, sólo salvadas por el Genio.

Aladdín (Mena Massoud) y el Genio, interpretado por Will Smith, una vez fuera de la cueva, ya en forma humana.
Aladdín está a punto de pedir su primer deseo: ser príncipe

Cuando aparecieron las primeras imágenes de Will Smith interpretando al ser azul de la lámpara, no las teníamos todas. Corría el riesgo de que, lejos de hacernos reír, resultara ridículo o de vergüenza ajena. Lo imaginábamos a millas de nuestro querido Genio; aquel dibujo animado que tanto nos hizo reír en 1992, con sus trucos y golpes frenéticos, en parte, gracias a la voz de Robin Williams.

Pero Will Smith es un cómico nato, y el papel le entra bien. Edades al margen, nos saca más de una carcajada. Su interpretación intenta ser igual de loca que la del dibujo animado, pero, claro, las comparaciones son odiosas. Y ya lo dice la canción: no hay un Genio tan genial… como el que la factoría dio a luz en los noventa. Aunque las secuencias son muy similares y los números musicales también (el Genio sale de la lámpara, le explica a Aladdín cómo funcionan los deseos, le confecciona un traje de príncipe y aterriza con todo el séquito en el palacio -con elefantes, monos y hasta avestruces-), ello no nos impide viajar en el tiempo.

Cuando la película flaquea, a menudo por las intervenciones de Jafar, cuyo actor (Marwan Kenzari) no acaba de cuadrar el papel, cogemos la alfombra y volamos al sofá de casa de la mano del ser azul. Tenemos 27 años menos y nos ponemos el más que rebobinado VHS para cantar ‘Un mundo ideal’ como si no hubiera mañana.

Jasmine (Naomi Scott) y Aladdín se conocen fuera de Palacio, y allí surge un amor que sólo podrá ser completo si él es príncipe. Él es un ladrón y por tanto, está fuera de su alcance

A pesar de los agujeros rítmicos y la dudosa interpretación de algunos actores, el ‘Aladdín’ de Ritchie sigue en su historia la estela de la obra original. Aladdín, interpretado por Mena Massoud, es un ladrón, que se enamora de una princesa y que por culpa (o gracias) al malvado Jafar conoce al Genio. Éste le concede tres deseos para conquistar el corazón de la princesa, y lo convierte en príncipe. Y en esta aventura les acompaña un mono (que, en esta ocasión, aparece digitalizado y no emite los sonidos del originario Abu, algo que echamos de menos) y una alfombra que tiene el poder de volar. Cala el mensaje: desees lo que desees, no olvides ser tú mismo.

Se permite, no obstante, algunas licencias, como el empoderamiento de Jasmín, encarnada por Naomi Scott. La princesa ya es rebelde en el film de 1992: no quiere un príncipe en su vida. Pero, en esta nueva producción, Ritchie va un poco más allá: la actriz interpreta una canción (‘Speechless’) en la que vemos a una mujer que no se calla ante las injusticias y que toma decisiones, y que, en este caso, acaba siendo Sultana. Vemos en ella un canto hacia la libertad personal; oda que se repite en la figura del Genio, que sueña con ser dueño de su destino y capitán de su alma, como en el film original, y llevar una vida lejos de cualquier amo y lámpara de latón. Aunque, esta vez, no hace una maleta y lo vemos desaparecer a lo lejos. Ritchie le reserva otro final.

Bárbara Padilla: Colaboradora en la sección de Series de ‘La Vanguardia’. Redactora y Locutora de Informativos en RAC1. Periodista desde 2007 en el área de Barcelona. Aficionada al cine desde que tiene uso de razón y a las series desde el boom de Netflix.