Director, guionista, productor e incluso compositor de canciones, Joaquín Oristrell (Barcelona, 1958) lleva muchos años en la industria del espectáculo en general, y las del cine y la televisión en concreto. Debutó en la realización cinematográfica en 1997 con “¿De qué se ríen las mujeres?”, y su filmografía incluye títulos como “Novios”, “Sin vergüenza”, “Los abajo firmantes” o “Va a ser que nadie es perfecto”, comedias de autor con algo de mensaje y subversión entre líneas (de diálogo).

En la gran o pequeña pantalla, ha tenido a sus órdenes a estrellas como Verónica Forqué, Juanjo Puigcorbé, Leonor Watling, Úrsula Corberó, Luis Tosar, Amaia Salamanca, Javier Cámara, Paz Vega o Rosa Maria Sardà. Ha estado detrás de los guiones de “Bajarse al Moro”, “Lo más natural”, “¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?”, “El efecto mariposa”, “Reinas” o “La Tribu”. Sabio del audiovisual e ingenioso como el que más, hablamos con Oristrell sobre su trabajo actual en la eterna “Cuéntame cómo pasó” (TVE), y también sobre actores, series o películas.

Autor: Quim Vives

¿Cuál es el secreto del éxito continuado, sin desmayo, sólido de “Cuéntame cómo pasó”?

Pues que ya es un clásico, y los clásicos tienen la virtud de no decaer, de seguir firmes y conectar con el público. ¿Los ingredientes de este éxito? Para empezar, un reparto muy vinculado a sus personajes: Imanol Arias, Ana Duato, María Galiana, Pablo Rivero, Carlos Cuevas, Ricardo Gómez… Además, es una de las únicas series, si no la única, que ha hecho este repaso político a los últimos años de la historia política y social de este país: desde el terrorismo a la ley del aborto, entre otros temas. ¿Más virtudes? Su colección de éxitos musicales nacionales e internacionales. Tiene una selección de canciones muy completa, única.

Cuando tú llegas a “Cuéntame”, ¿cómo te encuentras la serie? ¿En plena forma? ¿Y cuál es tu misión? ¿Que no decaiga? ¿Que evolucione correctamente y sin pausas?

Se trataba de tocarlo todo para no tocar nada, como la conclusión final de “El Gatopardo” de Lampedusa: para que todo siguiera igual. Es una serie con un contenido emocional muy potente, y la gente que la sigue ríe y llora con ella. Sus guiones implican al espectador, y es una manera de ver el presente a través del pasado.

Rodaje de ‘Dieta mediterránea’, con Paco León, Olivia Molina y Alfonso Bassave

En ‘Cuéntame’, ¿tú eres lo que ahora se llama un showrunner?

No exactamente. Hago un poco de showrunner, pero ese no es mi cometido. Yo definiría mi trabajo como de coordinador: hablar con los actores, controlar los guiones, estar en contacto con todos los departamentos de producción, desde los montadores al equipo técnico… Llevo años en la industria, y he cubierto todos los ámbitos. Lo que sí estoy es muy cerca de Miguel Ángel Bernardeau, el creador de “Cuéntame”.

Repasando tu filmografía, ¿crees que hay temas y personajes que se repiten? ¿Algunas preocupaciones como director y guionista que recorren toda tu obra?

Para empezar, no repaso mi obra, no me gusta demasiado, pero sí que es verdad que hay un tema que se repite un poco y es el conflicto del hombre contemporáneo a la hora de encontrar su lugar en la pareja, en la familia o en el trabajo. Siempre con un toque de comedia. ¿Hasta qué punto el hombre actual ha ido perdiendo poder, respecto al pasado? ¿Tiene miedo al cambio?

Con Juanjo Puigcorbé, en el rodaje de la TV-movie ‘Fassman’

¿Tienes alguna película favorita como realizador?

Como director, probablemente, “Inconscientes” (2004), por anómala, por arriesgada, y “Hablar” (2015), por lo que tiene de experimental, porque fue un proyecto con mucha energía detrás. Fue una gran aventura. Como guionista, me quedo con “El amor perjudica seriamente la salud” (1996), de Manuel Gómez Pereira. También me gustan mis colaboraciones con Mariano Barroso: “Mi hermano del alma” (1994) y “Éxtasis” (1996). Lo que me gusta de mi carrera es que he podido tocar diferentes palos, ya desde el principio con el guion de “Esquilache” (1989), que dirigió Josefina Molina. Me hubiese agradado ser un guionista del Hollywood clásico, a los que encerraban en una habitación con una botella de whisky para que escribieran sin parar.

No hay duda de que una de tus obras más queridas por el público es “Dieta mediterránea” (2009), que protagonizaron Paco León, Olivia Molina y Alfonso Bassave, además de tu actriz fetiche, la gran Carmen Balagué.

“Dieta mediterránea” es uno de mis films que he visto con públicos más diferentes. Y la gente, sea de donde sea, siempre se lo pasa bien con su mezcla de comida y triángulo amoroso. Una de las originalidades de la peli es que te presenta un ‘matrimonio’ a tres que no se esconde de los demás, que no tiene vergüenza de ser así, que lo es hasta las últimas consecuencias.  

Rodaje de la TV-movie ‘Volare’

Volvamos a “Hablar”, tu último largometraje como realizador. Vaya follón mover aquella historia, aquel equipo y aquel plano secuencia por las calles de la madrileña Lavapiés, ¿no?

Yo tenía diez ayudantes de dirección un total de 130 entradas de actores en plano, porque algunos repetían en diferentes momentos: desde Juan Diego Botto a Raúl Arévalo, Mercedes Sampietro, Melani Olivares, Sergio Peris-Mencheta, María Botto, Secun de la Rosa o Dafnis Balduz, entre otros. Tener el impulso y la energía para tirar adelante “Hablar”, o me rejuvenecía… o me mataba. Por suerte, sucedió lo primero.

Hablando de rejuvenecer, viajemos a tu infancia. ¿Qué tipo de cine veías de niño?

Mira, ahora que acaba de morir Doris Day, recuerdo que a mi madre le encantaban sus películas, porque en ellas se cambiaba muchas veces de vestido y enseñaba unas cocinas muy bonitas. Yo, de pequeño, era de pelis del Oeste. O de “Hatari!” (Howard Hawks, 1962) y “La Taberna del Irlandés” (John Ford, 1963). Más adelante, al crecer, me sofistiqué y me volví más cinéfilo. Y, por ejemplo, me negaba a ver “El Padrino” (Francis Ford Coppola, 1972) porque decía que era una horterada comercial, ja, ja. Como espectador, he pasado por todas las fases de la Luna. Y hay cosas, en teoría nuevas, que yo ya las he visto en su momento, y ahora no me las cuelan. ¡Algunos se creen que han inventado el cine! Las revoluciones cinematográficas más importantes tuvieron lugar en los años 60 y 70.

Película ‘Va a ser que nadie es perfecto’

¿Sigues yendo a las salas de estreno?

Sí, como mínimo, una vez a la semana. De los últimos estrenos, me han gustado “Los hermanos Sisters”, de Jacques Audiard, y “Dolor y gloria”, de Pedro Almodóvar. Entre las películas españolas más recientes, me quedo con “Las distancias”, de Elena Trapé, “Quién te cantará”, de Carlos Vermut, “Campeones”, de Javier Fesser, “El Reino”, de Rodrigo Sorogoyen, y “Verano 1993”, de Carla Simón.

¿Eres lo que se podría considerar un progre de la vieja escuela?

Yo me considero una persona progresista. Y me parece raro que la palabra progre sea casi considerada un insulto: “Ese tío es un progre, ¡¡bah!!”. Fundamentalmente, soy un hombre de 2019, de mi época. Y mi época no es antes: es ahora. Soy tipo que progresa adecuadamente, en contacto con su tiempo y con mucha curiosidad.

¿Un hombre actual que ve series actuales?

Lo intento, a pesar de tener tanto trabajo. ¡Hay mucha oferta! No todas las series que empiezo las acabo. Me ha ocurrido con “Juego de tronos” (HBO): sí, está muy bien, es impresionante, tiene una grandiosa producción y entiendo su fenómeno, pero todo esto ya lo contó, hace muchos siglos, Shakespeare. Yo soy más bien de pelis como “El príncipe Valiente” (Henry Hathaway, 1954) y, por encima de esta, “Los vikingos” (Richard Fleischer, 1958). Esta última sí que era bruta de verdad, y pasaba de todo: asesinatos, Kirk Douglas perdía un ojo, etcétera.

Tú que has pasado tantas horas con los actores, y los conoces tanto, ¿son raros?

En esta profesión, todos somos raros. Los actores son personas que exhiben su talento y su físico para que la gente los mire, y juegan con un material especialmente sensible. Además, tienen que estar pendientes de que los contraten. Cuando un actor lleva rodando hasta 12 horas seguidas, necesita tener al lado alguien que les inspire confianza. Mi buena relación con ellos surge del respeto que les tengo.

Pere Vall es periodista cultural y del mundo de la farándula en general, especializado en cine.
Colabora en Time Out, Ara, RNE y Catalunya Ràdio, y fue redactor jefe en Barcelona de la revista Fotogramas durante más de 20 años.
Fanático de Fellini, de las películas de terror buenas, regulares y malas, y del humor y la comedia en general.
De pequeño, quería parecerse a Alain Delon, y ha acabado con una cierta semejanza a Chicho Ibáñez Serrador. No se queja de ello.